8.7.09

Obsceno y poético, hacia un romanticismo sucio



Dado que la realidad que nos envuelve ha resultado ser superior en sordidez y complejidad a los alegres relatos de la generación beat, siempre colocada, siempre optimista en su existencialismo, he decidido intentar el camino emocional. La ruta más corta entre convención, sexualidad y desapego.

Dado que el realismo sucio hace tiempo que se quedó corto para reflejar las tensiones cotidianas, laborales, afectivas, políticas y socioeconómicas, creo que ha llegado el momento de profundizar en el aspecto menos material de la cuestión. Superadas teorías con afán dialéctico, superadas religiones y sectas. Superado hasta el miedo a la libertad que tantas veces cercenó nuestras alas, demos la bienvenida al romanticismo sucio.

Si en algún momento alguien me asocia al movimiento Dogma, tendré que darle dos hostias en la cara, movimiento de muñeca, ida y vuelta, sin potencialidad erótica al tratarse de un simple correctivo.

Toma 1ª. Escena 1ª.

Me gustas. Me gusta la idea de follarte. Siento una identificación espiritual con tus mecanismos mentales. Te admiro. Tus capacidades intelectivas me ponen tanto como tu apariencia física. La apariencia es importante. Los buenos alimentos entran por los ojos. Eres guapa. He visto tu fotografía y creo que eres guapa. He leído tu material y sigo creyendo en tu belleza, como decían antes, interior.

Pero en el pasado se cayó demasiadas veces en el error del platonismo. No puedes necesitar la proximidad de alguien basándote sólo en coincidencias espirituales. No tiene sentido experimentar la dicha absoluta y el hastío devastador basándote en conjeturas. Eso les fue bien a los místicos del catolicismo, estoicos pajilleros con tétanos por el uso sadomasoquista de cilicios y disciplinas. Eso les fue bien a los poetas sifilíticos y tuberculosos de las generaciones clave en la historia de nuestra literatura. Nada más inspirador que follar un par de veces en tu vida y morir en agonía de décadas por infección generalizada. Nada como generar toda una poética, o narrativa, sobre la efímera base del polvo que aniquiló prematuramente tu existencia.

Estos modelos están agotados.

Si me gustas, por dentro y por fuera, y además me gusta la idea de follarte, es porque soy un ente vivo, sensible, dinámico y sexuado. Tú también deberías serlo. Esto es pura lógica, y lo demás una sana amistad.

Toma 2ª. Escena 1ª.

Y como me gusta tu boca tanto como tus críticas culturales. Y como me gusta tu culo tanto como las descripciones nostálgicas y atormentadas de otros tiempos. Y como me gusta la forma de tus pezones tanto como tu capacidad de empatía y ensimismamiento, no me queda otro remedio que manifestar a voz en grito y a los cuatro vientos: te quiero y, por tanto, te quiero follar. Te quiero es una expresión de deseo. Un ansia de cópula (unión) tanto física como espiritual. Te quiero follar es la síntesis de un estado anímico exaltado, podríamos decir inspirado, en el que meteorología, casualidad y devenir se aúnan en una especie de vórtice creativo de posibilidades ilimitadas.

En este punto podrían ser posibles ciertas variantes. Podría querer solamente tu cuerpo. Podría ansiar el juego sexual de tu anatomía contra la mía. Podría también limitarlo de un modo drástico y llegar a esa ficción de dominación donde desear única y exclusivamente que mamaras mi polla, arcada ocasional por contacto erróneo con fondo de garganta, hasta que la riada de mi, poéticamente, simiente, estoicamente, lefa, semen o leche, se derramara garganta abajo, oh, musa, oh, diosa, oh, felatriz.

Otra limitación podría venir del aspecto puramente intelectual. Seguiría deseando ese derramamiento orgásmico, pero más relacionado con la profundidad de tu edificio cognoscitivo que con la habilidad muscular contemplada desde una perspectiva puramente mecánica, ya sea aprendida o innata.

Lo óptimo, el punto medio y perfecto, debiera ser una síntesis de esa admiración interior y exterior que, para más complicación, tendría que ser mutua (y sincronizada).

Toma 3ª. Escena 1ª.

Llegados a este punto, seguro que hemos tropezado con algunas de las mil manifestaciones de la a veces llamada moralidad. La moralidad es una desviación zoofílica de la ética que, a su vez, es la versión pajillera de un supuesto orden correcto en cuanto a conductas y consecuencias de esas conductas. Todas ellas son siervas de la religión, nombre pomposo para creencias sectarias y rituales de brujo.

Lloverán por tanto las observaciones basadas en el "yo quiero y con eso me basta", o con el "yo quiero follar y con eso me basta". No faltará el punto cobarde, ya sabes, esa truculencia que adopta formas como "yo respeto, y por tanto quiero y deseo", o, aún más complicado, "yo suelo desear al sentirme deseado y, por tanto, querido y respetado". Cuando la chavalería empieza a utilizar el concepto de fidelidad que aparece en el 90% del cine de consumo, apaga y vámonos. Cuando a los iluminaos del mundo se les permite pontificar sobre lo que está bien o lo que está mal, estamos jodidos, realmente jodidos.

