5.5.08

Tu carne



Tu carne era tan débil como la mía, pero a mí me gustaba más tu carne que la mía. Nuestras carnes se oxidaban a velocidades similares, matizadas quizá por los nutrientes que más frecuentásemos. Por las drogas que más nos alegrasen en el alegre descenso de la noche. Aunque sólo se trataba de matices sin importancia, de vino y nicotina. De sudor y lágrimas. Ofrecida en la cama junto a la ventana, noches pasadas de años presentes de días futuros, cualquier consideración desaparecía ante la intensidad de tu presencia. Ofrecida tu espalda dorada por el halo crepuscular, mi único deseo era convertirme en calor y sensación mezclándose contigo. Sin pensamientos en círculo. Sin ataques de ansiedad. Sin pánicos ridículos ni vínculos con la pequeña historia que todos arrastramos con cada nuevo aliento.

Tu carne era una de las más deseadas de la ciudad. Me consideraba afortunado por tenerla a mi disposición. Todo era azar y muchas veces el azar generaba combinaciones absurdas. Todo era miedo a la muerte y aceleradas pulsaciones de deseo empujándonos hacia el placer. No había nadie como tú. Absolutamente nadie, pero compartiríamos nuestra materia con cientos antes de morir de aburrimiento, vejez o hastío. Tampoco había nadie como yo, y tú lo sabías. Y me lo susurrabas en el momento de penetrarte sin mayores artificios, tan sólo por el mero placer de volar sin alas. De volar sin paracaídas. De volar deslizando nuestras vísceras calientes entonando una canción solemne y divertida a partes iguales.

Tu carne a veces era la mía, como si algún demonio nos hubiera poseído obrando el milagro. Como si las terminaciones nerviosas pudieran llegar a fusionarse en una sola experiencia de placer abrasador. Era entonces cuando nuestra dualidad de cerebros y sexos se convertía en la misteriosa síntesis a la que hacían referencia tantas religiones y sectas. Yo no era la persona más apropiada para hablar de misticismo. Todos mis presupuestos partían de un materialismo hiperrealista. Sin embargo, el cerebro necesitaba un margen de posibilidad más allá de lo que se puede palpar y experimentar. No quería ni dioses ni gurús ni ídolos mediáticos. Me bastaba con experimentarte una vez más rodeado por la suavidad de tu abrazo.

Tu carne era el sacramento que tantas veces había oído de niño. Tu carne y tu sangre poseían la redención de mi existencia anodina. Mi carne era la monserga que te inculcaron en la escuela. Sí, con un poco de suerte yo también podía convertirme en la redención de tu caótico comportamiento autodestructivo. Porque en realidad nos parecíamos mucho. Porque quizá fuéramos dos iguales descubriendo los cimientos de nuevos tiempos llenos de energía y plenitud. En caso de que todo fallara, siempre sería agradable charlar sobre nuestros estados de apatía y ansiedad.

Tu carne era parte de esta primavera que se parecía más a un verano tibio. Desde que te conocí los ciclos atmosféricos habían perdido el norte. Vivíamos tiempos de confusión y ruido. A veces era delicioso dejarse llevar por el caos. Cerrar los ojos y posponer toda reflexión siniestra para más tarde. Para cuando las carnes se duermen satisfechas de sudor y esperma y jugos vaginales. Carnes impregnadas en la santa saliva del olvido.

Tu carne acabaría muriendo, como la mía, como la carne de todos los que leen esta página. Allá, en la gusanera, confluirían todas nuestras carnes podridas, quizá alegres por una existencia no demasiado dolorosa. Quizá tristes por una existencia anodina y predecible. Todavía faltaba mucho para entonces, aunque entonces fuera mañana. Aunque entonces fuera dentro de cinco minutos. Era preferible respirar hasta el último átomo de vida antes de tirar la toalla y decirnos entre todos hasta luego. Era preferible despojarnos de todo lo aprendido, de los tabúes sociales y culturales. De las tonterías basadas en éxito social y apariencia de riqueza. Era necesario abrir las mentes, las bocas, los coños, los ojetes y los ojos. Abrir también las orejas y disfrutar de los miles de sonidos nuevos que estaban por llegar.

Que nuestras carnes se convirtieran en vuestras carnes y todos participásemos en el banquete más lúbrico que jamás hubiera existido.

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PD: volver de un no-puente. Responder una pila de comentarios atrasados. Reencontrarse con el absurdo. Es primavera, pero parece verano. La noche es suave y se prolongará durante mucho tiempo.

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Sonido: Indus (Dead can dance. Vida y muerte son lesbianas, como diría Corcobado)

7 Comentarios:

Fetish femina dijo...

Una gran perdida la de las bacanales... ahora como mucho vas a un club de intercambio y mientras te lo estás pasando bien resulta que viene una mole de hombres dispuestos a romper la complicidad creada entre unos pocos.

(me encantan los efectos secundarios de esta música!)

el_Vania dijo...

Era necesario abrir las mentes, las bocas, los coños, los ojetes y los ojos. Abrir también las orejas y disfrutar de los miles de sonidos nuevos que estaban por llegar..

AMËN!!!

Salud+OS!

The sea, the sky, the dust dijo...

Tu carne, tu carne, tu carne. Sorprendente manera de empezar un texto. Siempre andas con cosas nuevas...sigue así!

Clara dijo...

Vaya, de la apatía y la ansiedad andamos sobrados, es cierto. Al menos esta vez el apocalipsis que predispones suena mucho más melódico, dan hasta ganas de morirse, ja!

César dijo...

Al llegar a ese punto en que dices Tu carne y tu sangre poseían la redención de mi existencia anodina, recordé instintivamente un pequeño poema de una amiga rusa [Katya], cuya última estrofa dice así:

Bebí tu única lágrima
en tu instante más humano;
te di la paz,
mi condena en vida.
Regresa a mi lado,
nacido en ninguna parte,
y devuélveme mis sueños.


Puede que no exista paralelismo alguno, továrish. Pero lo recorde, coño [jeje].

Southmac dijo...

Joder, César, hazme el favor de regresar a su lado, si es que he leído bien. Si es que he percibido la literalidad adecuada.
Yo creo que hay paralelismo, y mucho!

Clara, si la muerte reúne la estética adecuada, ¿por qué no? Jaja

Sea, sky, dusk, joder, no es nuevo. Sólo es carne, pero gracias por el ánimo. A estas alturas lo bonito es no saber por dónde empezar y, todavía más interesante, no tener ni puta idea de cómo acabar.

Vania, eso, eso, mira que somos radicales, jaja. Pero es así. Un poco de apertura mental y cárnica, joder, eso mejoraría bastante muchas cosas.

Fetish, hoy en día ir a un club de intercambio suele ser sinónimo de ser gerontofílico, y a mí esas cosas no me van nada.

Winnie dijo...

Que rico entregar la carne como si fuera un estado atópico de la venganza. Me encanta cuando undes tu carne en mi carne.
xxx