22.5.08

Profecía




(...) Será inevitable; porque el futuro inmediato es probable que se parezca al pasado inmediato, y en éste los rápidos cambios tecnológicos, que se produjeron en una economía de producción masiva y entre una población predominantemente no propietaria, han tendido siempre a producir un confusionismo social y económico. Para luchar contra la confusión el poder ha sido centralizado y se han incrementado las prerrogativas del gobierno. Es probable que todos los gobiernos del mundo sean más o menos enteramente totalitarios, aun antes de que se logre por parte de las sociedades una adaptación al empleo de la energía atómica; y parece casi seguro que lo serán durante el proceso de adaptación al empleo de dicha energía y después del mismo.

Desde luego, no hay razón alguna para que el nuevo totalitarismo se parezca al antiguo. El gobierno, por medio de porras y piquetes de ejecución, hambre artificialmente provocada, encarcelamientos en masa y deportación también en masa no es solamente inhumano (a nadie, hoy día, le importa demasiado este hecho); se ha comprobado que es ineficaz, y en una época de tecnología avanzada la ineficacia es un pecado contra el Espíritu Santo.

Un estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción por cuanto amarían su servidumbre. Inducirles a amarla es la tarea asignada en los actuales estados totalitarios a los ministerios de propaganda, los directores de los periódicos y los maestros de escuela. Pero sus métodos todavía son toscos y anticientíficos.

(...) Los mayores triunfos de la propaganda se han logrado, no cuando se hacía algo sino cuando se impedía que ese algo se hiciera. Grande es la verdad, pero más grande todavía, desde un punto de vista práctico, el silencio sobre la verdad. Por el simple procedimiento de no mencionar ciertas cuestiones (...) la propaganda totalitarista ha influido en la opinión de manera mucho más eficaz de lo que hubiese conseguido mediante las más elocuentes denuncias y las más contundentes refutaciones lógicas.


Aldous Huxley

18.5.08

La fugacidad de la vida



La fugacidad de la vida se parecía al vértigo del orgasmo que crece entre tus piernas y las mías. Lo bueno solía ser breve, y lo malo, eterno. Quizá ahí se sustentasen la mayoría de las religiones. Estratégicos análisis de la naturaleza humana, naturaleza de carne, diseñados para controlar masas de enardecidos mortales deseosos de disfrutar lo más posible del escaso lapso de existencia restante. Patrañas, en cualquier caso.

La fugacidad de la vida tenía mucho que ver con la lubricación de tu coño en las tibias noches de este mayo tormentoso y estético. Hasta el cementerio parecía más verde de lo habitual desde la loma sur. Los muertos sonreían en sus nichos y sepulturas. Los vivos apurábamos el trago y el beso. También tanteábamos a nuestra amante intentando contemplar de un modo positivo el fragmento de devenir que vendría a continuación, aunque la mayor gloria fuera seguir en pie un rato más.

La fugacidad de la vida también tenía nombre de eyaculación. Esos segundos mágicos de propulsión nuclear hacia el vértigo de un infinito, llamémosle acantilado, llamémosle salto desde el quinto piso, llamémosle penetración e inundación de tus entrañas de zorra mágica. Vida y muerte danzando al compás de pulsaciones más o menos arrítmicas. Vida y muerte deseándote tocada por una corona de rosas negras.

La fugacidad de la vida también se mostraba en las apasionadas peleas entre amantes. A veces por cuestiones estúpidas. A veces por cuestiones drásticas. La ira y el egoísmo de cada uno de los dos copulantes luchando a muerte desde terminales remotos. Agriado el vino, agostado el campo, congelada la noche. Abrasadas las expectativas por un rayo justiciero de cruda realidad. La irracionalidad de los humanos solía alcanzar su cénit una vez degustado el sabor del sexo. Una vez superadas las mieles de la posibilidad.

La fugacidad de la vida podía resumirse en un tema de 5 minutos. Pianos crecientes acompasados por un bajo eléctrico y continuo. El eco de una guitarra acústica acunada por baterías superpuestas. Una melodía melancólica y a la vez gloriosa. Una melodía triste, pero a la vez triunfante. La resignación mezclada con la gloria. El terror aunado con la esperanza. La estupidez hecha vibración aérea, intangible pero poderosa como las guitarras eléctricas inyectándonos su sabiduría directamente en el cerebro.