No creo equivocarme al afirmar que en patrañas como las anteriores se encuentra el germen de más de una guerra local, regional y hasta mundial.

El problema de la mayoría de la gente es esa enfermiza necesidad de justificar sus actos. El problema que nos agota y acosa tiene mucho que ver con el sentimiento de culpa inherente a contextos socioculturales como el nuestro. Mezcla una historia fratricida con chorros de catolicismo, una pizca de nacionalismo, grandes dosis de analfabetismo y aislamiento internacional. Echa en la batidora el aporte cultural de 30 nacionalidades multiculturizándonos mucho antes de que hayamos podido digerir nuestros odios internos. Añadamos también un entorno global de crisis económica y auge de nuevos puritanismos apoyados en el analfabetismo que propician los modelos educativos de décadas, inicialmente enfocados al objetivo de conseguir una ciudadanía dócil, pero que han acabado obteniendo una ciudadanía imbécil. Agita la coctelera y tendrás unas cuantas claves del porqué y del ahora.

Toma 4ª. Escena 1ª.

Por suerte ha llegado el momento del romanticismo sucio, porque no tiene sentido aislar conceptos y prostituirlos en una suerte de categorías excluyentes. Porque por muy bella que pueda ser la cópula sentida y deseada, nunca estará exenta de suciedades que podrán a su vez ser consideradas detestables o deliciosas según los paladares y las sensibilidades de sus protagonistas.

Si yo te digo amable y sinceramente que quiero petar tu culito de puta como muestra de mi devoción hacia tus construcciones intelectuales, o como modo didáctico de quizá descubrir nuevas posibilidades erógenas en tus masturbaciones cotidianas, quizá me mandes a tomar por culo, por otro culo, pero me estarás hiriendo. Estarás equivocando el camino. El culo que quiero sodomizar es el tuyo, no por sadismo o mito. No por fantasía sexual incumplida, a los 35 ya las has cumplido casi todas, sino más bien por ansia solidaria. Por una necesidad de crecimiento en la intensidad de las sensaciones físicas y, por qué no, espirituales.

Tendríamos que enlazar aquí con las teorías orientales sobre las zonas energéticas que nos animan desde ese sistema similar al linfático. Sería necesario hablar de chakras y cierta forma de trascendencia que no es otra que la del que asume que es un ente capaz de recibir y generar placer en proporciones mucho mayores de las que imaginaba. Podríamos hablar también de tranquilidad y realización. Podríamos hablar de humildad.

Toma 5ª. Escena 1ª.

En el contexto del romanticismo sucio también podría darse el caso de que me dijeras que deseabas ser petada por mi polla venosa e inflamada. Que te apetecía sentirte la zorra más obscena y entregada, especialmente tras haber leído a Sade, Baudelaire y Bukowski, manos separando tus bellas nalgas, ano y vulva ofrecidos al canibalismo de mi lengua, mi gel lubricante y mi polla enloquecida.

Muchos llamarían a esto pornografía, pero se equivocarían, pues la pornografía sólo es una rama desviada del concepto que intento exponer. En lo pornográfico no hay otro fin que la excitación ajena, llegando al extremo de acrobáticas muestras de elasticidad y resistencia, polvos gran angular, para transmitir excitación voyeur a los accidentales espectadores. En lo pornográfico no hay alma, salvo honrosas excepciones, pero sirve para algo. Es utilidad pura. Es estímulo directo como un trago de whisky volando hacia el cerebro.

Yo aquí no estoy hablando de pornografía, sino de la sutil frontera entre introducir el tercer dedo por tu culo, mientras mi corazón late alegre por la conversación previa sobre azar y determinación en la novela negra contemporánea, y disfrutar serenamente de la belleza de tus ojos claroscuros mientras apuras tu vino.

Por eso, cuando empiece a sodomizarte susurrándote al oído cosas como lo zorra, sucia y desvergonzada que eres, o sobre lo caliente que estás, lo bien o mal que te has portado, leve hostia en la cara, suave, seca, plas, chupa mi dedo medio, sucia putita, lo que estaré haciendo es mostrar un amor mucho más puro y sincero que el que jamás hayas visto ni en tus relaciones pasadas ni en ninguna de esas películas románticas de mierda.

Toma 6ª. Escena 1ª.

Acabo esta primera aproximación al romanticismo sucio añadiendo un componente más empírico que dogmático, ya que lo empírico muchas veces está más cerca del desbarre que de la ciencia. Sometidos como estamos a las fuerzas de la naturaleza, considerando que la naturaleza es bella, pero también violenta y despiadada, como el azar, ¿por qué no dotar a todo acercamiento entre iguales de una determinación natural de provisionalidad hasta que se demuestre lo contrario? ¿Por qué no comernos las bocas suavemente masturbados por nuestras capacidades físico-psíquicas aproximándonos al sencillo entendimiento de una apacible tarde de verano?

Pensadlo sinceramente, joder. ¿Por qué no?

