
La primera vez que intenté quedar contigo pasó lo de las torres gemelas y no hubo modo. Me tuvieron hasta las mil en el curro, días brillantes de buen sueldo y despreocupación económica, mientras tú andabas liadísima en la multinacional crediticia porque no estaba claro el impacto que la movida tendría en las bolsas al día siguiente.
Pasó el tiempo y mantuvimos ese contacto suave e irreal que la tecnología ha encumbrado hasta extremos esquizoides. No me desagradaba desbarrar contigo hasta las mil por el messenger, aquello tenía algo de comunicación entre cerebros, entre almas. Aquello era como recorrer el camino inverso a la verdadera socialización. Conocer al otro por sus pensamientos, léxico y estructura gramatical, por su materia oscura, en vez de hacerse una imagen visual en décimas de segundo justo antes de la primera copa.
Claro que el messenger también tenía algo de droga dura, pretendiendo ficticias proximidades más o menos sincronizadas. Vivir en ciudades distintas venía a ser tan frustrante como hacerlo en Madrid y no tener una buena combinación de transporte que acercase nuestras calenturas hasta la sublimación de los instintos. Desear a alguien y tener un messenger como único modo de acercamiento acababa por convertirse en una forma de sadomasoquismo.
La segunda vez que intenté quedar contigo pillé la gripe. Hay que joderse. Padezco una gripe cada 5 o 6 años y justo tocó el día D a la hora H. Te llamé todo congestionado y creo que quedaron claras mi tristeza y frustración. Una gripe no dura demasiado tiempo, respondiste a mis exabruptos, y así fue, pero al recuperarme fuiste tú quien cayó enferma de no sé qué, y luego tuve que viajar y tu compañía se fusionó con otra y todo se fue, de nuevo, a tomar por el culo sin erotismo.
Seguimos en contacto mediante el messenger y el correo electrónico. Yo prefería los mails porque me recordaban a cuando aún escribíamos cartas de papel. El mail te permitía tiempo para pensar y elaborar un discurso más coherente. Claro que el messenger aportaba espontaneidad y calor al momento. A veces incluso demasiado. Recuerdo un par de tanganas de la hostia vía messenger. Auténticos enfados exteriorizados mediante simples líneas de texto. Incluso llegué a vocearle barbaridades a mi monitor, como si estuvieras delante de mí en una de esas peleas que acaban en polvo o asesinato.
La tercera vez que intenté quedar contigo resultó que se estaba hundiendo el puto capitalismo occidental. Yo ya no tenía curro, pero disfrutaba leyendo los suplementos económicos. Los pajilleros compulsivos de la economía estaban agitados. Todos lo habían visto venir, sí, claro, como el estallido de la burbuja inmobiliaria o las verdaderas proporciones de la crisis. Todos estaban estresados y esperando acontecimientos. Yo tenía muchas ganas de verte, joder, y ahora disponía de mucho tiempo libre. No parecía haber problemas. Tu empresa estaba al borde de la suspensión de pagos y os habían recortado la jornada como paso previo al despido. Tú también tenías cada vez más tiempo.
Pero volvió a haber problemas.
Nuestros familiares más próximos cometieron la desfachatez de matarse en sendos accidentes de tráfico la víspera de nuestro encuentro. Fue una catástrofe personal y existencial. Al dolor de la pérdida se sumó el infierno de trámites que el Estado te obliga a hacer cuando algún allegado parte hacia las verdes praderas. Los dos estuvimos liados durante meses. El luto en estos tiempos modernos era una cuestión puramente administrativa, y monetaria.
El messenger una vez más nos sacó de la terrible soledad que ataca en los momentos bajos. Compartimos mil intimidades. Mil confidencias. Intercambiamos músicas excelentes al alcance de sólo unos pocos entendidos. Reímos a carcajadas y nos sonrojamos mediante amarillentos smiles de gesto empático. Hasta llegamos a ponernos bien calientes en una noche de borrachera y palabras de obscenidad creciente. Pero nunca me gustó el cibersexo. Nada más triste que correrse sobre el teclado. Nada más triste que tener que comprar otro por haberse cortocircuitado las letras t, r y k. Ya sabes, el semen es líquido en un primer momento, pero posee una densidad bastante elevada. Luego se solidifica rápido y su poder de adherencia resulta asombroso, al menos sobre el frío tinglado informático.