La fugacidad de la vida era una pesadilla recurrente en los momentos bajos, en los tristes atardeceres de domingo añorando la caricia de tu lengua contra mi glande. En los brumosos anocheceres de silencio y ebriedad recordando el contacto de mi lengua contra tu piel de porcelana lúbrica. En las lágrimas disueltas en éxtasis sexual. En las lágrimas alteradas por el torrente de semen. En las lágrimas diluidas en la lluvia que jamás volveríamos a compartir.

En las lágrimas.

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Sonido: Agonía (Nuevo tema de Southmac, el Impresentable, en exclusiva para todos vosotros - o para los que os molestéis en darle al enlace -)

15.5.08

El tiempo y la cocina metafísica



El ritmo lo marcaba el reloj de la cocina. Un tictac inquietante y progresivo. Un corazón demasiado acelerado en su ansiedad por la total ausencia de sentido y expectativa. El ritmo lo marcaba el eco de ese reloj multiplicado por mil paredes cerámicas. Baldosas alicatadas con una considerable capa de grasa y dejadez. El ritmo lo marcaba tu ausencia porque cada segundo parecía una jodida década de odio y abatimiento. Porque cada puto segundo era un cántico a la muerte.

Estabas tan bonita en mitad de aquella cocina, arroz salpicando peligrosas proyecciones de materia hirviente hacia tu rostro asombrado. Estabas tan bonita en aquella cocina, cigarro sensualmente encendido en tus labios, levemente pirada por el vino, las pastillas y esa sensación de no tocar el suelo. Eras el sueño de cualquier romántico con ansia de destrucción. De MDA. Mutua destrucción asegurada. Preciosa en tu discurso sobre la felicidad, que no existe, la magia, que es escribir y componerte, y la longaniza de carne pura, que sí existe.

Esta estúpida vida era el reloj de la cocina lanzado en su infernal carrera mientras le quedase algo de pila. Nos parecíamos a los relojes de cocina. Algunos andaban retrasados, otros vivían ya en el siglo XXII y la mayoría intentábamos mantener cierto equilibrio entre puntualidad y sueño. Entre cordura y posibilidades creativas. Estábamos jodidos, y todo era muy raro, pero eso no detendría ni el tiempo ni la medida de nuestras paranoias. Además, las mejores cosas ocurrían entre las paredes de la cocina. Era el espacio neutro y nutricio. La tregua para cualquier pelea o el comienzo de los más salvajes polvos con las manos harinadas, o sobre la lavadora centrifugándonos el alma.

La pistola que compré al tipo del rastro brillaba perfecta sobre mi mesa de escribir, beber y recordarte. Era un pedazo de metal bruñido y un punto cruel. Era la posibilidad de justicia y venganza. El poder de una detonación más allá de estúpidas leyes y prejuicios morales. El oeste americano y las estepas rusas. Medio planeta muriéndose de hambre y el otro medio disfrutando de su opulencia, ambas situaciones con el mínimo común denominador de haber sido logradas a sangre y fuego. Mi pistola era como mi polla, el símbolo de una realidad de poder más allá de trascendencias, buenismos y filosofías hippies de mierda. Mi polla y mi pistola eran violencia en estado puro. Violencia y amor. Holocausto y reconstrucción. Una jodida bomba nuclear en pleno Madrid de los Austrias, y la tranquilidad de las verdes praderas asoladas.

Estabas tan bonita a cuatro patas sobre aquel sofá Ikea aguardando el merecido castigo. Disfrutando con el juego retórico consistente en la interacción entre alguien dominando a otro que desea esa dominación como vehículo hacia el éxtasis. Estabas tan bonita mientras la música más diabólica que hubieras imaginado sonaba a todo trapo por el equipo de música conectado al disco de un terabyte. Preciosas tus nalgas temblorosas ante los embates de mi correa de cuero y los acordes secos y precisos de la melodía que había compuesto para celebrar un martes 13 de belleza infernal. Bonita al relamerte con tu lengua de puta aguardando el momento adecuado para encender mi ira. Bonita, dilatada y húmeda en tus kilómetros de sexualidad detonando el click que me lanzaría hacia la total asimilación de tu coño, tu cordura y tu existencia.