Te querré igual cuando en la intimidad de la noche tus pedos anales y vaginales inunden la estancia con el olor de nuestros fluidos corporales levemente fermentados. Espero que seas igual de comprensiva. Creo que el mero funcionamiento de nuestros organismos, mentes devorando energía, tiene mucho que ver con esta concepción acerca de la suciedad romántica. De hecho, podríamos considerar que estamos sentando las bases de un nuevo nudismo, más allá de la desnudez de los cuerpos. Más allá de las patéticas ropas con que lo social intenta maniatarnos desde niños.

==== Cooooooooorten. Toma buena. ====

PD: juro que mis gafas siempre han sido de acero, bueno, últimamente titanio, jamás de pasta.

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Imagen: Jenni Tapanila
Sonido 1: Drang Nach Osten (Emir Kusturica) - Para psicópatas sucios, entre los que me incluyo -


Sonido 2: Te quiero, puta (Rammstein) - Para gente romántica -

6.7.09

Inspiración



El poeta escribía desnudo a las tantas de la mañana en su destartalada habitación. La ciudad sonreía dormida, porque las ciudades sólo se relajan cuando el sol cede justo antes de la total asfixia. Los pájaros callaban. El viento había cesado. Una sensación de pantano atmosférico reinaba alrededor mientras el poeta escribía sus cosas en bolas, pálida luz del monitor reflejada sobre su aún más pálida piel.

Mierda, se dijo el poeta. Creo que tengo algo de tripa. Será la vida contemplativa. Será el precio por conocer la verdad de las cosas. Creo que también estoy empezando a tener ganas de cagar. La vida del poeta había sido increíble y dura. Desde las estepas siberianas a las estepas manchegas. Desde las más bellas costas del norte a los eriales del centro. Luego estaban los coños, bueno, los coños con sus cerebros y su mala hostia. El escritor nunca podría odiar a las mujeres. Eran demasiado fascinantes, aunque algunas estuvieran locas en el peor sentido del término. Aunque la mayoría caminasen por la vida tan perdidas como él.

Joder, estoy más blanco que la puta hostia antes de ser mojada en vino como una magdalena. Claro que, mierda, las hostias no tienen pinta de ser capaces de retener demasiado líquido. Nada mejor que esa sensación líquida y blanda deshaciéndose en la boca, dios, sí. Magdalenas mojadas en café con leche, húmedas, esponjosas. Son como coños, sí, hostia, eso es. El poeta había tenido una revelación poética. Mecagoendios, claro. Son como coñitos húmedos, pero, hum, creo que no estaría bien morder a un coño así. No, ufff, me pongo en su lugar y no. Qué puto horror. ¿Por qué hostias naceríamos con dientes?, reflexionó el poeta. Son un jodido impedimento para el sexo oral perfecto. Creo que necesito una amante sin dientes, claro que... no, no, las putas barreras cronológicas. Es imposible. Mejor sigamos con esto.

El poeta se lió un porro de marihuana vallecana y abrió una nueva botella de vino. Aquello estaba bien. El Ministerio de Cultura pagaba de puta madre a los iluminados como él. Bastaba con cagar un poco de mierda políticamente correcta e iluminada para tenerlos contentos. Claro que no todo era fácil. Ahora, por ejemplo, el poeta llevaba retraso. Y si había algo que los putos burócratas no toleraban eran los retrasos, sobre todo cuando iban en contra de sus intereses. El poeta estaba nervioso, así que las primeras caladas a su porro fueron un tanto ansiosas. Es un error, se dijo. No debo fumar fuerte porque luego se me va la olla y acabo llamando hija de puta a alguna ministra y puedo joderla bien. Como otras veces. Bueno, calma. Ante todo mucha calma.

El poeta cerró los ojos, respiró profundamente y volvió a abrirlos. Una luz lechosa mucho más potente que la del monitor inundaba todo su campo visual. ¿Qué cojones? Ahí estaba. En medio de la habitación, que era grande, que era el salón de su residencia en el extrarradio, estaba esa criatura, mezcla de puta con diosa, mezcla de ángel con ninfa o vete a saber con qué otra cosa. Volaba, o al menos parecía levitar. Ya me han vuelto a pasar maría con pesticida, se dijo el poeta.

- Hola, habló la sagrada aparición.
- Hola. ¿Qué hostias eres?
- Soy tu inspiración, cabronazo. Soy el rayo de aire fresco que iluminará tus podridas conexiones nerviosas para que te siga entrando la pasta de los contribuyentes a cambio de nada.
- Oh, joder. ¿Puedo invitarte a algo? Mira, tengo vino, es bueno. También maría, pero no sé si es buena.
- No es necesario, dijo la aparición con una voz dulcísima.

En ese momento el poeta reparó en que aquella cosa tenía forma femenina y, como él, estaba completamente desnuda, levitando en su salón. El poeta sintió una erección tan rápida y dura como el puto acero recién colado.

