12.12.04

Es navidad, ¡consumid, malditos!

Mierda, faltaban más de 10 días para la jodida navidad de los cojones y estábamos siendo intoxicados de publicidad desde principios de noviembre.

Son tiempos estúpidos, estos de la navidad. Tiempos de paradoja. Al mismo tiempo que el Ministerio de Fomento te dice por la tele que no consumas tanta energía, los ayuntamientos se dedican a llenarlo todo con millones de bombillitas de colores para crear ambiente, ya sabes, para que los comercios (previo pago) vean realzadas sus excepcionales ofertas de temporada.

El otro día leí que cada cinco segundos muere un niño de hambre en el mundo, bien, aquí el kilo de angulas está en unos 700 euros. Puedes llamarme demagogo, pero sólo te cuento hechos. Las grandes superficies llevan ya unas cuantas semanas con el ritual. Han sacado de los almacenes toda la morralla decorativa y ves a la gente tan contenta comprando sus bolas, sus belenes, sus árboles, sus espumillones, sus tubos de luz... como un 15% más caros que el año anterior, claro, es la oferta y la demanda.

Hay que consumir de modo salvaje y compulsivo. Es el momento para hacerlo. Es la consigna. Consumir como locos y comprar muchísima de esa entrañable lotería que siempre le toca a otro.

A medida que nos acerquemos al final del año empezará a subir el precio de la uva, porque, joder, es obligación comerse las putas uvas al son que te marque algún graciosísimo presentador televisivo para celebrar la llegada de otra partición subjetiva de tiempo más.

Luego beberemos lo que haga falta y saldremos a la calle a dar alaridos y a felicitar a todo dios, lo conozcamos o no.

Y los juguetes... esos juguetes que valen más de lo que pesan, juguetes fabricados en el mejor de los casos por trabajadores explotados, si estás en occidente, o por niños, si perteneces a alguno de esos países asiáticos donde las multinacionales establecen su salario en cuencos de arroz.

En fin, la repugnante mentira del mundo en que vivimos se hace más patente que nunca en estas fechas. Esa obligación generalizada de estar felices, contentos y arrimados, muy arrimados. Ese pasteleo vomitivo de los anuncios de turrón, de las familias que se reúnen y, en bastantes casos, acaban más próximas a Puerto Hurraco que a cualquiera de las apestosas películas rodadas y puestas en circulación exclusivamente para estos días.

Ahora mismo tenemos en cartelera los típicos productos infantiles de animación, alguna basurilla pretendidamente crítica y no sé cuántas mierdas románticas e insustanciales. Jamás verás en la parrilla televisiva una buena película por navidad. Jamás.

De todos modos a algunos aún les parece escaso todo este ambientazo, así que se dedican a llenar sus terrazas y cristales de cuatrocientas lucecitas, muñequitos de nieve, palomas, estrellas y demás hostias similares.

Estos son los mismos que pasan medio año cagándose en sus compañeros de trabajo y luego van tan contentos a la cena de empresa a sonreír y a lamer culos y a ponerse un poco pedos (y a intentar tocarle el culo a la secretaria de dirección). La navidad es la época preferida de los Baldys carroñeros del mundo (ver post anterior), ya que están en su elemento: todo es más falso y estúpido que nunca.

A diez días de la navidad de los cojones los escépticos somos víctimas de un acoso estético y emocional que roza la agresión. Ahora mismo un chaval acaba de explosionar un petardo justo debajo de mi ventana. Han temblado las paredes. No hay navidad en la que alguno no pierda un par de dedos en alguna experiencia pirotécnica, pero no importa. Las policías de la ciudad lo toleran porque da ambiente, es navidad y se pueden hacer cosas maravillosas. El año que viene el que no tenga suficientes dedos los tirará con la boca.

Siempre he pensado que, en el fondo, esto de la navidad no es más que otra maniobra de distracción. Un gran espectáculo superpuesto al de todos los días para que los verdaderos problemas y la total falta de sentido queden relegados a un plano muy lejano, muy remoto, muy complicado, por si a alguien se le ocurriera ponerse a pensar con eso de la vacación.

Feliz cosa!

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PD: Quimera, gracias por la foto, jaja.

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