Sin embargo, en la noche de mediados de mayo algo sonaba a tragedia. Las ausencias acumuladas. El dolor por lo que se tuvo y no duró demasiado tiempo. El ansia por ser, crear y no morir antes de tiempo. La necesidad de transmitir información genética de mi piel a tu piel, bella espalda de ninfa rociada de espeso semen impresentable. La belleza de tu boca abierta sobre mi boca, sobre mi polla, sobre el cañón de mi pistola. Siempre dudando sobre la conveniencia de pulsar el botón de off en el momento justo, antes de que fuera demasiado tarde. Siempre vacilando entre posibilidad y derrota. Entre esperanza o desesperación. Entre todo y nada, antes de que fuera demasiado tarde...

El ritmo lo marcaba el reloj de la cocina. Nadie creía en nadie, pero había cierta unidad universal que nos hermanaría por siempre. El disparo ocurrió un instante después de ejercer la suficiente presión con el dedo índice sobre el gatillo. Una oleada de luz invadió la habitación y el mundo. Un eclipse de luna. Una tormenta abortada en descargas eléctricas. La posibilidad de esa isla desierta en la que ocultarnos hasta aniquilarnos.

Ahora no importa demasiado saber si los sesos desparramados por la pared de la cocina son los tuyos o los míos. Ambos sabemos que mereció la pena.

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Sonido: Decadencia (Southmac, el impresentable en pleno ataque épico)
Imagen: Herr Buchta

10.5.08

4 años




En 2004 las primaveras eran menos salvajes que esta. En 2004 hubo un cambio político importante, aunque todo lo que provenga de lo público siempre será basura. En 2004 yo tenía 4 años menos. Estaba en el comienzo de los 30. Ahora estoy a mitad, mecagoendios. 4 largos años de paro, trabajo basura, unos 200 libros leídos, más de 15.000 canciones escuchadas. Unas 100 compuestas sin pena ni gloria. 570 post literarios en su mayor parte, aunque con incursiones en la actualidad, lo audiovisual, publicidad, mongolización colectiva, etc. Contactos con el mundo editorial. Un tío que hacía un máster sobre estas cosas. Un fulano con una página porno que intercambia enlaces conmigo. Un mafioso que llevaba no sé que hostias de casinos en red y desapareció cuando le dije que fuera él quien decidiera el precio. No hubo precio. 4 años sin ver un puto euro de una actividad a la que dedico un cojón de horas todas las semanas. Por amor al arte, idiota. Por amor al puto arte, subnormal, que eres un jodido subnormal impresentable, me digo por las mañanas justo antes de cagar sin mayores complicaciones.

En 2004 había en mi messenger unos 20 contactos. A día de hoy quedan 4, de los cuales uno (una) no lleva ni 4 meses. Selección natural. La vida en la esfera internáutica es extraña y fútil. Tengo que decir que los 4 contactos de mi msn son de ley. Dorados y preciosos. 3 tías y un tío. El tío es mi mejor amigo (sin sexo) desde tiempos ancestrales. En fin, charla, compenetración y proximidad. La red está llena de todo lo contrario, y por eso me gusta. La red es exactamente igual que el mundo exterior. Un territorio virgen lleno de material excelente y gente de puta madre. Una selva verde y floreciente donde encontrar cualquier contenido. Un desierto de almas y una panda de hijos de puta deseosos de arrancarte los cojones por diferencias políticas, religiosas, existenciales, culturales. Por ser más guapo que ellos. Por no ser un adolescente pajillero. Por no ser un freak con sobrepeso. Por ser impresentable, porque no poder hacer acto de presencia es todo lo contrario de lo que se espera de nosotros en esta mierda de sociedad mediática y pretenciosa.