- Ehm, murmuró, también tengo esto, pero te juro que ha sido involuntario. Es que nunca imaginé que la inspiración pudiera tener forma de zorrita morena y voladora. ¿Podrías girar 360 grados MUY DESPACIO para apreciarte en toda tu plenitud?
- Eres un sucio y apestoso poeta, dijo la forma etérea mientras como por arte de magia comenzó a rotar sobre un eje imaginario mostrando sus incitantes nalgas de musa.
- ¡Para!, joder. Para un momento, ejem. Sí, sí, hostia, realmente inspiras, murmuró el poeta mientras echaba mano del frasco de lubricante que siempre tenía en su escritorio para no tomarse la molestia ni de escupir sobre su polla venosa y palpitante.
- ¿Notas la inspiración?, preguntó con la voz más sensual de todas las existentes la milagrosa ninfa.
- Sí, joder, sí, respiró ronco el poeta mientras empezaba a deslizar su mano derecha impregnada en gel a lo largo de su polla desmedida y demencial. Podrías inclinarte un poco hacia delante, sugirió el poeta.

Y la forma mágica le hizo caso, desplegándose ante sus ojos la agresiva realidad de aquella vulva de belleza imposible. No tardó en correrse el poeta intentando que sus rayos de lefa alcanzasen a la aparición, más que nada por ver qué pasaba. Cuando el chorro tomó contacto con el espíritu aquello reaccionó como un puto estallido de magnesio, ya sabes, los antiguos flashes de las cámaras, y esa luz intensísima cegó por completo sus ojos miopes, cansados ya de tanto monitor, tanta aparición y tanta hostia. Hubo un apagón. La instalación eléctrica de la casa se fue a tomar por culo, aunque por suerte su ordenador estaba conectado a una fuente de alimentación ininterrumpida.

Hostia y joder. ¿Qué cojones ha sido todo esto?. Cuando vea a la tipa que me pasó esta maría le voy a dar dos hostias. El poeta se levantó de su silla de cuero con la intención de activar el diferencial. Avanzó a tientas sintiéndose vulnerable por la desnudez y ese bajón que siempre invade a los cuerpos tras las mejores corridas, pero consiguió llegar. Click, hizo la palanquita de marras, y la luz se hizo. Al volver a la habitación todo había regresado a la normalidad. Bueno, todo salvo el suelo. En el suelo había un reguero de semen rodeado de varios cientos de pétalos blancos.

¿Qué cojones? Caminar sobre esa superficie fue agradable, aunque tuvo cuidado de evitar sus propias emanaciones. No era cuestión de pringarse los pies con el semen recién eyaculado. La sensación de los pétalos en las plantas de los pies era entre inquietante y voluptuosa. Estaba todo lleno de pétalos. En fin, se dijo el poeta, tras lo cual se tiró un pedo, se sentó en su silla de cuero y siguió escribiendo poesías inmortales, apasionados cantos de amor más allá de la muerte que multitudes enfebrecidas adorarían muchos años después de que él y su polla se pudrieran en vete a saber qué sucio vertedero de Tijuana.

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Imagen: Alain-Marc
Sonido 1: Romeo y Julieta (en fin, si mezclas a Epica con Prokofiev puede pasar esto... y alucinar por completo porque toda inspiración implica una tragedia en el fondo - o dos - ).


Sonido 2: Danza de los caballeros de la suite Romeo y Julieta (Prokofiev) - La dirección de Valery Gergiev siempre es sinónimo de calidad. Pueden ustedes comparar las dos versiones de esta extraña y poderosa música totalmente descriptiva.


... y para los fetichistas absolutos, ejem, Lisa flipando con su piano (magistral, por cierto).

4.7.09

La profundidad



Si no existieras tendría que inventarte, aunque quizá llevase varios años haciéndolo. Años. Sucesiones de tiempo fraccionado volviéndonos más y más locos. Ciclos, estaciones y tañidos de segundero matándonos lentamente. También es probable que tú ya me hubieras inventado. Que yo fuera un experimento. Una labor conceptual pariendo devenir. Más momentos fraccionados. Más realidad volátil y aplazada.

El caso es que había muchas cosas en común. Ambos poseíamos la capacidad de la inventiva. La inspiración de la letra que sucede a otra letra. El pálpito de las manos que acarician exactamente por donde debe acariciarse. Tan duro o progresivo como sea necesario. Tan doloroso o placentero como el contexto nos dicte. Ambos también disfrutábamos del sexto sentido musical, por no hablar de la fotosensibilidad, nuestra particular tara.

Pero es que sin tu existencia necesitaría décadas para volver a tenerte aquí al lado. Los procesos son complejos. La vida lo es mucho menos que las noches sin sueño, con el cerebro girando, bumb, bumb, flash. Hostia, tengo ganas de mear. Las noches de insomnio pueden ser una pesadilla o una bendición. Bien, me masturbaré primero, así tras la paja vendrá la meada y luego, con suerte, el sueño. Los pájaros dormían. Las cucarachas follaban por los rincones, y yo, joder, y tú, nosotros nos masturbábamos envueltos en sudor a media ciudad de distancia.

