19.9.08

Naturaleza obscena



Conduciendo por la carretera secundaria le asalta la tentación de dejarse llevar por el paisaje. No hay tráfico. La luz del final del día tiñe de extraños colores las montañas peladas. Quizá se ha perdido en algún punto del Sistema Ibérico. Quizá es un sueño, o una pesadilla. Conduce solo, pero la presencia de la chica que se fue parece animar la mitad silenciosa del coche. De repente las curvas se vuelven más cerradas. Es el inicio de otro puerto. El asfalto, deteriorado, hace tiempo que diluyó las marcas blancas. La pendiente se incrementa. Es necesario acortar marchas y encender las luces, pues el coche está viejo para aguantar trayectos fantasma por rutas olvidadas.

Al llegar a lo más alto decide salirse de la carretera. Hay una especie de explanada en torno al vértice geodésico. Resulta agradable escuchar el crujir de los neumáticos al pasar de asfalto a tierra. Una estela de polvo blanco le envuelve por completo. Es necesario abandonar el coche. El silencio es total y la luminosidad del atardecer ha regresado al punto en el que se encontraba minutos antes. Las cosas varían cuando somos capaces de movernos lo suficientemente rápido. El punto de vista es importante. Determina la frontera entre las zonas de luz y oscuridad que se sucederán el resto de nuestros días. La presencia de la chica que se fue también ha salido del coche. También está disfrutando de ese anochecer salvaje en mitad del Sistema Ibérico.

Resulta fácil dejarse llevar por la armonía de las montañas desérticas. Parece como si se envolvieran en sí mismas con la intención de desaparecer cuando el sol ya no exista. Algo le impulsa a extender los brazos respirando profundamente. Algo penetra en su cerebro viciado llenándolo de nuevas sensaciones. El paisaje es majestuoso y ahora él, y la presencia de su chica, forman parte de la instantánea. Parte de ese equilibrio geológico que ya estaba ahí hace siglos, que perdurará mucho después de que se borre la última señal de nuestra fugaz existencia. Ante semejante majestuosidad los juegos del deseo y las decepciones de la pasión casi parecen una broma. De hecho, sólo son una broma. No hay necesidad de dioses ni principios políticos. No hay necesidad de elevados ideales ni tonterías por el estilo. Ni siquiera necesitamos ética o estética, porque la segunda sólo es una forma de la primera. Cuando me des todo tu sexo quizá empiece a amarte.

El culo ofrecido de la chica que se fue acude a su mente, mientras un par de aves rapaces planean desde las cimas hacia el fondo del valle. Ambos acontecimientos son equivalentes. Ambas imágenes calientan su frío interior. Los labios de la chica ausente se parecen bastante a las nubes teñidas de sangre por la caída de los últimos rayos solares. Ambas experiencias son similares. La sensación de deseo y plenitud no tiene nada que envidiar a ciertos momentos orgiásticos del pasado. El recuerdo de la zorra es tan poderoso como la presencia de la naturaleza. Su polla también es consciente del prodigio. Su polla, esa mente secundaria, intuitiva y a veces equivocada se inflama de sangre en lo alto de la montaña, al caer el sol. Su polla crece hacia el sol moribundo. Su polla se presenta al infinito espacio tridimensional que se abre ladera abajo.

Es entonces cuando las manos se descubren humedecidas por el salivazo instintivo lanzado con fines lubricatorios. Es entonces cuando debe comenzar el sagrado vaivén en lo alto de la montaña. Es la chica ausente quien menea esa polla cíclope sensibilizada por el vértigo del valle desplegado. Abiertas de piernas, las laderas montañosas se humedecen por el río que circula en lo más profundo de su vientre muelle. El atardecer sigue su paso solemne hacia la negrura. El atardecer cierra sus labios de fuego sobre la polla velozmente agitada.

Con el último rayo de sol llega el orgasmo. La chica ausente, que es el valle ofrecido, le ha llevado hasta el extremo de sensación que sólo puede describirse como un grito salvaje, como un chorro lechoso de proporciones épicas lanzado hacia el puto infinito. Entidad, deseo y frustración se unen en la copiosa materia eyaculada en forma de campana de Gauss.

Luego queda en calma. Muy quieto.

Es necesario regresar al coche e intentar salir del atolladero. El Sistema Ibérico es la hostia santa. Es un lugar de sabiduría y placer, pero en ese tipo de burdeles se ha perdido más de un hombre bueno. Más de un hombre santificado por la obscenidad. La naturaleza es el fin, es el destino. El todo con el que acabaremos confundidos. La naturaleza impregnada de semen también es la metáfora de los salvajes días que pasó con la chica ausente.

Recorrer la carretera descendente se convierte en algo tan real como la vida misma, con sus altibajos, sus pajas mentales y sus enormes vacíos de nada...

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Imagen: Lea Wilcox
Sonido: American beauty (Thomas Newman)

8 Comentarios:

Inma Luna dijo...

La naturaleza es hembra. Es fácil constatarlo verdad South?

Sofía dijo...

cuidado con la chica de la curva, no vayas a salirte de la carretera para acabar al final del barranco, muerto y jodido.
:-)

golfa dijo...

La obscena naturaleza de una mente hiperactiva
No estoy en condiciones de comentar, (noche dura) tan sólo dejar constancia de que , joder.... eres bueno cabrón ;)

Siempre un placer

Besos perversos

panterablanca dijo...

"El atardecer cierra sus labios de fuego sobre la polla velozmente agitada".
El protagonista del relato es el primer tío que conozco al que se la ha mamado un atardecer ;-P
Muy metafísico todo... aunque no sé si más meta o más físico ;-)))
Un lametón de pantera.

Toy folloso dijo...

Pajote serrano. Lúgubre como la música a juego. Ésta, ¿dónde la encuentras?, no es lo que se oye por ahí; malditas sean cien veces las radiofórmulas.

Enfermera De Guardia dijo...

Buena metáfora. Sexo y naturaleza.
Besos calientes.

Saya Otonashi dijo...

Una lectura ágil y a la vez ligeramente difusa, como ese estado al que nos lleva el orgasmo cuando sólo somos un sentido y lo demás se diluye...
Como siempre, una prosa estupenda y pegadiza (que no pegajosa... o sí?? jajaj).
Dulces sueños,

Southmac dijo...

Saya, gracias por tus apreciaciones. En este caso más pegajosa que pegadiza, jaja. La naturaleza es tan difusa, y a veces tan concentrada, como un orgasmo.

Enfermera, es que los viajecitos por el campo suelen sentarme de puta madre... y veo cosas...

Folloso, en este caso me gustó la banda sonora de la peli y luego busqué material por la red. Este tío compone de un modo asombroso. La mayor parte de la música que conozco ha llegado a mí por casualidad. Muy rara vez a través de radiofórmulas. Más bien amistades, cosas que oyes por ahí...

Pantera, es que hay atardeceres que matan, jaja

Golfa, por la experiencia que tengo las mentes hiperactivas, muchas de ellas escondidas en remotos blogs, suelen ser obscenas. Una cosa lleva a la otra, aunque como en todo pueda haber excepciones, claro.

Sofía, no hizo falta una aparición en plan leyenda urbana. El espíritu ya viajaba en el coche, jaja

Inma, para mí al menos sí que lo es.