En 2004 el sistema de comentarios de este blog era totalmente abierto. Al principio no supuso ningún problema, pero luego llegaron las Invasiones Bárbaras, poco después de comenzar el Declive del Imperio Americano (guiño cinematográfico de calidad extrema). El caso es que hubo que controlar comentarios. En España no hay libertad de expresión. Cualquier iluminado que se cague, por ejemplo, en la familia real o en la semana santa puede acarrearme una demanda y acabar siendo tratado por la Audiencia Nacional como un puto terrorista. No tengo ni dinero ni salud mental para enfrentarme a la basura de un sistema en el que no creo. Por no hablar de los hijos de puta del spam, los promocionantes de su paginita, los vendedores de viagra y cialis, los amargados que sólo ven alegría en extender su bilis por los sistemas de comentarios del mundo semilibre de la red, etc. Bueno, también tuve problemas emocionales y gente que no diferenciaba entre realidad, ficción y el modo de atarse su puto babero. Si hay algo que odio en este mundo es a esa panda que siente celos patológicos, castrados mentales, frustradas acomplejadas, mutilados emocionales que expanden su tara al objeto de lo que creen su amor. Pandilla de lamentables peleles condenados a morir en soledad, en fin.

En 2004 bebía más whisky que vino, ahora es a la inversa. El paso del tiempo me ha hecho apreciar el valor del pedo suave, sin llegar al descontrol total, por no hablar de las resacas, peligrosamente densas con los años. El vino te da el punto y el espíritu. El vino es la jodida magia de la uva transmutada en putita de 18 floreciendo al sol de la primavera bastarda. Cuando bebo mi vino bueno, porque compro poco pero dentro de lo mejor que puedo permitirme, casi puedo intuir la dionisíaca simetría de las nalgas de esa musa carnívora y descerebrada iluminándome con su baile obsceno. Casi puedo paladear sus labios de fresa bañados en sangre y semen. Casi puedo golpear lúbricamente su carita de flor mientras mi polla sondea lo más profundo de su garganta en el aperitivo ritual de lo que será un polvo intenso de unos 45 minutos de duración. Por suerte aún no padezco impotencia. Por suerte lo de que el tabaco y el alcohol te joden la polla es una puta leyenda urbana.

Odiadme, queridas feministas radicales. Odiadme, queridos machitos subnormalizados. Escribir este blog me ha servido para descubrir lo fácil que es suscitar odio. También admiración, buenas vibraciones, pero sobre todo toneladas de odio que, joder, suelo filtrar por pereza y por mala hostia. Los enfrentamientos sangrientos los dejo para el terreno del mail. Cobardes anónimos de mierda que dais por el culo a vuestras putas madres porque me he cagado en vuestra publicidad engañosa de cams y sms de pago. Cobardes ratas de alcantarilla que me agregáis a vuestro msn para insultarme un rato en la cómoda asepsia de tanta destructiva amargura. Mierderos que no tenéis cojones de luchar con las manos limpias en la loma que preside en cementerio sur.

Otro fenómeno curioso que he podido observar en estos cuatro años ha sido el del mitómano que se come el coño o la polla a sí mismo. Sí, el tío o la tía que suelta en su comentario público o anónimo "hacía tiempo que no me gustaba tanto un relato tuyo". O algo así como "tus últimos relatos han sido una mierda, pero este me ha excitado hasta la lágrima". Joder, y joder. ¿Nadie se ha dado cuenta de que esto es un ciclo de eterna repetición con sutiles variantes y que sólo en el conjunto se puede apreciar la evolución, o la involución? ¿Nadie se ha fijado de las bandas sonoras, ciclo dentro del ciclo? ¿Y en los gritos de socorro al viento? ¿Y en la angustia insoportable? ¿Y en la soledad dura en los tiempos de soledad no deseada? ¿Y en los berridos de orgasmo cuando las cosas funcionaron bien durante una temporada? ¿Y en el odio hacia lo que hay en tu casa y en la mía? ¿Y en el amor hacia esa preciosa puta borracha abandonada entre ceniceros vacíos al salir el sol?