El otro día volví a intentar quedar contigo. Era la cuarta vez. Llevábamos hablándolo meses y también lo habíamos ido aplazando por unas causas u otras. Exámenes de capacitación, el verano, bodas, comuniones, bautizos, entierros. Reglas dolorosas, contracturas musculares. Alergias. Finalmente parecíamos sanos, alegres y dispuestos. Yo quería follarte contra la pared norte y tú no estabas segura de querer follar conmigo, pero en realidad daba igual. Quizá bastase con escuchar un poco de buena música y fumarnos unos porros. Luego quizá me animase a tocar algo de Bach para amenizar la velada. En fin, no era necesario que follásemos. También podías chupármela. Sí, era una buena opción ya que, como dijo Bill Clinton, el sexo oral en realidad no es sexo. Todo estaba, pues, listo y dispuesto. La amistad por encima de todo, más allá de pulsiones y deseos aplazados. Más allá de contactos extraterrestres. Todo era una rueda grande girando a gran velocidad.
Y entonces recibí ese mensaje por teléfono. Una muela. Una jodida muela de tu dulce boca había decidido joderse la víspera de nuestro enésimo intento confraternizador. Tenías la cara hinchada y unos dolores horrorosos. No iba a ser posible. Una vez más no iba a funcionar. También es cierto que yo me había pasado la tarde estornudando. Quizá ya tocaba pillar algún virus de esos de otoño. Quizá alcanzaría su apogeo justo cuando tu muela sanase o te fuera amputada.
En fin, yo ya paso de intentarlo. Quizá todo esto forme parte de un extraño plan del destino. A lo mejor algo se desencadenaría si llegásemos a vernos en persona. Algo malo, se entiende. Quizá propiciásemos algún efecto mariposa y se hundiera el puto Japón. A lo mejor se acabarían de fundir los polos. Da igual. Nunca lo sabremos. Supongo que es bueno entender las señales que el azar nos manda. Ya sabes, abrir los ojos y darse cuenta de que las cosas son o no son. El messenger ya no sirve porque es un parche temporal, una solución de compromiso. Demasiada intensidad aplazada acaba por quemar los circuitos (o inundarlos).
Ahora borraré tu dirección y desinstalaré ese pequeño programa de mi sistema operativo. Ahora borraré tu número de mi teléfono y consideraré spam todo nuevo correo tuyo. Ahora te olvidaré y me olvidarás. Seguro que somos felices. Seguro que nuestras vidas continúan siguiendo esquemas menos barrocos. Seguro que alucinamos con lo fácil que puede llegar a ser conocer a cualquiera que no seamos ni tú ni yo.
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PS: tranquila, a lo mejor esto no va por ti, amiga ;)
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Sonido: Ena tragoudi gia thn elenhf (Goran Bregovic y Giorgos Ntalaras)



11 Comentarios:
Lo primero decirte que me gusta lo que cuentas y como lo haces. Te leo desde hace tiempo, aunque es la primera vez que te comento.
Tú post de hoy me impresionó bastante, por diversas razones. Y seguro que habrás pensado en lo que hay detrás de todos esos desencuentros ¿?
Besos
Inténtalo de nuevo, southmac, puede que no sea el momento de encontraros, pero inténtalo, que quiero saber si el universo implosiona por vuestra desfachatez.
Un abrazo
-No, no puede ser. Algo tan pequeño. No puede ser. ¡No!
Hundida en el barro, brillante, verde, y dorada, y negra, había una mariposa, muy hermosa y muy muerta.
-¡No algo tan pequeño! ¡No una mariposa! -gritó Eckels.
