12.7.08

El tiempo de las tristes baladas



Había algo extraño en ella pero no le dio mayor importancia. Se estaba bien en aquel bar un viernes por la noche. La temperatura había vuelto a bajar. Vivíamos el julio más atípico de los últimos años en mitad de la puta estepa. Ambos bebían vino en Madrid. Vino tinto. La sangre de Cristo. La verdad y la vida. Esta vez no se trataba de chicos whisky ni de chicas vodks, o de esa basura dulzona llamada Martini. Bebían uva fermentada y envejecida. Vino tinto de puta madre en copas adecuadas. El cristal era importante incluso si había que estamparlo contra la cara de alguien. Copas con sonoridad clinck al entrechocarlas para celebrar... para aparentar la celebración de la vida, eso es.

Los chinos entraban de vez en cuando a vender discos, pero él decía no. A medida que el vino iba calentando su interior se mostraba más locuaz con ellos.
- No, mira, le dijo al último, llevo autoabasteciéndome desde hace años. No quiero películas de las tuyas. Las mías son raras y subtituladas y ni siquiera se han estrenado en este país de mierda.
- Vale. Buena noches. El chino sonrió todo contento. Eran gente amable los chinos, a no ser que les tocases los cojones, vamos, como todo el mundo. Le caían bien los chinos. Otras razas no. Por ejemplo, los caucásicos, como él mismo. Los caucásicos eran una pandilla de gilipollas. Eso se podía decir. Estaba socialmente permitido. Ojo no la liases con otros colores, pero el blanco era criticable. La basura blanca era perfectamente criticable. Y a él le gustaban los chinos, bueno, especialmente las chinas de entre 18 y 21.

La chica era muy guapa. Resultaba increíble que pudiera haber blogueras tan atractivas por la puta red. El día en que la peña lo descubriera quebrarían las discotecas. No merecía la pena aguantar esa mierda de aglomeración y ruido (el humo estaba bueno) para intentar follar. El blog era mucho más limpio y selectivo. Al menos sabías cómo pensaban, la basura mental que daba sentido a sus vidas y viceversa.

De estatura alta para una tía de este país, rondaría el 1,70 y esbelta, aquello era una suerte. Delgada sin tragedia ni enfermedad. Proporcionada con el tiempo y el espacio. Su constitución inspiraba la levedad de la caza hasta el extremo de imaginártela corriendo desnuda por las estepas gritando algo prehistórico. Dios, estaba buena de verdad. Pechos ni excesivos ni ausentes. Nalgas con un punto casi perfecto de curvatura. Era imposible no concentrarse en aspectos de relevancia copulatoria, al menos en un primer momento. Al fin y al cabo ya conocía su mente. Se había leído todo lo que había escrito en el blog desde hacía meses. Tiempo habría de relajarse con un rostro que podría haber protagonizado cualquier satinada revista de moda.

Él no tenía problemas de autoestima. Realmente, él no tenía ningún problema, aunque solía quejarse y llorar como una puta plañidera. Estaba bien para sus 35. Casi metro ochenta, no fondón, ojos de un color raro, musculatura natural, nada de gimnasios ni mariconadas. Aunque lo que más le gustaba de sí mismo era el jodido procesador con que la casualidad le había dotado. Capaz de bucear en cualquier mente cercana, su agilidad mental no desaparecía ni tras la tercera botella de vino. Podía balbucear y arrastrarse en su vómito. Podía ponerse desagradable y obsceno. Podía enloquecer y destrozarse los nudillos contra la pared. Podía matar por una tontería, claro, pero las ideas seguían ahí, aguardando impacientes al monitor en blanco de la mañana siguiente.

El bar lo había escogido ella. Por suerte no ponían música española. En este país sólo había cantamañanas musicales al menos desde 1980. Lo que sonaba allí estaba de puta madre. No encajaba en clichés. No era esa basura electrónica sin corazón, ni tampoco las quemadas guitarras eléctricas, ni el aburrido soul para marujas de Amy, ni las tonterías góticas para pequeñas suicidas sin ovarios para cortarse el cuello de una puta vez. Aquello tenía vida propia. Con algo de electrónica, claro, estábamos en 2008, pero también inspiraba profundidad, ironía y risa en el sonido. Ahí estaba el punto: consigue risa en el sonido y triunfarás con la música. Por desgracia, en los concursos de la tele sólo grababa disco el que mejor la chupaba. La más zorra y el más chapero. Como la vida misma, era lamentable pero importaba tres cojones.

