28.9.06

Una cuestión musical



El chaval se había comprado un Seat León a plazos. Lo importante era el número de caballos y tunearlo lo antes posible. El chaval se había comprado un amplificador tan grande como un barril de cerveza para ponerlo en el maletero. Lo importante era el número de decibelios. Que temblaran los cristales de la gente en las madrugadas de otoño. El chaval era un comemierda con 19 años de experiencia en el DNI. Su curro consistía en recoger los despojos que el carnicero Ramón descartaba en su alegre baño de sangre cotidiano.

El carnicero Ramón era un puto psicópata reconvertido. En el pasado había tenido problemas trabajando en el sector sanitario, así que haciendo uso de sus amigos del sindicato había esquivado las denuncias por homicidio dedicándose a una actividad similar a la que realizaba antes, aunque con pacientes diferentes. Los animales muertos no podían denunciar.

El ex doctor Ramón pagaba una mierda al chaval, pero en la España de hoy eso no era impedimento para poder adquirir pisos de 400.000 euros y hasta deportivos descapotables. El caso era ser como los anuncios televisivos, de ahí el incremento de las enfermedades de transmisión sexual. Los chavales no podían pagar a plazos la zorra del anuncio, así que se iban de putas y luego presumían de lo implicada que era la trabajadora en cuestión según la cantidad de lengua que hubieran podido degustar tras 300 o 400 compañeros de cama y carga vírica. La puta que frecuentaba nuestro chaval se llamaba Mariana.

Mariana era una puta muy limpia que presumía de haberse tirado a todos los jóvenes del barrio. No había peligro con Mariana, ya que se lavaba concienzudamente antes y después del polvo. Mariana estaba muy segura de sí misma, por eso sólo se la chupaba sin goma a sus preferidos. Por ejemplo, al chavalín ese del Seat León, ya sabes, el del bakalao a toda hostia.

Pero, en fin, el viernes era el día grande para la chiquillería. El curro acababa y quedaban por delante un par de noches de droga y ruido atronador. Sí, nuestro chaval no follaba nada, de ahí la necesidad de joder a la puta Mariana, y al resto de la gente, con su mierda de amplificador sobredimensionado. La música que sonaba por sus pantallas de saldo no valía una puta mierda. Nuestro chico se nutría básicamente de Máxima FM y demás emisoras basadas en endiosar a listillos que ganaban una pasta asesinando éxitos de todos los tiempos con sus potentes ordenadores. Al inventor del sampler había que castrarlo para que no hubiera más como él. A los locutores de semejante engendro bastaría con cortarles las cuerdas para que dejaran de graznar memeces.

Pero no todo eran rosas en el basurero de la vida. Aquel viernes había sido un día muy duro para el camionero José. Tras varios años de convivencia, había descubierto que su novia se estaba tirando a su mejor amigo. Jodida puta. Jodido cabrón. A José también le habían despedido de la empresa de transportes internacionales. Por cierto, el médico había interpretado el TAC que le habían practicado por esos dolores de cabeza persistentes y José tenía un tumor cerebral del tamaño de una mandarina. Quizá las mandarinas fueran una mierda. Quizá todo eso de la vitamina C era una estratagema de los poderes fácticos para matarnos a todos.

El camionero José era un amante de la música clásica. Le gustaba especialmente la ópera. Esa había sido la causa de su despido. Ir con su camión de nitrógeno líquido a 160 bajando el puerto de montaña en un arrebato de pasión por la Carmen de Bizet. Maravillosa la música y malditos los picoletos que le hicieron la foto a traición. Pero claro, esa gentuza solía ser así de contundente con el ciudadano. Por la tele veíamos a todas horas que los chorizos de marca mayor siempre arreglaban sus diferencias con la ley civilizadamente: a golpe de talonario.

El camionero José estaba de vuelta en la ciudad. Aquel era su último viaje. La vida sólo era una broma pesada. Una opereta menor. Una jodida zarzuela. La avenida de los Poblados estaba despejada a esa hora de la noche. La avenida de los Poblados se llamaba así porque en tiempos hubo muchos asentamientos chabolistas. Ahora un ático allí valía 80 de los antiguos kilos, o quizá 100. La gente era tonta del culo. La gente aún no había salido de marcha con sus coches borrachos de ruido y hormonas del crecimiento. Todos cenaban tranquilos, salvo nuestro chaval. Las ganas de pilotar el León a toda hostia, con las ventanillas bajadas, eran más imperiosas que la necesidad de ingerir alimento. Quería ser el rey de la pista. El puto amo.