No tenía ni puta idea de quién eras en realidad, pero lo poco que conocía de ti era absolutamente fascinante, embriagador, luminoso. Quizá estuviésemos exagerando. Quizá nuestras carencias fuesen tan dramáticas que la necesidad de equilibrio mental, o físico, hubiera acabado por aproximarnos. Pero eso no tenía nada de raro. Todo el puto funcionamiento de la naturaleza era simbiótico. Nada poseía la cualidad de ser totalmente autónomo o gratuito. En ese sentido lo mejor que podía ocurrirnos era deshacernos sobre el otro una y otra vez. Sí, una y otra vez.

Claro que también todo podía ser un juego. Un juego fascinante y perverso. Un juego con muy pocas normas y un tablero tan grande como se nos ocurriera. Quizá estuviésemos aprendiendo a jugar a esa nueva disciplina. Algo que tendría como nombre la mitad del tuyo y la mitad del mío. Tampoco debíamos caer en el romanticismo pringoso de las películas románticas aunque eso pareciera evitable, pues ambos escondíamos un cyborg asesino a pocos centímetros de nuestros nervios ópticos.

Lo que más me gustaba de ti era tu determinación. Verte pasar de cero a doscientos en pocos segundos. Ese punto de iluminada tan sensual y exquisito. Eso me gustaba mucho. Bueno, también adoraba comerte el coño en la terraza, barridos por el viento del oeste, directo al este, inspirando mi lengua, mi obstinación y el placer húmedo que más tarde nos protegería de todo ataque exterior.

Éramos una mezcla de héroes suicidas y cínicos ególatras. Nada como la seguridad no ya en uno mismo sino en el flujo de acontecimientos. Nada como tener un puto punto de apoyo para dominar el mundo, o crear nuestro propio mundo. Nada como disfrutar con las convulsiones orgásmicas del otro bajo el manto de nuestra propia capacidad de vicio.

Si no existieras tendría que inventarte, y tú tendrías que inventarme. Si no existiésemos alguien acabaría por emborronar su monitor en blanco con nuestra historia. Algún iluminado harto de matarse a pajas terminaría por plasmar esta historia para lujo y aprendizaje de generaciones futuras, si es que aún sabían leer, si es que aún quedaba gusto por ese cosquilleo inexplicable llamado conocimiento. Por esa determinación ciega llamada casualidad. Por esa necesidad natural llamada deseo.

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Imagen: Chad Michael Ward

Sonido 1: My lost Lenore (Tristania) - Para románticos -


Sonido 2: Unity (Rage) - Para adrenalínicos - (Entre los que me incluyo) -

2.7.09

Revancha



Poto es un tío raro, un tío que se pone nervioso con facilidad. Poto conoció a Jostar en una movida que hubo por las Casas Baratas hace ya tiempo. Fue una noche problemática. Armas blancas, disparos. Mal asunto. Poto ha oído que alguien se cargó a Jostar en el metro, pero seguro que sólo es un rumor. Nadie puede matar a Jostar, al menos definitivamente. Todos tenemos un pedazo de Jostar en el interior de nuestros podridos corazones. Todos somos Jostar, aunque sólo sea en momentos puntuales, en momentos totalmente imprevistos e inspirados.

Claro que todo esto a Poto se la suda. Ha escuchado que algún hijo de puta se cargó a Jostar y ha decidido recorrer toda la red del suburbano para encontrar al culpable. Nadie se carga a un colega del Poto y vive para contarlo. Claro que también se rumorea que quien remató a Jostar fue una zorra. Joder, se dijo Poto al conocer ese dato, eso ya lo veo más posible. Ningún tío habría podido con Jostar, pero una zorrita de esas rompecojones... quizá, quizá.

Poto iba provisto con un Uzi de fabricación israelí. Se lo había pasado Manué, el de los cartones, que a su vez lo había aceptado como pago en especie por cierta cantidad de... analgésicos.

- Esta es un arma buena, dijo Manué.
- No sé, tío, dijo Poto. ¿Dices que es de fabricación israelí?
- Sí, sí, lo mejorcito desde la Luger.
- Joder, Manué, pero si la Luger P08 era la pistola que utilizaban los oficiales nazis.
- Pos eso, aseveró Manué.
- Vale, me la quedaré de todos modos.

Como en el metro podías entrar con un lanzagranadas sin que nadie te dijera nada, Poto no tuvo ningún problema en pasearse por ahí con el subfusil metido en sus vaqueros sucios. Ahora tengo dos cañones, se dijo Poto. El ametrallador judío y mi polla, jaja. Por suerte Manué le había explicado bastante bien cómo funcionaba el seguro de esa máquina.

El día era lunes, así que el metro estaba colapsado, como todos los lunes. Como todas las horas punta. Los ciudadanos eran tontos del culo o tenían una paciencia infinita. Como Poto no solía currar se sorprendió al ver cómo los curritos eran apilados sin dignidad alguna en vagones de ganado. Aquello apestaba, física y conceptualmente, pero nadie parecía demasiado indignado. La gente lo aceptaba con naturalidad. Poto sabía que a Jostar se lo habían cargado a esa hora, en alguno de esos vagones, seguramente el último del tren por aquello de la simbología. Así que repitió los pasos de su amigo sin tener ni idea de cuál era el objetivo a localizar y destruir.