Ella era bastante lacónica, pero sus palabras resultaban certeras como puñales. Él estaba más acostumbrado a la frase larga, no obstante resultaba fácil adaptarse contemplando aquellos ojos verdes de zorra en plenitud. Aquellos labios no demasiado carnosos de zorra en plenitud. Aquella melena castaña probablemente fruto de algún milagroso tinte o decoloración de zorra en plenitud. Ella, claro está, era una zorra en plenitud. Él, como si lo hubierais dudado, era un cabrón impresentable en plenas facultades psicomotrices.

Habría sido imperdonable pillar un pedo demasiado elevado. Tenían el suficiente conocimiento como para ser comedidos y conocer sus límites. Tras el décimo vino por cabeza decidieron que ya estaba bien. Que había que tomar decisiones. Los ojos de ella brillaban como naves espaciales estallando más allá de mis cojones. Los ojos de él eran una bella amalgama color ciénaga inyectados en sangre. Ambos encendieron un cigarro y se pusieron a negociar.

- Bueno, yo creo que estamos abastecidos. Ahora me gustaría violarte en el callejón de los meados.
- Jaja, no jodas, amigo. Te creía más original. La mierda que escribes es infinitamente más original.
- No jodo, amiga. Tan sólo estaba contándote una fantasía en voz alta. En realidad soy un puto burgués que adora los lugares cómodos para joder. Temo mis contracturas mañaneras.
- Entonces tenemos mucho más en común de lo que creía.
- Podríamos ir a mi casa.
- Me parece perfecto, asintió ella.

Pillaron un taxi rijoso de marca Seat cuya tapicería parecía tener vida propia merced los relieves de mierda que habían ido configurando su particular estuco. El anormal que lo conducía iba de speed y les llevó a una media de 130 km/h rozando la muerte en cada curva.

La casa del tipo estaba hecha una mierda. Había buenas vistas, pero aquello daba un poco de grima. Dejadez.
- La creatividad nos absorbe y no podemos evitarla, dijo él en un arrebato de disculpa.
- No te preocupes, respondió la chica. No soy escrupulosa. El viejo Buk ya decía que un piso demasiado limpio es sinónimo de homosexualidad. Seguro que comes el coño de puta madre.
- Bueno, los como, pero no sé cómo.
- Jajaja, rió ella y su risa fue una cascada de vino sobre el cristal perfecto de una copa con alma.

No tardaron en estar desnudos cara a cara. Aquella era la prueba de fuego. En seguida notabas si había posibilidades de química. De hecho, parecía haberlas. Aquella tía era perfecta formalmente. Él no lo era, pero la belleza de su acompañante era tal que minimizaba sus pequeñas taras. Inmerso en la magia, decidió comerle el coño. Un coño que, pese a la noche de vino, sabía exquisitamente fresco y neutral. Suave al tacto, aterciopelado al paladar y extremadamente húmedo mucho antes de insinuar esa peligrosa proximidad a la zona de máxima sensación.

Ella gemía de un modo animal. Nada que ver con la falsedad de las películas porno. Nada que ver con la falsedad de los matrimonios que "se desean como el primer día" tras 5 años. No, nada de mentiras. Nada de hipocresías. La putita disfrutaba de verdad, así que se las apañó para ir girando sobre el eje de la polla hasta intentar uno de esos 69 que salían en los libros. Finalmente su rabo entró en la boca de la chica, mientras seguía lamiendole el coño. Todo perfecto, todo Ok. El público puede reírse por la repetición de esta expresión, pero es lo más apropiado que se me ocurre para expresar ese click de calor húmedo que sucede cuando tienes la sensación de que el placer que estás sintiendo es tan elevado como el que estás procurando.