Cayó al suelo una cosa exquisita, una cosa pequeña que podía destruir todos los equilibrios, derribando primero la línea de un pequeño dominó, y luego de un gran dominó, y luego de un gigantesco dominó, a lo largo de los años, a través del tiempo. La mente de Eckels giró sobre si misma. La mariposa no podía cambiar las cosas. Matar una mariposa no podía ser tan importante. ¿Podía?
De El ruido de un trueno - Ray Bradbury
Así me gusta. Nada de perder el tiempo!
Besos selváticos.
South, los vientos de poniente no son propicios para los amores imposibles y la distancia es sólo eso, distancia, ese puto alejamiento que permite que Japón continúe sobre ese contaminado trozo de mar y no bajo sus pútridas aguas.
Un saludo.
Probablemente este par de desencontrados no se perdieron de gran cosa al no lograr conocerse de tu a tu...tiendo a pensar que los virus que los atosigaron durante ese tiempo de citas sin cumplir resultaban mas interesantes... en fin...a otra cosa mariposa.
Mi no poder escuchar la rola que tu poner para acompañar post.
Mi gustar comentario leonor.
Es bueno hacer caso a las señales.
Pero las cosas buenas nunca son faciles, por eso son buenas. Es necesario luchar e insistir para conseguirlas.
Por otro lado, si las señales son asi de claras, es que, sin duda, el encuentro iba a ser un desastre, nada que ver con vuestras charlas ciberneticas.
Aunque, vuestra amistad no tiene porque envenenarse con el contacto real, o sea, que podría ser la mujer de tu vidaaaaaa!
Pero eso nunca lo sabremos.
Es triste, bonito pero triste. Y llueve mucho.
;-*
inténtalo otra vez a ver si aparecen OVNIS en algún sitio....
Seeeeeeee que vengan los OVNIS y me lleven por fin a mi hogar... Leonor go home, Leonor go home.
Joder, Leonor, es que llega un momento en el que ya no hay remedio. Aunque cayera el meteorito ese como mil estadios que nos reducirá a cenizas.
Mr. Tas, que no, que no, que ya paso. Tanta distancia y tanta polla. Parece que tengo un magnetismo chungo a la hora de interactuar con las putas almas gemelas...
Emmanuelle, tu argumentario me gusta pero tiene un fallo conceptual. Das por supuesto que las cosas buenas nunca son fáciles, claro. Hasta aquí puedo estar de acuerdo. Lo malo es que las cosas malas tampoco son fáciles. Muchas veces descubres que los esfuerzos para conseguir lo que creías bueno sólo han servido para hundirte en la más oscura de las miserias. Vamos, que ella podría no ser esa ninfa acuática y evanescente, pero sí la Peste sobre la tierra aniquilando cualquier posibilidad de supervivencia.
Javier, a mí también gustar.
Leonor, seguro que sus catarros y sus menstruaciones fueron mucho más interesantes que ese eterno desencuentro. Joder, estoy seguro.
En cuanto a la canción, en fin, los de GoEar ndan de obras. Aquí funciona. Supongo que será algo transitorio.
Javier, lo malo es que un mal poniente puede ser casi tan dañino como un cierzo atravesao, o como el viento raro que a veces sopla desde Somosierra humedeciéndonos sin mojarnos.
Pantera, somos felinos. Es así. Es inevitable.
Mala, nunca mates mariposas. Es mejor matar cualquier otra cosa, pero jamás mariposas. Lo demás es la típica paja mental.
Sofía, no. Paso. Todo tiene su tiempo y es bueno saber cuando ya no hay posibilidad de retorno. Todo vive en tanto es alimentado. Todo perdura en tanto tuvo posibilidades de existir. Por eso, no. Paso.
Belen, bienvenida. Considerando que lo que escribo tiene un 99% de ficción y el resto de vivencia, claro que he pensado en lo que había detrás de todos esos desencuentros. No había nada. Es bonito y perturbador. Es duro y cortante, como la vida misma.
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