Cuando sonó el pitido estridente que avisaba del cierre de puertas Poto empezó a sudar. Aquello era insoportable. No había espacio vital en aquel vagón de mierda. No se oía nada en medio de la multitud apiñada, sólo el rumor de los reproductores mp3 que algunos ponían a gran volumen para evadirse del infierno. Le pareció a Poto que alguien esta escuchando el Otoño de Vivaldi.
- ¿Jostar? dijo a media voz para inquietud de sus demasiado próximos compañeros de viaje. Pero no hubo respuesta.

Una tía se le quedó mirando fijamente. Estaba aprisionada contra una de las paredes del vagón. Guapa. Morena. Cara dulce aunque un fondo de ojos no exento de cierta violencia contenida. Poto no puedo evitar sostenerle la mirada. Poto no pudo evitar gritar, Qué, bonita. ¿Algún problema? A lo que ella respondió, no me jodas, baboso, ya me he cargado a más como tú. Entonces Poto lo tuvo claro. Tenía que ser ella, o quizá no, pero daba igual.
- Qué, hostias, qué, siguió gritando Poto. Qué, mecagondios, ¿qué hostias te pasa?
- Ven aquí, gilipollas, respondió ella. Ven aquí si tienes cojones. La gente empezó a intentar cambiar de posición para evitarse problemas. Aquello era imposible. La distancia entre los cuerpos era de centímetros. Imposible moverse sin aplastar, sin pisotear cráneos.

Pronto aparecieron un par de héroes vocacionales, ya sabes, siempre hay alguien que ha visto demasiadas películas americanas de acción. Alguien que quiere ser como Rambo y que luego le pongan una medalla en la punta de la polla al conseguir la ansiada tetraplejia en acto de servicio.
- Tranquilo, le dijo a Poto un imbécil con toda la chulería del mundo.
- ¿Tranquilo? Respondió Poto. Tú sí que deberías quedarte tranquilito.
Entonces el tipo enrojeció e hizo amago de avanzar hacia Poto con intenciones no claras. La zorra se reía. Vaya, dijo, parece que hoy vamos a tener otro macarra muerto en el mismo sitio que hace un par de semanas.

El movimiento de ira se extendió por el vagón. La ira era como el miedo y la gripe. Se contagiaban con facilidad. Poto era un elemento discordante en la humillación cotidiana. Poto era molesto, no estaba de acuerdo con la vejación de los transportes saturados de gente sin cojones.
- ¿Qué le pasa a este?, se oyó desde el fondo.
- Otro gilipollas, dijo una vieja.
- Las drogas son malas, aulló un crío de 20 años.
Una mano desconocida atenazó la garganta de Poto. La vista empezó a nublársele. Ahora entendía lo que había pasado con Jostar. Aquellas masas eran tan imbéciles que con tal de no asumir su decadencia estaba dispuestas a eliminar a los elementos que las cuestionasen.

Pero por suerte Poto iba armado. Fue un poco complicado sacarse el Uzi de sus vaqueros mugrientos. Fue casi un milagro lograr quitar el seguro cuando la mano que intentaba estrangularle ya cerraba peligrosamente el flujo de la carótida. Pero lo consiguió. Sintió el click en su índice y justo en el límite de la inconsciencia consiguió apretar a fondo el gatillo. Un sonido seco y rítmico inundó el vagón. El Uzi estaba vomitando a un ritmo de 600 disparos por minuto. Por suerte Manué le había pasado un par de cargadores extra por el mismo precio.

Poto experimentó entonces el poder de convicción. La dialéctica de la balística. Los cuerpos más próximos fueron los primeros en caer literalmente atravesados por la munición caliente. El pánico se apoderó del lugar. Ya no eran la masa linchadora, sino el rebaño asustado. El enemigo era más fuerte de lo previsto. El linchamiento era imposible, la situación se había invertido. Poto no dejó de mantener la mirada a la chica mientras una creciente alfombra de cadáveres mejoraba su radio de disparo. En pocos minutos el vagón se redujo a un dantesco escenario de sangre y cuerpos estertorando. Poto evitó apuntar directamente a la zorra hasta que sólo quedaron los dos, cara a cara, separados por una pila de cuerpos humeantes.

- Así que tú mataste a mi amigo, dijo Poto.
- Bueno, en realidad me limité a acabar lo empezado, pero podemos negociar esto. Podemos ser amigos. Me gustan los tíos con cojones. Podría chuparte la polla en medio de este mar de muerte y destrucción. No creo que puedas escapar con vida de la policía.
- Chupa mejor esto, respondió Poto accionando el gatillo de su Uzi, taladrando por completo el bello cuerpo de la asesina de Jostar.

Luego Poto tuvo una inspiración. Accionó el freno de emergencia y el metro quedó parado en medio del túnel. Abrió una de las puertas utilizando la fuerza bruta y huyó en dirección contraria a la estación de destino. Por el camino limpió de huellas su arma, arrojándola a un alcantarillado próximo. Por el túnel reverberaban las sirenas y el ruido de pasos acercándose, acercándose cada vez más. Pero a él no iban a pillarle. No, joder, el no era inmortal como Jostar. El no merecería ser vengado, así que más le valía salir entero de todo aquello.