Cuando estuvieron lo suficientemente calientes llegó el momento de follar. Es curiosa la trascendencia del verbo follar en esta sociedad. A la mayoría de las histéricas acomplejadas les jode que su chico JODA con otra si mantienen una relación de AMOR. Eso es una tontería. El ser humano es un pez venido a más. Un animal con ganas de perpetuar su herencia genética follando todo aquello que resulte atractivo a su mirada. Tanta igualdad y tanta polla y a ellas les ocurre lo mismo, salvo quizá a las marujas acomplejas e histéricas que consideran la relación monógama y eterna como una especia de bendición bíblica, vamos, hombre, pandilla de gilipollas.

El caso es que ella se montó encima suyo y empezó el baile. La tía sabía hacerlo. Es importante que ella sepa cabalgarte porque un error en el movimiento puede arrancarte la polla de cuajo. Eso no es deseable. Por suerte nuestra bloguera se movía de puta madre: dándose impulso suave con las caderas y manteniendo cierto ritmo interior acorde con el juego que le daba la polla dura empalándola. En un momento determinado se agarró a su cuello.
- Hum, pensó el impresentable. Vaya caña más interesante.
La chica se empezó a catapultarse cabalgando hacia el orgasmo aferrada a su cuello. Era muy morboso. Muy intenso. Quizá demasiado intenso.

- Joder, afloja un poco, amiga, me estás asfixiando.
Pero ella siguió a su rollo, jadeando enloquecida y con los ojos en blanco. Parecía un poco extraño aquello. Se parecía a las películas de posesión diabólica.
- Joder, que aflojes, hostia, gritó él.
Entonces la bloguera hizo que retornasen sus pupilas al centro del ojo y le miró con un odio indescriptible.
- No, cabrón, tus aventuras follablog acabarán hoy.
La presión era insoportable. Estaba empezando a marearse. La polla, curiosamente, seguía dura como una jodida barra de hierro.
- Agggg, agggg, hijadeputagggg.
El chaval se estaba asfixiando. Esa zorra estaba asesinándole, como en las películas de serie B. Era precioso, pero aterrador.

Cuando la situación se nos va de las manos a veces entra en en acción el sistema simpático. El funcionamiento del sistema nervioso simpático está asociado con la psicopercepción de un estimulo de carácter emocional no neutro. Somos puro nervio, puro reflejo automático. Algo así debió ocurrir cuando el puño derecho del impresentable asestó un hostión tremendo sobre la sien izquierda de su potencial asesina. La mortal cabalgada terminó justo en ese momento.

Ana quedó inconsciente, tirada en la cama, ambos bañados de sudor. Aun tiritando por el miedo, impresentable todavía seguía erecto así que decidió establecer prioridades.

- Mecagoendios, susurro penetrando a la asesina con todo el odio que fue capaz hasta lograr la ansiada corrida.
Una vez eyaculado pudo pensar con mayor claridad. Aquella perra había intentado estrangularle en pleno polvo.
- Hostia, hostia. Agarró la botella y pegó un buen trago. Un trago de la mitad de su contenido. También encendió un cigarro mirando al techo, escuchando la respiración tranquila de la chica inconsciente. Mirando al techo, mirando a la pared donde...
- Hostia, se dijo, ya sé cuál va a ser tu castigo.
En la pared norte colgaba el hacha medieval comprada en un rastro de Toledo. Nadie lo sabía, pero aquella herramienta estaba afilada y lista para su uso. Era una de esas armas de guerra con punta y filo. Armamento de destrucción masiva del medievo.
- Esta perra va a tener un merecido épico e histórico, le susurró esa voz interna que hacía tiempo que no oía.

Arrastró el cuerpo de la chica hasta la cocina. Allí lo colocó sobre unos plásticos de esos que sirven para proteger la ropa de la lluvia. La ató con cinta americana. Muñecas y tobillos. Totalmente inmovilizada. Partió un limón en dos y lo restregó por su cara. El amoniaco se le había acabado limpiando los retretes el día anterior. Ana no tardó en recobrar el conocimiento.

- Aggggg, dijo. Cabrón, hijo de puta. Parecía poseída, realmente. - Te mataré, gritó, te matar...
Tuvo que taparle la boca con una de las mitades del limón que había utilizado para reanimarla. Parecía haber cierto miedo en sus ojos, pero el mayor problema es que estaba loca. Loca de remate.
- Mira, amiga, has jugado tu baza y no ha sido de mi agrado. Ahora no tengo otro remedio que igualar la balanza. Tengo que hacer justicia. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Parecía haber algo de sincero arrepentimiento en todo aquello. Incluso parecía más tranquila.
- Tan sólo quiero que me digas si hay algo en tu vida que merezca la pena, dijo él. Voy a quitarte el limón de la boca para que me respondas. Si gritas te juro que te corto la lengua con el cuchillo del pan.

