25.5.08

La felicidad es pasajera



Rodolfo y Angélica eran una pareja modélica. Atractivos. Entre los 30 y los 40 su pinta era excelente. Se cuidaban. Sabían lo que comer y lo que beber para no pudrirse por dentro antes de tiempo. Sabían que el exceso de deporte era peligroso. Que un poco de alcohol y humo no tenía por qué sentar mal. Follaban con frecuencia. Les gustaba follar. El sexo podía ser una bendición o un infierno dependiendo de la compañía que la suerte o la desdicha te hubieran reservado. En ese sentido, Rodolfo y Angélica eran afortunados. Ambos sabían follar y disfrutaban haciéndolo. Ambos estaban sanos y les inspiraba deseo el cuerpo del otro. Follaban mucho y con intensidad creciente, y eso que llevaban juntos más de 5 años.

En lo laboral también eran afortunados Rodolfo y Angélica. Habían conseguido buenos trabajos, lo que significaba la dedicación justa y un salario aceptable. El piso en el que vivían era bonito y soleado. Lo habían comprado justo un año antes de que los precios empezasen a subir por culpa de los especuladores y el último gobierno del PP. Hasta en eso habían sido afortunados. Ya casi habían pagado los escasos 15 millones de pesetas de aquella época. Ahora su bloque estaba plagado de carteles de SE VENDE por no menos de 200.000 euros. Lo llevaban claro los especuladores que aún no se hubieran arruinado. Ni dios iba a comprar un piso en España hasta, por lo menos, 2010.

Rodolfo y Angélica disfrutaban también de unas amistades agradables. Viejos compañeros de facultad, trabajo y aficiones comunes. Eran liberales en cuanto a sexo. Si realmente querías a alguien, lo peor que podías hacer era imponerle esa cosa tan trillada llamada fidelidad. Si realmente querías a alguien no tenía sentido cortar sus alas. Tanto Rodolfo como Angélica tenían la autoestima alta y sabían que su pareja no iba a encontrar a nadie mejor, por mucho que follase por ahí de vez en cuando. Actuando de este modo habían descubierto que el tiempo, en vez de separar, une. Y que la pasión, lejos de enfriarse, puede permanecer inalterable siempre que la alimentes de libertad y deseo. La vida humana era demasiado corta como para complicarla con estúpidas pasiones basadas en un equivocado sentido de la pertenencia.

La felicidad era posible, sin duda. Buena salud, buen trabajo y relaciones afectivas satisfactorias, por no hablar del siempre necesario sexo en condiciones. Pero, además, Rodolfo y Angélica solían ver buen cine cada noche después de cenar. Hacía una eternidad que no seguían la programación televisiva. La red les había permitido crear su propio videoclub de alto nivel. Esa noche les había apetecido recordar la grandiosa película de Kubrick titulada El Resplandor, basada en uno de los pocos libros decentes del prolífico Stephen King. Disfrutaron enormemente del terror en estado puro que emana el viejo hotel aislado por la nieve, y de la progresiva locura del inmenso Nicholson yéndosele el gesto casi tanto como la olla.

Rodolfo se había tomado un par de vinos disfrutando de la película y del abrazo de Angélica, especialmente intenso en los momentos más inquietantes. Ambos se dieron un beso lascivo aprovechando los títulos de crédito finales. Entonces Rodolfo se levantó del sofá con la intención de ir al baño, pero en medio del pasillo algo le obligó a abrir la puerta del trastero donde guardaba la caja de herramientas. El martillo era grande y pesado. La empuñadura de madera resultaba agradable al tacto. La cabeza de hierro oscuro resultaba reconfortante. Rodolfo regresó al salón y reventó el cráneo de Angélica a martillazos. No sabía por qué lo hacía, pero la sensación era voluptuosa. Necesaria.

