
Dado que la realidad que nos envuelve ha resultado ser superior en sordidez y complejidad a los alegres relatos de la generación beat, siempre colocada, siempre optimista en su existencialismo, he decidido intentar el camino emocional. La ruta más corta entre convención, sexualidad y desapego.
Dado que el realismo sucio hace tiempo que se quedó corto para reflejar las tensiones cotidianas, laborales, afectivas, políticas y socioeconómicas, creo que ha llegado el momento de profundizar en el aspecto menos material de la cuestión. Superadas teorías con afán dialéctico, superadas religiones y sectas. Superado hasta el miedo a la libertad que tantas veces cercenó nuestras alas, demos la bienvenida al romanticismo sucio.
Si en algún momento alguien me asocia al movimiento Dogma, tendré que darle dos hostias en la cara, movimiento de muñeca, ida y vuelta, sin potencialidad erótica al tratarse de un simple correctivo.
Toma 1ª. Escena 1ª.
Me gustas. Me gusta la idea de follarte. Siento una identificación espiritual con tus mecanismos mentales. Te admiro. Tus capacidades intelectivas me ponen tanto como tu apariencia física. La apariencia es importante. Los buenos alimentos entran por los ojos. Eres guapa. He visto tu fotografía y creo que eres guapa. He leído tu material y sigo creyendo en tu belleza, como decían antes, interior.
Pero en el pasado se cayó demasiadas veces en el error del platonismo. No puedes necesitar la proximidad de alguien basándote sólo en coincidencias espirituales. No tiene sentido experimentar la dicha absoluta y el hastío devastador basándote en conjeturas. Eso les fue bien a los místicos del catolicismo, estoicos pajilleros con tétanos por el uso sadomasoquista de cilicios y disciplinas. Eso les fue bien a los poetas sifilíticos y tuberculosos de las generaciones clave en la historia de nuestra literatura. Nada más inspirador que follar un par de veces en tu vida y morir en agonía de décadas por infección generalizada. Nada como generar toda una poética, o narrativa, sobre la efímera base del polvo que aniquiló prematuramente tu existencia.
Estos modelos están agotados.
Si me gustas, por dentro y por fuera, y además me gusta la idea de follarte, es porque soy un ente vivo, sensible, dinámico y sexuado. Tú también deberías serlo. Esto es pura lógica, y lo demás una sana amistad.
Toma 2ª. Escena 1ª.
Y como me gusta tu boca tanto como tus críticas culturales. Y como me gusta tu culo tanto como las descripciones nostálgicas y atormentadas de otros tiempos. Y como me gusta la forma de tus pezones tanto como tu capacidad de empatía y ensimismamiento, no me queda otro remedio que manifestar a voz en grito y a los cuatro vientos: te quiero y, por tanto, te quiero follar. Te quiero es una expresión de deseo. Un ansia de cópula (unión) tanto física como espiritual. Te quiero follar es la síntesis de un estado anímico exaltado, podríamos decir inspirado, en el que meteorología, casualidad y devenir se aúnan en una especie de vórtice creativo de posibilidades ilimitadas.
En este punto podrían ser posibles ciertas variantes. Podría querer solamente tu cuerpo. Podría ansiar el juego sexual de tu anatomía contra la mía. Podría también limitarlo de un modo drástico y llegar a esa ficción de dominación donde desear única y exclusivamente que mamaras mi polla, arcada ocasional por contacto erróneo con fondo de garganta, hasta que la riada de mi, poéticamente, simiente, estoicamente, lefa, semen o leche, se derramara garganta abajo, oh, musa, oh, diosa, oh, felatriz.
Otra limitación podría venir del aspecto puramente intelectual. Seguiría deseando ese derramamiento orgásmico, pero más relacionado con la profundidad de tu edificio cognoscitivo que con la habilidad muscular contemplada desde una perspectiva puramente mecánica, ya sea aprendida o innata.
Lo óptimo, el punto medio y perfecto, debiera ser una síntesis de esa admiración interior y exterior que, para más complicación, tendría que ser mutua (y sincronizada).
Toma 3ª. Escena 1ª.
Llegados a este punto, seguro que hemos tropezado con algunas de las mil manifestaciones de la a veces llamada moralidad. La moralidad es una desviación zoofílica de la ética que, a su vez, es la versión pajillera de un supuesto orden correcto en cuanto a conductas y consecuencias de esas conductas. Todas ellas son siervas de la religión, nombre pomposo para creencias sectarias y rituales de brujo.
Lloverán por tanto las observaciones basadas en el "yo quiero y con eso me basta", o con el "yo quiero follar y con eso me basta". No faltará el punto cobarde, ya sabes, esa truculencia que adopta formas como "yo respeto, y por tanto quiero y deseo", o, aún más complicado, "yo suelo desear al sentirme deseado y, por tanto, querido y respetado". Cuando la chavalería empieza a utilizar el concepto de fidelidad que aparece en el 90% del cine de consumo, apaga y vámonos. Cuando a los iluminaos del mundo se les permite pontificar sobre lo que está bien o lo que está mal, estamos jodidos, realmente jodidos.
No creo equivocarme al afirmar que en patrañas como las anteriores se encuentra el germen de más de una guerra local, regional y hasta mundial.