Ana asintió, así que le fue retirado el limón de su boca.

- ¿Por qué haces esto?, preguntó.
- No te equivoques, amiga. Aquí las preguntas las hago yo. Respóndeme: ¿hay algo que merezca la pena en tu vida?
Ella pensó entonces en su curro de mierda, en su patética segunda existencia de mierda. En sus amantes de mierda, en los pequeños crímenes de mierda (llevaba ya 5 blogueros asesinados), en sus frustraciones de mierda, en su hirsutismo disimulado por el láser de mierda...
- La verdad, sollozó, es que no hay mucho que...

El limón volvió a su boca. Entonces impresentable alzó la bella hacha toledana y seccionó su cuello al primer golpe. El resto de la operación fue más complicado. Es difícil trocear a un cuerpo y distribuirlo por los contenedores de la ciudad. Es difícil eliminar todo rastro de compartimiento carnal. Ella había sabido hacerlo hasta entonces, en fin, ya sabéis aquello de que el que asesina a un asesino...

La noche se prolongó hasta la madrugada y apenas quedaba vino cuando el delicioso cuerpo de aquella zorra acabó dividido en 8 bolsas de basura con autocierre antigoteo. Decidió correr riesgos. Los test de alcoholemia eran la última baza que dejaba a su enemiga antes de ganar la partida. Si nadie conseguía pararle supondría el final del juego. La victoria sería suya.

El viejo coche azul funcionó de puta madre. La batería llevaba 8 años sin cambiarse y no escogió esa noche para fallar. Hubo suerte además con las autoridades incompetentes. Nadie le hizo soplar. Nadie le obligó a abrir el maletero con su cálido contenido. Nadie se enteró del desenlace de esta historia. La victoria era suya.

A la mañana siguiente se levantó con resaca, encendió el ordenador, contestó los correos electrónicos, se hizo una paja y siguió escribiendo su blog impresentable. Como música de fondo escogió algo melancólico y liberador. Había regresado al tiempo de las tristes baladas. Cuando hace frío aunque sea verano.

15 Comentarios:

Quimera dijo...

Sigues siendo tan intenso ...

Siempre Ino dijo...

ostia tu, que mal genio tienes, anda que ponerse así por un mal polvo.... :-)
no crees que con haberla echado de casa hubiera sido suficiente?
:-P

jaumeduran dijo...

Muy bien escrito, muy bien redondeado.
Felicidades

Anónimo dijo...

...una vez más que no importa el cómo se empieza, sino el cómo se termina...

me engancho, otra vez.

imperdiblesdemadera

Xiren dijo...

El funcionamiento del sistema nervioso simpático está asociado con la psicopercepción de un estimulo de carácter emocional no neutro:

La erección por estimulación psicógena, (es decir, por fantasías sexuales o por los sentidos; pero no por excitación directa de los órganos genitales) se controla también vía simpática, la misma, con una buena descarga de noradrenalina. Es facil que ocurran ambas cosas a la vez.
Curioso, ¿verdad?

el_Vania dijo...

Después de todo el jaleo, volvió al ritual de lo habitual, a la en ocasiones, bendita rutina...
Salud/OS!

Toy folloso dijo...

"Me gustaría violarte en el callejón de los meados".
Incondicional, desprendida y urgentemente. Sin pie a equívocos.
La perdió su lado acomodaticio (ahí, con un hacha a tiro de piedra).

Algún dato del currículo impresentable podría ser copiado en otros. El color de ojos, sin ir más lejos, acompañaría singularmente a la descripción de mi pelo "muy parecido al de un perro".

David87 dijo...

"Jajaja, rió ella y su risa fue una cascada de vino sobre el cristal perfecto de una copa con alma."

Un placer, como siempre.
Me he dicho -voy a ver si ha escrito algo el impresentable antes de dormir y pasar a la rutina de la semana- a saber qué sueños fabricará mi mente ahora y liberará durante esta noche jajaja

Saludos desde La Mancha

Noviembre dijo...