Ya sé que algunos formáis parte del grupo de empatizantes. Sé que, por suerte, no todo lo que circula por la red tiene que acabar forzosamente en la Puta Basura que algunos se empeñan en llamar Puta Locura. O en las excrecencias de los asimismos llamados Ezcritores, o escritores de la hez, de la mierda pura, como sus adoradores y lectores. Hostia, cuando la telebasura empezó a morir (y yo dejé de hablar de ella) la red había cobrado ya el suficiente peso como para crear su propia internetbasura. Así descubrí que el problema no dependía del medio, sino de los podridos cerebros de la masa. En las escuelas de sociología se enseña que el cociente intelectual de una colectividad es el resultado de dividir por dos el del menos dotado de todos ellos. Y, mientras haya medios masivos, habrá basura, porque nuestros cerebros en solitario pueden brillar como supernovas, pero en masa, amigos, en masa sólo son el balbuceo alegre de un retrasado en la mañana de navidad.

Y sí, mierda, también llevo 4 años cagándome en lo políticamente correcto, en no poder utilizar el término mongol como metáfora satírica. Luchando por poder seguir llamando ciego al que no ve y sordo al que no oye e hijo de puta al beato conservador de misa diaria. Por no hablar del que se ha visto por azar o desventura inútil para hacer ciertas cosas. Y seguiré haciéndolo, y nadie podrá callarme porque antes morir que cerrar la boca, la gran bocaza impresentable que os besa y saluda y lame en este cuarto aniversario sinsentido, sin lógica, sin rumbo cierto y, por supuesto, con muchísima más pena que gloria, oh, amigos y amigas. Cabronazos, putitas revienta cojones. Pavos, pavas, viejos, viejas, tarados de mediana edad, freaks, amigos todos.

Gracias por seguir entrando aquí del orden de unas 200 veces al día (hace tiempo que esto no tira para arriba) y, en fin, que cuando se me acabe la pasta y tenga que dormir en el puente lo avisaré con letras en negrita por si alguno de vosotros tiene a bien alojarme en sus modestas dependencias.

Un abrazo, amigas y enemigos. Amigos y enemigas. Porque, a veces, os quiero.

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Sonido: 4 años (Southmac - Primera toma)
Imagen: Willem Dafoe como Bobby Perú.

8.5.08

Comiéndote el coño



Lamo tu coño en una noche tormentosa de esta primavera enloquecida. Calor de verano, lluvias torrenciales, olor a pólenes de mierda florida. Se está bien lamiendo tu coño. Mi lengua percibe la anatomía de tus labios subterráneos. Depilada por completo, mi lengua también barrunta el incipiente nacimiento del nuevo vello púbico. Es una sensación perturbadora. Por suerte tu jugo de excitación tiene un sabor perfecto. Es como lamer la hierba del prado después de la lluvia. Mi polla también lo sabe y se aproxima al punto de máxima erección deseando el momento de su turno. Mi polla no quiere lamerte, no tiene labios ni lengua. Mi polla quiere entrar en las cavernas de tu retorcido entendimiento. En las frustraciones de tu juventud aún no madura del todo, por suerte. Es bueno mantener un fragmento de edad del pavo en la nevera. Si maduramos demasiado nos reblandecemos y caemos al suelo para pudrirnos. No estoy maduro del todo, ni tú tampoco. Es una buena noticia. La madurez, o lo que se considera madurez en esta puta mierda de sistema, no es sino la antesala de cierta respetable senectud con una sonda saliendo de la vejiga y otra entrando hasta el mismísimo estómago. La vejez respetable en estos tiempos de encarnizamiento terapéutico consiste en permanecer vivo a cualquier precio, como si la vida sin disfrutar de la plenitud de potencia y experiencia tuviera sentido. Como si la vida sin vigor y fuerza de toro mereciera ser vivida en una tumbona conectada a aparatos digitales para escribir glosas sobre la puesta de sol. No me jodas, hombre. No me jodas.