José y el chaval se conocieron en un semáforo de esa avenida. José iba escuchando a don Giovanni (el jodido Mozart sí que era el amo absoluto) y nuestro chaval una versión obscenamente machacada de Oldfield (Moonlight shadow) que parecía haber sido pasada por una turmix. La potencia de su amplificador era muy superior a la del modesto autorradio de José, así que en un momento determinado cruzaron sus miradas, riéndose el bakaladero, odiando profundamente José.

El semáforo se puso en verde y el Seat León salió de allí quemando rueda. De cero a cien en un ratito, pero el ruido, joder el ruido del tubarro era la hostia de bonito. Parecía un fórmula uno, ese puto Seat de mierda. Un jodido fórmula uno. José sintió un leve mareo mientras se le aceleraba el pulso. A lo mejor era el tumor cerebral, a lo mejor era la mala hostia que le había provocado aquel niñato de papá.

Unos doscientos metros más allá otro semáforo se puso en rojo. El chaval frenó chirriando rueda, asustando a una pareja de viejos que estaba cruzando correctamente. José lo vió todo desde la distancia, pues su tráiler de 40 toneladas no tenía la aceleración de un turismo. Pero lo vio todo. Vio al niñato apurando la frenada, a los viejos asustados, sin saber si regresar a la acera o seguir adelante. José vio el miedo que era vivir. El horror de la soledad y la muerte. La tristeza de las relaciones humanas y el ansia de perdurar contra todo pronóstico.

Quizá por esa sucesión de acontecimientos, José tuvo una inspiración repentina y pisó a fondo el acelerador del camión. El objetivo estaba perfectamente definido. Un seat León rojo. El chaval lo vio venir por el retrovisor. Fue rápido y brutal. Conciso como una apisonadora. La mole de acero aplastó al Seat como si fuera una puta caja de cerillas. Los sesos del chaval salieron disparados por la ventana como solía ocurrirle a su jefe al partir los cráneos de cordero en mal estado. José arrastró al Seat León durante casi un kilómetro partiéndose el culo de risa, subiendo el volumen del aria La ci darem la mano, recordando melancólico los buenos momentos con la zorra que le había traicionado.

Los vejetes que habían estado a punto de ser atropellados aplaudieron solemnemente desde un lugar seguro.


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PS: la banda sonora esta vez es de Mozart. Don Giovanni. Belleza en estado puro. Morbo tan delicado y perfecto como ebrio de buen vino.

26 Comentarios:

A pesar de mí dijo...

La narración está protagonizada por acciones que serían censurables, moral y legalmente -incluyendo a los viejos que aplauden el violento abordaje- pero has logrado que se comprendan las motivaciones de cada personaje de forma que, salvo el coñazo del bakalao a toda hostia, las hacen mucho menos censurables, casi lógicas y naturales.

Muy buena historia. Saludos.

sinfo dijo...

Impactá me has dejao, como si me hubiera encontrado de frente con José mismamente.
Eres bueno, muchacho.

Sir Alsen Bert dijo...

Joder, qué bueno. Joder, joder, joder...
Me pido ser camionero suicida en la otra vida.
Calla, que voy a leerlo otra vez...

Plas, Plas, Plas.

Irene dijo...

¡Qué tensión! Se veía venir el embite pero aún así siempre estremece. A veces impacta más lo que se sabe que va a venir que lo inesperado, porque nadie sabe el momento en que pasará, solo el que lo escribió.

Ánimo que mañana es viernes y ya podéis sacar vuestros Seats maquineros jejeje

Violeta dijo...

Me he quedado como si un camión apisonadora me hubiera pasado por encima, la amalgama granítica del asfalto y la sangre viscosa formando un cuadro abstracto de significados que van más allá de lo incomprensible, más allá de lo posible e imposible…
Tú...¿estás bien?