El problema de la mayoría de la gente es esa enfermiza necesidad de justificar sus actos. El problema que nos agota y acosa tiene mucho que ver con el sentimiento de culpa inherente a contextos socioculturales como el nuestro. Mezcla una historia fratricida con chorros de catolicismo, una pizca de nacionalismo, grandes dosis de analfabetismo y aislamiento internacional. Echa en la batidora el aporte cultural de 30 nacionalidades multiculturizándonos mucho antes de que hayamos podido digerir nuestros odios internos. Añadamos también un entorno global de crisis económica y auge de nuevos puritanismos apoyados en el analfabetismo que propician los modelos educativos de décadas, inicialmente enfocados al objetivo de conseguir una ciudadanía dócil, pero que han acabado obteniendo una ciudadanía imbécil. Agita la coctelera y tendrás unas cuantas claves del porqué y del ahora.
Toma 4ª. Escena 1ª.
Por suerte ha llegado el momento del romanticismo sucio, porque no tiene sentido aislar conceptos y prostituirlos en una suerte de categorías excluyentes. Porque por muy bella que pueda ser la cópula sentida y deseada, nunca estará exenta de suciedades que podrán a su vez ser consideradas detestables o deliciosas según los paladares y las sensibilidades de sus protagonistas.
Si yo te digo amable y sinceramente que quiero petar tu culito de puta como muestra de mi devoción hacia tus construcciones intelectuales, o como modo didáctico de quizá descubrir nuevas posibilidades erógenas en tus masturbaciones cotidianas, quizá me mandes a tomar por culo, por otro culo, pero me estarás hiriendo. Estarás equivocando el camino. El culo que quiero sodomizar es el tuyo, no por sadismo o mito. No por fantasía sexual incumplida, a los 35 ya las has cumplido casi todas, sino más bien por ansia solidaria. Por una necesidad de crecimiento en la intensidad de las sensaciones físicas y, por qué no, espirituales.
Tendríamos que enlazar aquí con las teorías orientales sobre las zonas energéticas que nos animan desde ese sistema similar al linfático. Sería necesario hablar de chakras y cierta forma de trascendencia que no es otra que la del que asume que es un ente capaz de recibir y generar placer en proporciones mucho mayores de las que imaginaba. Podríamos hablar también de tranquilidad y realización. Podríamos hablar de humildad.
Toma 5ª. Escena 1ª.
En el contexto del romanticismo sucio también podría darse el caso de que me dijeras que deseabas ser petada por mi polla venosa e inflamada. Que te apetecía sentirte la zorra más obscena y entregada, especialmente tras haber leído a Sade, Baudelaire y Bukowski, manos separando tus bellas nalgas, ano y vulva ofrecidos al canibalismo de mi lengua, mi gel lubricante y mi polla enloquecida.
Muchos llamarían a esto pornografía, pero se equivocarían, pues la pornografía sólo es una rama desviada del concepto que intento exponer. En lo pornográfico no hay otro fin que la excitación ajena, llegando al extremo de acrobáticas muestras de elasticidad y resistencia, polvos gran angular, para transmitir excitación voyeur a los accidentales espectadores. En lo pornográfico no hay alma, salvo honrosas excepciones, pero sirve para algo. Es utilidad pura. Es estímulo directo como un trago de whisky volando hacia el cerebro.
Yo aquí no estoy hablando de pornografía, sino de la sutil frontera entre introducir el tercer dedo por tu culo, mientras mi corazón late alegre por la conversación previa sobre azar y determinación en la novela negra contemporánea, y disfrutar serenamente de la belleza de tus ojos claroscuros mientras apuras tu vino.
Por eso, cuando empiece a sodomizarte susurrándote al oído cosas como lo zorra, sucia y desvergonzada que eres, o sobre lo caliente que estás, lo bien o mal que te has portado, leve hostia en la cara, suave, seca, plas, chupa mi dedo medio, sucia putita, lo que estaré haciendo es mostrar un amor mucho más puro y sincero que el que jamás hayas visto ni en tus relaciones pasadas ni en ninguna de esas películas románticas de mierda.
Toma 6ª. Escena 1ª.
Acabo esta primera aproximación al romanticismo sucio añadiendo un componente más empírico que dogmático, ya que lo empírico muchas veces está más cerca del desbarre que de la ciencia. Sometidos como estamos a las fuerzas de la naturaleza, considerando que la naturaleza es bella, pero también violenta y despiadada, como el azar, ¿por qué no dotar a todo acercamiento entre iguales de una determinación natural de provisionalidad hasta que se demuestre lo contrario? ¿Por qué no comernos las bocas suavemente masturbados por nuestras capacidades físico-psíquicas aproximándonos al sencillo entendimiento de una apacible tarde de verano?
Pensadlo sinceramente, joder. ¿Por qué no?
Te querré igual cuando en la intimidad de la noche tus pedos anales y vaginales inunden la estancia con el olor de nuestros fluidos corporales levemente fermentados. Espero que seas igual de comprensiva. Creo que el mero funcionamiento de nuestros organismos, mentes devorando energía, tiene mucho que ver con esta concepción acerca de la suciedad romántica. De hecho, podríamos considerar que estamos sentando las bases de un nuevo nudismo, más allá de la desnudez de los cuerpos. Más allá de las patéticas ropas con que lo social intenta maniatarnos desde niños.
==== Cooooooooorten. Toma buena. ====
PD: juro que mis gafas siempre han sido de acero, bueno, últimamente titanio, jamás de pasta.
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Imagen: Jenni Tapanila
Sonido 1: Drang Nach Osten (Emir Kusturica) - Para psicópatas sucios, entre los que me incluyo -
Sonido 2: Te quiero, puta (Rammstein) - Para gente romántica -