Lamo tu coño mientras suena un grupo de los setenta, concretamente de cuando yo tenía 1 año. Mis viejos no escuchaban esas cosas, eran demasiado extrañas para el oído medio del españolito anestesiado por 40 años de dictadura protopeperiana. Por suerte, la red está llena de buen material de épocas pasadas y la verdad es que en los 70, todo un orgullo haber aparecido sobre el planeta en esa década, se llegó bastante lejos pese a lo limitado de los medios. Joder, ahora estamos rodeados de electrónica y posibilidades y el 90% de lo que suena es mierda pura pinchada en un palo. El 90, que quede claro. Siempre hay gente capaz de generar buen sonido, tan sólo ocurre que el porcentaje varía según la época y las motivaciones. Ahora todo está demasiado mediatizado. Ahora el disco ha perdido su valor entitativo para convertirse en una parte más de la campaña de marketing. Ahora el sonido lo puedes conseguir gratis y no todo el mundo sabe ganarse las pelas en directo. Y no todo el mundo tiene un poco de educación musical para pasar de piojosos protohippies (que luego hacen anuncios de El Corte Inglés) o toda esa basura derivada de los ritmos latinos, que no tienen nada que ver ni con nosotros ni con nuestra cultura, todo hay que decirlo.

Lamo tu coño medio drogado. Tuve ansiedad y el doctor me dio una pastilla que no hacía nada. Al añadir un poco de vino la cosa mejoró bastante. Nuestros corazones consiguen sincronizarse cuando mi lamida asciende con cuidado hacia la zona superior de tu coño. Terrenos movedizos, ultrasensibles. Casi ninguna tía sabe hacer una simple paja manual ni efectuar una mamada con el grado de precisión adecuado. Casi ninguno de nosotros sabemos comer un coño en condiciones. Yo le pongo empeño y ciencia. He leído bastante. He comido bastantes. Tengo la impresión de que el paralelismo entre vuestro clítoris y determinada zona de nuestro capullo es evidente. Nada de extremos, sino más bien algo que podríamos llamar espiralidad. Jajaja. Espiralidad. Bonita palabra inexistente. Como tu coño no haciendo círculos, sino dibujando espirales con mi lengua húmeda y a casi 40 grados. Mis papilas gustativas se inundan de tu jugo de puta caliente, y me encanta. Abro los ojos y descubro protuberancias sexuales que me saludan carnosas y resbaladizas. No puedo evitar insinuar mi dedo corazón en tu culo, tan a mano. Parece gustarte la combinación. Al igual que a nosotros nos gusta, a veces, que estimuléis CON CUIDADO nuestro ojete mientras nos la mamáis. Todo es poético. Estamos llenos de terminaciones nerviosas y muchos tabúes culturales. Pasemos de toda esa mierda. Dejémosnos llevar por las sensaciones. Placer sin complejo de culpa. Joder, es tan sencillo que parece mentira que aún no haya sido recogido en algún decreto-ley.

Lamo tu coño hasta que es una marisma de arenas movedizas. Entonces dejo de lamerlo, me incorporo y te meto mi enorme polla de loco hasta la mismísima base de los cojones. De un golpe perfectamente certero y lubricado. Con el impulso de años de frustración y palabras más o menos inspiradas. Y sonidos más o menos desafinados. Ambos vacilamos pulmonarmente cuando esto ocurre. Ambos nos abstenemos de gemir porque más bien necesitamos inspirar, que no expeler. Es el comienzo del baile. El motor con sus 6 cilindros en V está funcionando una vez más a pleno rendimiento. Mientras los rayos queman la iglesia y estalla el congreso de los diputados. Mientras los truenos destruyen las vidrieras de la catedral y las paredes del banco se desmoronan ofreciendo al ciudadano anónimo su parte del botín.

Quizá consigamos uno de esos orgasmos de puta madre antes de que pare de llover. Quizá sea bueno hacerlo en la terraza de la decimoquinta planta empapados de lluvia y electricidad. A lo mejor se nos pasan las ganas de saltar, una vez satisfechos cuerpo y emoción. Una vez colmados los corazones de dicha terrena y sentido de la vida. Estallada la última reserva de óxido de nitrógeno catapultándonos hacia el comienzo de lo que debería ser.

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Sonido: Trilogy (Emerson, Lake and Palmer) - Simplemente espectacular -

5.5.08

Tu carne



Tu carne era tan débil como la mía, pero a mí me gustaba más tu carne que la mía. Nuestras carnes se oxidaban a velocidades similares, matizadas quizá por los nutrientes que más frecuentásemos. Por las drogas que más nos alegrasen en el alegre descenso de la noche. Aunque sólo se trataba de matices sin importancia, de vino y nicotina. De sudor y lágrimas. Ofrecida en la cama junto a la ventana, noches pasadas de años presentes de días futuros, cualquier consideración desaparecía ante la intensidad de tu presencia. Ofrecida tu espalda dorada por el halo crepuscular, mi único deseo era convertirme en calor y sensación mezclándose contigo. Sin pensamientos en círculo. Sin ataques de ansiedad. Sin pánicos ridículos ni vínculos con la pequeña historia que todos arrastramos con cada nuevo aliento.