MARCO POLO dijo...

Estimado impresentable
Yo vivo en el barrio del tunning. debajo de mi balcón hay una casa de montaje de autorradios, spoilers, etc.
Nunca he entendido esta moda, peo supongo que la necesidad de aparentar, de tener algo en propiedad que no puede ser un inalcanzable ático, lleva a todo esto. Si lo mezclamos con la puta sociedad de consumo y lo agitamos. A joderse todos.
Un saludo

Ajamuk dijo...

Enhorabuena, has conseguido estremecerme hasta el infinito, acelerar mi pulso como si mi X fuera en ese camion, realismo, lo he visto todo desde la ventana de mi ordenador, majestuoso.
Bravo y sigue escribiendo.

Begoñita dijo...

joderrrr, vaya final.
Otra vez más me ha encantado.
Mis felicitaciones señor impresentable

Sir Alsen Bert dijo...

A ver, esto hay que explotarlo. Con tu permiso le envío el texto a un hermano mío que recientemente ha ganado otro cuarto de kilo con un corto y a ver qué me dice.

El texto es una mina. En el caso de que se anime y se inspire a hacer algo os pongo en contacto y habláis de derechos de autor y esas cosas.

Anónimo dijo...

gracias por regalarnos perlas como esta.

Southmac dijo...

Xavi, es un placer hacerlo, créeme.

Vale, Alsen. Tú envíalo a ver si entre todos conseguimos una alternativa a la cultura oficial ;)

Gracias, Begoñita. Te recuerdo que me debes una foto :P (jaja)

Joder, Carlos, me alegra que te haya llegado la historia con tanta intensidad. Sí, seguiré escribiendo mientras pueda sacar esos ratos de la ausencia de tiempo...

Marco Polo, yo no tengo un taller de tuneado debajo de casa, pero sí una panda de usuarios mongolizados que me joden la existencia con sus tubarros y sus bafles a toda hostia a todas horas.

Jaja, Violeta, bonita mezcla de sangre asfaltada. Sí, estoy bien. No tengo los problemas del camionero, aunque sí me gusta la música que escucha :D

En efecto, Irene, el lujo de escribirlo es dosificar los tiempos y barajar las posibilidades. Bueno, he visto suficientes barbaridades automovilísticas protagonizadas por los nenes del tuning como para ponerme inmediatamente de parte del camionero. Ha sido divertido.

Jjajaj, Albert, lo bonito de la historia es que, realmente, un tráiler puede arrastrar a un utilitario durante un buen rato sin que le pase nada AL CAMIONERO, claro, jajajajaj

Bueno, sinfo, encantado de conocerte. Ehmmm, ¿eres de Madrid? :P

Hombre, a pesar de ti, legalmente hablando está claro que no podemos ir por ahí aplastando bakaladeros, pero para eso sirve la ficción literaria. En lo moral, sin embargo, discrepo. No creo que haya nada reprobable moralmente. Claro que yo sólo soy un jodido relativista.

Miranda dijo...

COJONUDO!

Me siento totalmente identificada con el camionero, claro que en vez de Mozart igual ponía algo de Bach para órgano, la sonata trío, por ejemplo, pero eso son manías.

Cojonudo, South. Eres un crack.

Beso.
M.

pau dijo...

Lo del Mozart es la leche.
Me sorprendes.
Lo de los vejetes aplaudiendo también.

RUBENON dijo...

Que manera más fría de expresar la realidad, que realismo tan brutal inspiras. Me suena tu forma de escribir, es mucho preguntar si has sido colaborador de alguna pagina con tus letras? Todo me dice que ambos sois la misma persona. Espero tu "Replica". Un saludo

Alicia Liddell dijo...

Me ha dejado paralizado el cuerpo y la mente a 4.500 rpm. Lo veo, veo una película. Las historias paralelas, el demonio en la carretera, el tunero, el cirujano reconvertido en matarife ... Es una historia redonda. Si fuera productora de cine se la compraba ya.

Anónimo dijo...

Muy flojito el texto, lo siento. Quizás podrás convencer a la chusma que frecuenta tu blog, pero ten presente que se trata en su mayoría de gente con evidentes carencias afectivas y dificultades en las relaciones sociales.

begoñita dijo...

