Atardecía en Japón mientras los teléfonos móviles creaban interferencias en nuestros cerebros colapsados. Atardecía en Japón, algo imposible considerando que era la tierra del Sol Naciente... pero atardecía, sí, como en todos los sitios, como en todas las jodidas culturas. Siempre acababa atardeciendo y Katsumi lo sabía porque era un alma sensible. Delicada joven del oriente moderno, capitalizado y colonizado. Honor a cambio de resultados. Sabiduría a cambio de beneficios. Katsumi trabajaba en una multinacional y estaba siendo explotada igual que yo y algunos de vosotros.
Pero, por suerte, el presente no importaba un pijo. La tarde era igual de mágica pese al paso del tiempo. Igual de intenso el declinar del sol sobre nuestras nucas. Igual de somnoliento ese gigantesco ojete rojo de fuego termonuclear recordándonos la caducidad que nos hermanaba a todos. Había dos tipos de persona sobre la superficie del planeta. Los que pensaban demasiado en el futuro y los que permanecían atrapados en el pasado. Yo, y algunos de vosotros, nos desenvolvíamos con alegría en esa zona media llamada hoy. Llamada ahora. Después ya veremos, era nuestro lema. Luego ya se verá, era el corolario de nuestro lema.
Katsumi había llegado a casa tras la jornada de 10 horas. Cansancio y una ducha, o mejor, un buen baño lleno de calma, sales y música sedante. Katsumi era sensual en todos sus movimientos. Poseía el erotismo inconsciente de las antiguas geishas. Oriente prevaleciendo sobre occidente, superando al estúpido materialismo carnal de occidente. Porque a veces las grandes derrotas daban paso a fortalezas invencibles. Porque a veces era necesario caer y arrastrarse por el barro para resurgir purificado y energético. Katsumi disfrutaba de los pequeños placeres con el empeño de siglos. Más allá de los fanatismos que siempre acababan por enturbiar cualquier cultura, esos que enterrar y olvidar a merced de los exquisitos instintos carnales.
Katsumi sabía abstraerse de los problemas cotidianos cuando llegaba el momento adecuado. Era una forma de inteligencia. Demasiada gente arrastraba sus agonías laborales al interior de los pequeños pisos-nicho. Ella era más sutil. A veces la intuición era el último resquicio del instinto de supervivencia, y la gente próxima acababa por percibirlo. Sus amigos sabían que se estaba bien a su lado, porque el que sabe satisfacerse suele saber dárselo a los demás. Porque el que disfruta consigo mismo suele saber hacer disfrutar al otro.
Y es que Katsumi sabía comerlo despacio, sintiendo la colisión de los dos calores básicos, el de su boca y el del objeto de deseo. Katsumi sabía coordinar temperaturas, texturas y densidades. Comprendía la física molecular casi tanto como a la vida, pese a su atractiva juventud, porque hay cosas que sólo se llevan en los genes. Porque hay matices que no pueden aprenderse ni imitarse grotescamente.
El ritmo era fundamental. Sin sobresaltos. Con la cadencia apropiada y la pasión adaptándose a los latidos de los corazones en llamas. Sin excesos cortantes o succión excesiva. Sin prisa, requerimientos u obligaciones. Katsumi sentía la alegría invadiendo su bonito cuerpo cuando su boca entraba en contacto con la presencia que la penetraba. Tomando aire de un modo armonioso, casi ritual, sin importar que el inoportuno móvil la sacara de la concentración requerida para llegar hasta el final.
El sexo era una forma de gastronomía donde las numerosas materias primas tenían que ser de calidad, aunque de nada servía el mejor material del mundo si el proceso de elaboración, el amor en la ejecución de las sagradas normas, no era el adecuado. La multiplicidad de matices, colores, sabores, puntos de cocción y abrasión. Sangres que hierven y corazones que rozan la zona peligrosa del tacómetro. El sexo era una religión para iniciados, un viaje al extrarradio de la consciencia al que había que acudir con las maletas ligeras de carga.
Katsumi sabía todas estas cosas, por eso era una maestra a la hora de sincronizar los tiempos justos, los tiempos correctos. En el placer y en la existencia, la sincronización era algo así como el sentido y la causa, ya que el mejor plato podía quedar arruinado en el mejor restaurante. En la mejor boca degustando el mejor sexo por un comensal descuidado al que habría que castigar de un modo tan exquisito como sólo los orientales sabían hacerlo: torturándolo hasta matarlo de placer o de risa.
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PS: sí, ya sé que Katsumi es el nombre de una conocida actriz porno especializada en escenas de sexo anal... pero al ver el anuncio, hummmmmmmmm, digamos que tengo poca imaginación para los nombres orientales ;)



7 Comentarios:
Tengo verdadera atraccion por lo oriental pero nunca habia leido antes un texto asi...
Por cierto, siento mucho lo de tu golpe en la cabeza... espero no fuera muy grave.
Bufff menuda forma de narrar y describir la tuya, magnífico relato de verdad, me ha enganchado!!!!!!!!
Besiñossss!!!
Que maravilla. Vuelvo tras un tiempo y me encuentro con la poyamorfosis y con el más famoso de los anuncios de Ramen (creo que es ramen eso que anuncia).
La tortura de Katsumi debe ser tan sutilmente similar a su acción, que da igual cruzar la linea que las separa.
PD: La poyamorfosis me ha parecido sublime, con todos sus cambios de ritmo y surrealismo. Delicado se ha vuelto usté jajajaja. Muy bueno.
Voy a intentar recordar algunas de estas recomendaciones de sutileza y ritmo la próxima vez que vaya a comerme algo, evitando ansiedades.
Exagerada, estoy seguro de que el afortunado alimento te lo agradecerá con creces :P
Hola Folken. Unos vienen otros se van, jaja. Bueno, ni puta idea de la marca de fideos. Esto lo encontré en Youtube buscando en plan "erotic comercial" y me gustó el modo de montárselo de la joven oriental. Era necesaria un poco de calma tras la conversión en polla.
Gracias, Lulú. A mí me encanta tu nick. Así empiezan las historias más pornográficas, jjajajaj
Bueno, Alicia, a mí también me interesa mucho toda esa inmensa cultura que, por cierto, acabará predominando en el planeta. Espero que para entonces no estén tan jodidamente contaminados por el sueño americano que se conviertan en una perpetuación de lo que ya hay. En cuanto el golpe en la cabeza, no te preocupes. Tan sólo acentuó mi ya de por sí marcada subnormalidad :D
lA BONITA Katsumi haciendo cositas... eso si que es bonito. ¿Que tiene de malo lo bueno?
O si, saludos veraniegos y tal Pascual al escritos veraniego y perenne.
El sexo era una forma de gastronomía donde las numerosas materias primas tenían que ser de calidad, aunque de nada servía el mejor material del mundo si el proceso de elaboración, el amor en la ejecución de las sagradas normas, no era el adecuado."
impre:deberia enseñarse esto en las escuelas!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
respecto a lo demas....es fantastico cundo tu lengua..y tu boca se vuelven el cronometro de otro cuerpo!!!!
brissas de invierno ,refrigeren tu ciudad...para darte un respiro!!!
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