Tu carne era una de las más deseadas de la ciudad. Me consideraba afortunado por tenerla a mi disposición. Todo era azar y muchas veces el azar generaba combinaciones absurdas. Todo era miedo a la muerte y aceleradas pulsaciones de deseo empujándonos hacia el placer. No había nadie como tú. Absolutamente nadie, pero compartiríamos nuestra materia con cientos antes de morir de aburrimiento, vejez o hastío. Tampoco había nadie como yo, y tú lo sabías. Y me lo susurrabas en el momento de penetrarte sin mayores artificios, tan sólo por el mero placer de volar sin alas. De volar sin paracaídas. De volar deslizando nuestras vísceras calientes entonando una canción solemne y divertida a partes iguales.

Tu carne a veces era la mía, como si algún demonio nos hubiera poseído obrando el milagro. Como si las terminaciones nerviosas pudieran llegar a fusionarse en una sola experiencia de placer abrasador. Era entonces cuando nuestra dualidad de cerebros y sexos se convertía en la misteriosa síntesis a la que hacían referencia tantas religiones y sectas. Yo no era la persona más apropiada para hablar de misticismo. Todos mis presupuestos partían de un materialismo hiperrealista. Sin embargo, el cerebro necesitaba un margen de posibilidad más allá de lo que se puede palpar y experimentar. No quería ni dioses ni gurús ni ídolos mediáticos. Me bastaba con experimentarte una vez más rodeado por la suavidad de tu abrazo.

Tu carne era el sacramento que tantas veces había oído de niño. Tu carne y tu sangre poseían la redención de mi existencia anodina. Mi carne era la monserga que te inculcaron en la escuela. Sí, con un poco de suerte yo también podía convertirme en la redención de tu caótico comportamiento autodestructivo. Porque en realidad nos parecíamos mucho. Porque quizá fuéramos dos iguales descubriendo los cimientos de nuevos tiempos llenos de energía y plenitud. En caso de que todo fallara, siempre sería agradable charlar sobre nuestros estados de apatía y ansiedad.

Tu carne era parte de esta primavera que se parecía más a un verano tibio. Desde que te conocí los ciclos atmosféricos habían perdido el norte. Vivíamos tiempos de confusión y ruido. A veces era delicioso dejarse llevar por el caos. Cerrar los ojos y posponer toda reflexión siniestra para más tarde. Para cuando las carnes se duermen satisfechas de sudor y esperma y jugos vaginales. Carnes impregnadas en la santa saliva del olvido.

Tu carne acabaría muriendo, como la mía, como la carne de todos los que leen esta página. Allá, en la gusanera, confluirían todas nuestras carnes podridas, quizá alegres por una existencia no demasiado dolorosa. Quizá tristes por una existencia anodina y predecible. Todavía faltaba mucho para entonces, aunque entonces fuera mañana. Aunque entonces fuera dentro de cinco minutos. Era preferible respirar hasta el último átomo de vida antes de tirar la toalla y decirnos entre todos hasta luego. Era preferible despojarnos de todo lo aprendido, de los tabúes sociales y culturales. De las tonterías basadas en éxito social y apariencia de riqueza. Era necesario abrir las mentes, las bocas, los coños, los ojetes y los ojos. Abrir también las orejas y disfrutar de los miles de sonidos nuevos que estaban por llegar.

Que nuestras carnes se convirtieran en vuestras carnes y todos participásemos en el banquete más lúbrico que jamás hubiera existido.

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PD: volver de un no-puente. Responder una pila de comentarios atrasados. Reencontrarse con el absurdo. Es primavera, pero parece verano. La noche es suave y se prolongará durante mucho tiempo.

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Sonido: Indus (Dead can dance. Vida y muerte son lesbianas, como diría Corcobado)