USUARIO ANONIMO: no tienes por qué sentir que el texto te parezca flojito. Cada uno tiene sus gustos, sin más.
Y respecto a lo que dices de los que leemos el blog frecuentemente, me río a carcajada limpia. Según tú soy chusma con carencias afectivas y dificultades en las relaciones sociales...muy interesante tu conclusión sico-sociológica basada en...la nada????. O quizás tienes una bolita mágica? Va a ser eso.
Bueno adios

Tzarel dijo...

Si fuera flojo el relato, no me convocaría a dejar un comentario. Tiene plasticidad y es rotunda la sensación análoga a la que produce ver una película ágil, satisfactoria cuando te dices: "la recordaré".
Se recuerda, se quiere recordar lo que gusta al borde de lo pasional, se recuerda sin gran esfuerzo, porque lo visto, lo leído, ha tomado parte de nosotros. Se convierte en inolvidable.
Saludos tzarianos.

Southmac dijo...

Joder, Tzarel, es como si hubieras escrito la jodida contraportada de un libro inexistente. Gracias.

Begoñita, a mí me encanta la chusma con carencias afectivas. ¿Tomamos un té?

Usuario anónimo, si no te gusta, no lo leas. Pero, por favor, no caigas en el error de pensar que todos somos basura, como tú.

Bueno, Alicia, admito donativos, ya sabes, hay que pagar la red, la luz, el agua, los condones...

Rubenon, gracias, pero no. No he colaborado nunca en ningún sitio, ni real ni virtual. Me gustaría saber a quién te he recordado, ya sabes, morbo insano.

Pau, hay tanta buena música de tantos jodidos géneros que uno siempre acaba recurriendo a los que nunca fallan, jaja. Lo de los vejetes aplaudiendo está basado en la realidad. Un chaval en moto se saltó un semáforo, rozando a los peatones, y se descojonó contra una tapia. Los viejos que había a mi lado dijeron en voz alta algo así como, "aún hay JUSTICIA", y yo me fui de allí corriendo, jajja

Miranda, sí, Bach tampoco habría estado mal, lo que pasa es que preferí el dúo este de Mozart por aquello de recordar los tiempos pasados con la amante traidora.

Anjana *Octubre* dijo...

Más de un puto camión me cogía yo y más de un puto seat león que me llevaba por delante. Acepto la propuesta de que la banda sonora sea música clásica, el placer serás más intenso aún.

Tzarel dijo...

:) O sea que soy bueno en materia de presentaciones de solapas de libros. Todo inexistente

impresentable,

inimaginable.

Me siento extraño.

:)

Folken dijo...

Me recuerda a un tío mio que es camionero y a veces lleva ópera en el camión... Aunque no me lo imagino destrozando a un mascahapas...

Sir Alsen Bert dijo...

South, se está evaluando la producción del posible corto. Tiene demasiado detalles y para él que está empezando es pelín inasequible. Eso sí, me ha gritado que la escena es brutal, -dice mi hermano el Coppola-.

Southmac dijo...

Bueno Albert, todo se andará. En realidad es bueno tener la sensación de que todos estamos empezando algo, si no la cosa podría volverse tremendamente aburrida ;)

Folken, si yo fuera camionero me gustaría llevar ópera en el camión. Y sinfonías. Lo de aplastar bakaladeros dependería del día.

Tzarel, hombre tampoco te lo tomes literalmente. Me recordó a una reseña de esas que uno no puede evitar leer antes de acabar el libro con el consiguiente riesgo, ya sabes. En cualquier caso sentirse extraño es de puta madre. Yo casi siempre me siento extraño...

Anjana, pues cuando quieras me avisas, porque tengo un buen repertorio de músicas apropiadas, jaja

Sir Alsen Bert dijo...

Es que es muy bueno. A mi me enerva este relato...

bernard-louis dijo...

Y joder, de nuevo por aquí.
Acabo de subirlo a la mesa de redacción de la editorial virtual a la que estoy alistado hasta final de año. Después viene la real. Si gusta el relato te lo comunico para pedirte permiso para publicarlo en la antología de relatos que te comenté hace tiempo.

Nos leemos.
Saludos.