Cuando acabó todo, el salón estaba lleno de sangre y pequeños fragmentos de masa encefálica. Rodolfo encendió un cigarro y se quedó allí muy tranquilo acariciando el cuerpo muerto de Angélica. La felicidad es pasajera, murmuró Rodolfo durante horas. Incluso cuando se lo llevó la policía no podía dejar de repetirlo. La felicidad es pasajera. Tras varios años en el psiquiátrico penitenciario seguía repitiéndolo. La felicidad es pasajera. A veces acompañaba su letanía con una serie de violentos cabezazos contra la pared acolchada de su celda. La felicidad es pasajera. La felicidad es pasajera. La felicidad es pasajera.

Quizá tuviera razón.

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Sonido: Remember a day (Pink Floyd)

10 Comentarios:

Trelles dijo...

¿Oye esa foto de donde la has sacado? Que miedo.

el_Vania dijo...

Rodolfo Chikilicuatre, evidentemente...
Jajajaa.. bromas aparte, la foto es brutal. Casí mejor que la anterior, que ya es decir.
Hay que ver... qué cojones pasaría por la cabeza de Rodo para hacerle el chikichiki al cráneo de Angélica...
Pero eso, imagino, que solo lo sabes tú.
¿O es que Angélica se apellidaba Uribarri?
Salud/OS eurovisivos...

Leonor dijo...

Sera que somos una multitud de figuradas cosas... sera que somos un ramplón caso de afirmaciones falsas...sera por eso que la felicidad es pasajera?.
Buenas tus letras

Diana dijo...

Joder, vaya foto. Esta noche no duermo.

E.S.D.V dijo...

la felicidad es pasajera.... aunque siempre vuelve (a no ser que te encierren en un manicomío por cargarte a tu novia a martillazos)

LuisGui dijo...

No estoy seguro de haberlo dicho antes... ¿Lo he dicho? Tus relatos me parecen deliciosamente perturbadores. Hay tanta pulcritud, sencillez, ironía, desparpajo.

Me hacía falta leerte.

Xiren dijo...

Es pasajera, sí. Pero no para Angélica, gracias al cabrón de su novio. Ains.
Cojonudo, cheri.

The sea, the sky, the dust dijo...

La felicidad es pasajera, quizá si existe ni que sea por un instante. Al menos en ese instante en el que te corres en la boca de esa chica que tanto te gusta.

pau dijo...

Cuando más me gustaban y mejor me sentía... vas y los matas, porque eso es matarlos a los dos.
Y lo peor es que mi compañera se traga todo Stephen King que cae en sus manos (creo que los tengo todos).
¿Ahora qué hago?
¿La mato antes por si acaso, o espero que lo haga ella?
La leche... Con lo bien que follamos.

Southmac dijo...

Pau, creo que tenemos un problema. ¿Has notado si a tu compañera le brillan los ojos de un modo extraño en mitad de una de estas noches de tormenta que estamos teniendo?
Si es así, prepara el hacha.

Sea, sky, dust, eres un poeta.

Xiren, quizá Angélica se ahorró la decrepitud y la enfermedad. Rodolfo en cambio languideció largos años en su celda acolchada murmurando incongruencias. Diferentes modos de apreciar lo fugaz de las situaciones intensas. Agsf, jajaja

Luisgui, gracias, hombre. De momento es gratis, aprovéchalo, jaja

E.s.d.v, quien sabe, quizá Rodolfo encontró con el paso de los años y el deterioro de su cerebro algún tipo de felicidad basada en la total aniquilación de sí mismo.

Diana, en efecto, es una bonita foto para tenerla de fondo de pantalla.

Leonor, probablemente seamos un puñado de contradicciones en constante lucha por no desmoronarse.

Vania, lo de los paralelismos eurovisivos es pa matarte, jaja. No sé, la verdad. En los libros de King la gente se vuelve loca con gran naturalidad. Creo que eso es acertado. Muchas veces vemos por la tele al asesino en serie y todos sus vecinos lo consideraban una bellísima persona. Bueno, quizá lo fuera. Una cosa no quita a la otra.

Trelles, pues de Mr. Google Image. Metes términos raros en el buscador y a veces encuentras cosas así. Creo que esto era obra de un ruso, pero no tomé nota en su momento y ahora lo lamento...