24.10.05

Duelo



El mediterráneo es un espejo de pesadilla. La luna se ha metido un chute de heroína y duerme tranquila en la oscuridad. La playa está congelada, como las almas de los que se ahogaron, como el brillo de sus ojos muertos.

Hay una chica en el piso de la calle Naranja. Hay una chica guapa, caliente de sangre y pensamientos obsesivos. Está medio desnuda pese al frío. Le gusta la sensación de la piel erizada. Le excitan los latidos acelerados y las membranas contraídas.

Chico A está al teléfono. Una vez la visitó de improviso, ya sabes, aprovechando un momento de debilidad. Follaron, claro, aunque aquello fue más bien una violación. Una de tantas. El chico del teléfono quiere volver. Tiene bebida y es viernes. Un buen momento para recordar viejos tiempos.

Hay otro chico en el chat. Chico B. Nunca se han visto, ya sabes, aprovechando un momento de debilidad ambos se añadieron a la lista de desconocidos. No follaron, claro, porque el cibersexo no es nada más que mierda estúpida y sin sentido.

El chico del chat sabe que el del teléfono va a volver a hacerlo. Mierda, él también tiene bebida, y una polla literaria sin comparación posible.
El chico del teléfono sabe que el del chat va a intentar hacerlo. Mierda, él también tiene polla, y una botella verde llena de alcohol.

Un buen momento para arreglar futuras afrentas.

La chica de la calle Naranja disfruta por un momento del poder que supone saberse deseada. Sabe que ambos están por la labor. Ambos quieren olvidar mediante la carne desatada. Ambos quieren beber de su sed. Ambos matarían por una caricia. Ella percibe un sabor extraño en el fondo de la garganta. Debe de ser la leve ansiedad por lo desconocido tantas veces probado. Debe de ser ese hastío llamado vida.

Los dos chicos coinciden en el mismo portal de la calle Naranja. Uno lleva una botella de vino aceptable. El otro lleva una botella de vino de puta madre. Ambos tienen problemas. Sólo uno de los vinos podrá llegar arriba. Ella sólo beberá de uno de los dos vinos.

Brillan las navajas a la la luz de la luna yonqui. Cortan el aire los filos oxidados. La playa ruge de alegría. Los ahogados sonríen desde sus cuencas enmohecidas. Chico B rasga la mejilla a chico A. Chico A corta el hombro de chico B. La noche es una gota de sangre impregnada en deseo. La noche es la muerte escondida tras las esquinas.

De repente, uno de los chicos alcanza al otro en el cuello. Brota la sangre a intervalos rítmicos. De repente, uno de los chicos hunde su filo en el pecho del otro. Brota la sangre a intervalos cíclicos. De repente, como en un sueño, ambos se desploman en mitad de la calle.

La chica del piso de la calle Naranja lo ha visto todo desde la ventana. La chica del piso de la calle Naranja baja corriendo las escaleras. Allí están los dos chicos, fríos y solitarios. Ella coge las dos botellas de vino y vuelve a su habitación.

Ahora sólo puede bebérselas.

15 Comentarios:

Dosjerez dijo...

La chica, o quizás los chicos, o quizás todos, no cayeron en la cuenta que tres puede ser un número perfecto...

Southmac dijo...

Quizá por eso, dosjerez, acabaron los tres asfixiados por un infierno de exclusividad ;)

Walewsca dijo...

Yo estoy contigo dosjerez. El problema de la gente de hoy es que no saben compartir :P

yo-yo dijo...

Menos mal que todo lo bueno no ha desaparecido. Aquí te mandamos un saludo yo y yo para ver que sigues vivo no solo en tu mente.

Saludos.

noemi dijo...

Por eso hay que hacer todo lo posible para que todos nuestros amores tengan su tiempo y NO se junten .

:)

illa dijo...

Me ha recordado a la canción de Mecano.

Southmac dijo...

Walewska, y... ¿por qué limitarlo a tres?

Hola tú y tú. Todo sigue como hace unos meses. Mala señal, jaja.

Noemí, desgraciadamente el azar es demasiado poderoso como para no jugarnos sorprendentes pasadas.

Illa, jaja, no era mi intención, desde luego.

Folken dijo...

Que pena que a la mujer de la calle naranja no le vayan los trios necrófilos, habría disfrutado increiblemente.

Larha dijo...

A veces... siempre, eres brutal.

Moonsa dijo...

Descarnado pero muy bueno.

Anónimo dijo...

El hastío de vida, la soledad entre la muchedumbre, la podredumbre, la herrumbre...el sexo que todo lo regenera, el poder narcótico de un buen polvo para olvidar, olvidar para qué coño estamos aquí, y antes de darnos cuenta que no estamos para nada en especial, estallar en letras borrachas de duelos...y sonreir, un rato.

Lia

Hombre_Ratón dijo...

Me ha recordado muchísimo a un documental: La Mantis Religiosa, vuelve a su hoja arrastrando dos botellas en cada una de sus patas frontales.

Me ha encantado encontrarme con este blog, un placer leerte.

Southmac dijo...

Hola, Hombre Ratón. Sí, de algún modo también me recuerda a una mantis, aunque los chavales fueran culpables en última instancia de representar el eterno drama por el coño de turno, jajaja.

Lía, estallemos.

Moonsa, siempre me quedo corto. Es por un golpe que me di en la cabeza de pequeño.

Sinmás, no. No lo soy. La vida, esa cabrona sí que es brutal.

Folken, a la mujer de la calle naranja le gustan los cuerpos en movimiento. Para necrologías ya tenemos a Marla, Jostar y sus destrucciones mutuamente aseguradas.

toshiro dijo...

Genial.
Los callejones ambivalentes en los que nos encierran los deseos.
Abrazos

Southmac dijo...

Callejones de vidrio y sangre, Toshiro.

Sí, un abrazo.