Vaya carrera estás haciendo...
Estás hecho un coleccionista de blogamantes.
Aunque esta pobre, ha tenido mala suerte contigo.
Pero que vaya, no veas, vas lanzadísimo...
Tú, cuenta, cuenta...

Un abrazo afectuoso.

Leonor dijo...

Buena historia…creo que el tipo impresentable ese mas que castigar a la niña asesina blogeros le dio paz…un buen tipo haciendo su buena obra del día…buen castigo hubiera sido seguir dejándola viva con su aburrida y abismal existencia.
Y lo expreso una vez mas…eres bueno impresentable esas frases tuyas son geniales, manosean las entrañas.

Emma-Nue-Elle dijo...

Yo te reto al Trivial, que paso de hacer flexiones raras y estrangulamientos eróticos...

¡Oh! Y traigo rubias frescas jejeje
;-*

pau dijo...

Vaya por dios... una impresentable menos.

Southmac dijo...

Pau, joder, sí. Una pena, pero ya sabes lo que pasa con el instinto de supervivencia.

Emmanuelle, ok, acepto el reto. Y la cervecita helada, por supuesto.

Leonor, lo que más me gusta de tu punto de vista es que casi siempre es más psicópata que el mío (que ya es decir). Jaja, sí, le hizo un favor cargándosela en defensa propia, sin duda :P (gracias, guapa)

Noviembre, no, no, en realidad vivo retirado del mundo. Esto sólo son sueños premonitorios que tengo con cada vez más frecuencia.
Pero seguiré contando, claro.

David87, supongo que los sueños fueron interesantes. Me encanta que haya sexo y violencia a raudales en todo lo que hago (quiero decir en todo lo que escribo, ops, jajaja).
Gracias por leerme y saludos tb desde La Mancha, bueno, en realidad Madrid es Castilla, pero de eso ya hablaremos otro día, jajaja

Folloso, es que a veces las cosas salen así, sinceras, a bocajarro.
Sobre el color de los ojos impresentables hay un debate abierto (hay que joderse). Yo los veo verdes, pero algunas de ellas dicen que son azules casi grises, o incluso totalmente grises. Un color raro, pero, joder, yo los veo verdes como una ciénaga donde despachar cadáveres para contento de sus ranas.

Vania, es que ese ritual es el que nos salva. La rutina puede joder, pero también nos salva de la locura mucho más de lo creemos ;)

Xiren, me encanta que hagas esa matización (y lamento haber tardado tanto en responder esta tanda de comentarios, pero mi vida se ha puesto complicada).
Y es que es así, somos simpáticos (risas). Quien habla de erección sin estímulo erógeno también habla de reflejo de supervivencia, e incluso de actividad arrítmica sin patología cardíaca. Algún día aprenderemos a darle valor a nuestro lado más automático.
Joder, creo que acabo de tener una erección inmotivada escribiendo esto. Mal asunto. Buen asunto?, jaja

Imperdibles de madera, los comienzos pueden ser de muchas maneras. Puedes empezar cagándola, o en plan armonioso e inspirado. También puedes enamorarte o encoñarte o suicidarte, pero lo que resume la carga existencial de cualquier cosa, y por tanto toda potencial experiencia a posteriori, es sin duda el final. Y acabar a veces es fácil y a veces un jodido infierno. Los finales, joder, cuántas películas de puta madre han muerto para mí en finales precipitados, inconexos, estúpidos... La de cosas buenas que nos perdemos al finalizar incorrectamente...

Jaumeduran, gracias, hombre.

A ver, Ino, es que ella intentó estrangularlo. Eso creo yo que va un poquito más allá de un mal polvo... (además, joder, qué manía con personalizar a los psicópatas de mis historias. Yo sólo soy un chaval de 16 en plena edad del pavo, juasjuas)

Quimera, sigo siendo, que no es poco.

Danae dijo...

jajaja...eres bueno...
Si tambien hablas con no-blogeras ajenas a este mundillo, ya hablaremos...
ocultos deseos

Southmac dijo...

Gracias , Danae. En realidad conozco a pocas blogueras, otra cosa es que me gusten los ejercicios de imaginación calenturienta.