Por ahí dicen que Poto tuvo suerte, claro que los rumores sólo son eso, voces llevadas por el viento. También han visto a Jostar por Vista Alegre. Dicen que cojeaba un poco, que una horrible cicatriz le atravesaba el rostro verticalmente. Se dicen tantas cosas...

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Imagen: el único taxista con verdaderos cojones que ha habido ;)
Sonido: Demon eyes - One kill wonder - (The Haunted)

29.6.09

Rebelión (Discurso del loco)



No tardará en llegar un nuevo amanecer. Pronto las luces de la ciudad darán paso a esa gradación siempre distinta que supone el comienzo del día. Pero no será un día como todos los demás. Despertarán los olvidados y colapsarán las principales avenidas. Despertarán los oprimidos y arderán bancos, iglesias y centros de gobierno. Pronto el Estado mandará a sus perros a sofocar la rebelión, pero los desheredados serán infinitamente superiores en número y determinación. Nada como la ira fruto de siglos de hastío. Nada como la desesperación del que poco tiene que perder. La batalla será dura y sin concesiones. El miedo y el desánimo serán los motores de este movimiento de la naturaleza humana que quiere cambios, que ansía ruptura.

Porque es posible conseguir que todo fluya, que todo se deslice hacia nuevos estados de cosas. Porque desde la revolución industrial sólo hemos asistido a la legalización del esclavismo. Porque los derechos laborales han desaparecido y aún pretenden cercenarlos más con el asentimiento ciego del rebaño. Porque la realización mediante el trabajo es la mayor de las mentiras. Porque un hombre jamás fue un voto y nunca, nunca podrá ser reducido a unidad de producción. Porque todo tiene límites y hace ya demasiado que vivimos en el filo de ese espectro llamado crisis selectiva.

Será necesario entonces tomar las calles sin el permiso de los patéticos sindicatos untados por el poder y cegados por su propia inoperancia. Será necesario, pues, recordar que cada hombre es un par de brazos dispuestos a luchar. Palidecerán los apóstoles del diálogo timorato y conciliador. Rabiarán los conformistas con la paga miserable del empresario que les permite vivir entre estrecheces mientras engendran nuevas camadas de resignados siervos. Pero ya no habrá vuelta atrás. 5 millones de almas de todas las edades y condiciones son un ejército prácticamente invencible. 5 millones de almas sólo pueden ser dispersadas mediante armamento nuclear o biológico. Quizá las casualidades no existan. Quizá alguien esté anticipando movimientos en forma de nuevas y sospechosas epidemias.

Cuando la batalla de paso a la desolación, empezaremos de nuevo. ¿Cómo?, os preguntaréis. De otra manera, os responderé. Aprenderemos a improvisar hasta que las bondades del nuevo sistema acaben por convertirse en sus flancos débiles. Entonces alguien como yo volverá a escribir algo como esto y los filósofos barrigones susurrarán aquello de los ciclos, los eternos ciclos. El eterno retorno de lo idéntico, como sostenía Friedrich. Entonces, y te lo digo ahora, sabremos que cualquier cosa que implique movimiento es preferible a la quietud de los borregos llevados al matadero con total aquiescencia.

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Imagen: Ni idea del autor, pero me gustó por su volumen, por la contundencia de sus formas. Nada que ver con polladas ideológicas. Ya no hay (casi) ideologías, pero no en el sentido que algunos "liberales" creen ;)

Sonido 1: Eradication Instincts Defined (Dimmu Borgir) - Sólo para paladares adrenalínicos -


Sonido 2: Light cavalry (Franz Von Suppé) - Para todos los paladares con gusto -

27.6.09

Implosión



Tu cuerpo, mi cuerpo, nuestras mentes y la ciudad dormida. Dos pares de ojos. Sensaciones térmicas, sonidos sucediéndose. Tu cuerpo, mi cuerpo, nuestras mentes. Un viaje a través de las entrañas de la ciudad. De este a oeste, o quizá al revés, porque nunca se sabe. Parques disipados por el campo visual de las ventanas. Atracciones varadas en la foto fija del horizonte. La proximidad de dos manos asidas a la barra metálica de la máquina que vuela bajo. Energía. Energía creciente.

Tu cuerpo, mi cuerpo, nuestras mentes. Las pintas de Foster resultaron ser insuficientes. Viejos conocidos apostando por la jugada más complicada. Por la apuesta más fuerte. Tu cuerpo, mi cuerpo. La ciudad evaporándose. Realidades que se transforman en nuevos órdenes. Una revolución. La importancia de la uva syrah mezclándose con saliva febril de besos. El suave humo de marihuana sensibilizando cada pedazo de existencia, haciendo restallar esferas lumínicas en el monitor con peana de aluminio. Poder. Poder acumulado deseando expandirse, o implosionarse.

