
El recuerdo de la tarde oscureciéndose es intenso. La calle cuesta abajo, de mi casa a la tuya atravesando la zona más peligrosa de la ciudad. Cierta ilusión por volver a verte. El miedo a la fugacidad que implica todo contacto humano. El sonido del tráfico creciente tras las nueve en su sinfonía de luces verdes, luces rojas, luces intermitentes como parpadeos. Pensamientos alterados dando rienda suelta a la locura, o al total desconocimiento que nos caracteriza como animales pensantes.
El recuerdo de la tarde cogidos de la mano es turbador. Con el paso del tiempo nos hemos convertido en parte del ruido y la luz de los momentos que ya se fueron. Lo que parecía felicidad se fue transformando en dulce melancolía con la sucesión de las estaciones. Pocas veces somos capaces de discernir cuándo empiezan los momentos que el recuerdo almacenará; cuándo se diluye la engañosa apariencia de felicidad a la que nos agarramos desesperados hace ya muchas existencias. Pocas veces somos conscientes de estar perdidos en un devenir de consecuencias imprevisibles.
El recuerdo de la tarde se mezcla con el olor de las primaveras enfermas. Un humo de contaminación sabor a plomo dotando de mortal silencio a las copas de los árboles; pájaros muertos que perdieron su nido tras alguna poda. Pájaros asfixiados tras el último trino agónico. Triste es la esencia de la ciudad. Triste es el camino del recuerdo hasta volver a encontrarte. Triste es compartir con la nada esta melodía de piano preñada de ecos del pasado. Parece que fue ayer cuando ocurrió todo, y quizá fuera ayer, o quizá hace un año, o hace veinte. Parece que fue ayer cuando ocurrió todo y quizá ni siquiera haya ocurrido de veras. A veces los sueños son traicioneros y se superponen a la realidad en confusas capas de experiencia.
El recuerdo de la tarde son las líneas de tu cuerpo difuminándose en la distancia. Y las líneas de tu sexo balbuceando como barridas por interferencias electromagnéticas. Y las líneas de nuestras manos sobreimprimiéndose en mitad de cópulas mitológicas. El pasado de cualquier relación puede resumirse en el esbozo del mejor polvo que tuvo lugar. Por eso sigo follándote mientras apuro el vino en esta noche solitaria y me sorprendo llorando con la polla dura. Más allá de toda lógica. Dejando que el espíritu de la ciudad penetre el resto de vigilia que aún me permite seguir escribiendo. Que aún no me ha paralizado por completo.
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Sonido: Gnossienne Nº1 - Erik Satie



6 Comentarios:
Y por mucho tiempo que no te paralice y puedas obsequiarnos con textos tan hermosos. Gracias.
Un lamentón de pantera.
La ausencia puede provocar anhelo, ansiedad, parálisis o hiperactividad...
Ya sabes, mejor dejar que el recuerdo pase por todas las fases.
Salud/OS!
Quien sabe si mañana martes mismo, puedas llegar a encontrártela, tal como sale en la imagen o bien parecida. :-)
Los recuerdos es lo que tienen...
estas hecho un casanova, 2 hostias? te arrollo con el camión y te rocio de mierda si te pones en este plan ehhh
Tienes un blog cojonudo tio, de verdad felicidades!!!!! a ver si el mio llega a ser algun dia la mitad que el tuyo!!!
Saludos a todos!!!
Javito, gracias, tío. No creo que sea para tanto. Al fin y al cabo los que hacemos blogs nos limitamos a mostrar nuestras pajas mentales al mundo. Quizá lo que ocurre es que yo soy muy vicioso...
Sea, sky, dust, es que el otro día fui a comprar verduras y frutas para una orgía gastronómica y no había de nada por vuestra culpa, malditos cabrones, jajaja
Clara, pues no te digo que no. Últimamente he descubierto que internet es mágico. Piensas en alguien, usas el buscador de imágenes de Google o cualquier otro que esté menos censurado y, oh, sorpresa, empiezas a encontrarte con rostros familiares...
Vania, sí, supongo que la ausencia tiene un montón de matices. También puede ser liberadora, y hasta obscena. No sé, la verdad es que no sabría decirte...
Pantera, gracias, reina de la selva. De momento no me siento demasiado paralizado. El calor me pone de mala hostia y eso siempre es bueno.
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