Nuestras mentes. Comunidades fantasmagóricas de vecinos acogiéndonos con el silencio de las piscinas dormidas. Puertas, puertas, puertas y niveles. Ascensión hacia grados de humedad y excitación nunca conocidos antes. Nuestros cuerpos. Dibujarte a través de los relieves que te dan forma mientras tú haces lo mismo. Redescubrir el camino que creíamos haber andado y que resultó ser una senda no siempre acertada. Partir de cero para quizá llegar a cero, o al máximo que seamos capaces de aspirar. Comprobar que el tiempo es totalmente maleable, que el tiempo sólo es una condena para los que ansían cadenas. Recordar la excitación primitiva de la adolescencia enriquecida por el peso de lo vivido.

Tu cuerpo. Devorar cada partícula de tu carne. Beber hasta la última gota de tu sangre. Sentir esas convulsiones de placer y miedo desde la base de tu lengua hasta el centro de mis cojones. Tu cuerpo devorando a mi cuerpo. Saber que tus dientes pueden herir, que controlas el momento de ruptura porque tienes la sensibilidad adecuada. Confiar ciegamente en la maniobra que enfrentará nuestras caras degustando el sabor de los sexos abrasándose. Tu cuerpo es vértigo. Tu cuerpo es una puta supernova iluminando espacios de vacío ilimitado.

Mi cuerpo. Siento territorios expandidos por las maniobras de tus labios, de tus manos, de tu piel suave desplazándose sin fricciones a mi alrededor. Siento el vértigo de la entrega ciega rompiendo toda barrera racional. Mi cuerpo devorando a tu cuerpo. Respiraciones entrecortadas que se sincronizan con el movimiento de bocas, dedos y el resto del planeta en rotación. Querer follarte hasta agotar el aire de la habitación, pero querer esperar al punto de total desvarío para hacerlo durante lo que reste de noche.

Saber que el camino es largo y las recompensas infinitas nos recuerda que no hay ni prisa ni límite. Sabemos que todo lo que queda por vivir y experimentar no tiene fecha de caducidad ni plazos obligados. Nos hemos susurrado que la única relatividad es la que decidamos imponer al paso del tiempo. Somos anomalías que han superado el trauma de la soledad para convertirse en sistemas autónomos. Nos hemos dado en pocas horas lo que generaciones no llegaron a vivir, y aún queremos más.

Mucho más.

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Imagen: recreación gráfica de una implosión. (Wiki: Implosión es la compresión de una masa fisionable subcrítica, esférica o cilíndrica. La implosión funciona detonando los explosivos en la superficie externa del objeto, por lo que la onda expansiva se mueve hacia adentro. La onda se transmite al núcleo fisionable, comprimiendo y aumentando su densidad hasta alcanzar el estado crítico).

Sonido: Mythodea: Movement I (Vangelis)

25.6.09

Fin de ciclo



Los cielos se cubrieron de extrañas formaciones nubosas. La temperatura bajo diez grados en 24 horas. Los pájaros y demás animalillos dieron paso a un silencio reverencial. Hubo fallos en el suministro eléctrico, interferencias en las redes de comunicación. Fenómenos de histeria colectiva. Después, la ciudad atardeció y un extraño sonido se apoderó de todos los rincones asfaltados. Una especie de vibración en tono creciente. Quizá la advertencia de un terremoto. Quizá la voz de una deidad oscura dispuesta a disfrutar con nuestro miedo antes de exterminarnos. También podía ser un coro de guitarras eléctricas sacudiendo la línea del horizonte.

Estaba a punto de llegar el día. El día tantas veces esperado, tantas veces soñado y anhelado. Puede que fuera eso. El día de la revelación de los opuestos complementarios. El día donde las casualidades mostrasen por fin su precisa lógica. El día de la total aniquilación de lo conocido para dar pie a un nuevo comienzo. El día del fin del mundo para aquellos que creían vivir en una esfera inmutable. El día del comienzo del mundo para los que siempre fuimos desplazados, para los que siempre vagamos perdidos en nuestros propios paraísos perdidos.

La noche fue barrida por el viento más intenso que jamás se había visto. Era un viendo de vida y caos. Un viento catártico que barrería de mierda la ciudad y de ansiedad nuestros oscuros corazones. Los arboles agitaron sus pobladas ramas y el verano dejó de ser verano para convertirse en la síntesis de los huracanes sin estación precisa. No tardaron en colapsarse las plantas nucleares y la ciudad quedó sumida en la tiniebla de las reflexiones tranquilas. Los más osados decidieron celebrar los cambios entregándose a desenfrenados juegos carnales. Los más débiles sucumbieron al miedo y decidieron rezar a los dioses equivocados por ese complejo de culpa que arrastraban desde niños.

A la mañana siguiente emergimos de entre las ruinas del pasado siguiendo la ruta de un arco iris de tonos grises. Así fue como tú y yo descubrimos el cofre de riqueza ilimitada que, abolidos los sistemas monetarios, nos sirvió para confeccionar fascinantes adornos en oro y pedrería. Así fue como nos erigimos en soberanos de nosotros mismos. Así fue como emprendimos el viaje hacia nuestros cuerpos y esas tierras fértiles en las que olvidar por siempre todo aquello que jamás mereció ser recordado.

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Sonido: Inside the particle storm (Dark Tranquillity) - Épico!-