
Somos millones, pienso con frecuencia. Bueno, quizá no millones, pero seguro que cientos de miles. O quizá cientos. Pero un grupo importante y numeroso. Somos muchos, de eso no hay duda. Somos muchos y tenemos cierto poder. No estamos solos en nuestra peculiar forma de ser. No padecemos ni tara ni rareza. Tan sólo formamos parte de ese mosaico que es la infinita diversidad humana.
Impresentable
Jostar llevaba un par de noches sin dormir. No hacía ni frío ni calor. No había insectos en su calle ni ruidos demasiado incómodos, pero no podía conciliar el sueño. Le era imposible desconectar esas pocas horas tan necesarias para seguir en pie al día siguiente. Jostar estaba también salido, pero tras la quinta masturbación del día, una antes de desayunar, otra en el metro, escondido bajo el periódico, otra a lo largo de la jornada laboral, en los sucios retretes de la empresa, y una más a la vuelta, otra vez en el metro, protegido por el pringado periódico de la mañana, no quedaban ya ni semen ni pulsión sexual en sus agotados cojones. No, tampoco era el sexo lo que le impedía conciliar el sueño.
Quizá se tratase de alguna forma extraña de ansiedad, o que su cerebro no necesitase la desconexión nocturna. Quizá Jostar se estaba volviendo un poco más loco de lo habitual. Porque resultaba perturbador y doloroso escuchar el paso de la noche en relojes ajenos, más allá de los tabiques de mierda de su infravivienda. Dolía y resultaba un tanto angustioso escuchar los tañidos electrónicos sucediéndose a lo largo de la eterna noche. Lo curioso era que cuando aún dormía como todo el mundo, las noches no se le hacían eternas, sino que se le antojaban más breves que un suspiro de placer creciente, o mejor, que el respingo de algunas exaltadas amantes al pellizcarles breve y sádicamente uno de esos pezones endurecidos mientras fluyendo cascadas vaginales monte abajo.
Los días podían ser enormemente tristes para los desquiciados, en ocasiones salidos, que vivían en lugares inhumanos como Madrid. Las grandes ciudades mataban el alma, olían mal y, sobre todo, eran incomodísimas. En ellas resultaba casi imposible formar parte de algún grupo social más allá de las relaciones por internet, ya que se vetaba al extraño, al no demasiado integrado. La gente de las ciudades se estaba volviendo cada vez más sectaria y cobarde. El miedo al desconocido rozaba ya la paranoia. Aquello no había quien lo aguantase sin derramar de vez en cuando alguna lágrima alegremente marginada. La soledad era mucho mayor si la megalópolis tenía además el doble mérito de ser ultraconservadora y cerril.
Jostar tenía un blog en el que contaba cosas a un montón de esos desconocidos. Algunas eran verdad, y otras un puro cuento. Curiosamente, sus lectores solían interpretar todo aquello justo al revés. Cuando Jostar escribía sobre sí mismo, sobre algunas de las cosas que le habían pasado realmente, la peña apenas comentaba y los pocos que lo hacían calificaban aquello de agradable ficción. Sin embargo, cuando a Jostar se le iba la olla describiendo las cosas más increíbles, una avalancha de comentaristas corría a expresar lo cojonuda que les parecía esa experiencia vital, la forma de actuar de Jostar. Aquello sólo podía significar que internet estaba lleno de psicópatas.
Es importante aclarar que Jostar nunca había sido condenado en firme pese a sus arrebatos de ira primitiva, y esa manía de atacar a animales domésticos y a seres humanos de todas las edades cuando pretendían pasarse de listos con él. Es importante aclarar que Jostar estaba en contra de la violencia física siempre que no estuviera plenamente justificada. Entonces saltaban los polemistas profesionales y le daban la vuelta a la afirmación.
- O sea, que sí justificas ciertas formas de violencia, decían.
- Pues claro, asentía Jostar. Apoyo formas de violencia justificadas.
- No hay formas de violencia justificadas, gritaban horrorizados los mansos de corazón.
- Sí, joder, ahora mismo, por ejemplo, te estás buscando una hostia. Esto se llama violencia gratuita y es la más justificada de todas cuando se trata de acallar a los listillos.
Y así los becarios de tertuliano se iban corriendo mientras expresaban al mundo lo tosco e hijoputa que era Jostar quien, para más cachondeo, iba de profeta de la violencia gratuita, bien como complemento del diálogo, bien como añadido picante en las relaciones sexuales con las chicas más atractivas y depravadas.
Estas cosas pensaba Jostar en las largas noches de insomnio, mientras los pájaros dormían y los borrachos apaleaban a sus llorosas familias instaladas en la tristeza permanente.
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Sonido: Chainheart machine (Soilwork)



8 Comentarios:
Grande. Soberbio. Sensacional. Tendría millones de adjetivos para tildar este relato, pero me quedaré con esos, que son los que encuentro más apropiados.
Por cierto, permíteme que te de las gracias por incluir mi blog en tu lista.
Todo un placer, Southmac.
Un saludo.
Divertido, aunque algo tosco, y original.
Es corto pero me gustan esas inesperadas paranoias, ideas, descripciones del relato.
Gracias al insomnio te descubrí hace cuatro años...
... y gracias a la falta de sueño a la hora de dormir encontré un lugar donde en ocasiones no me siento un bicho raro.
Un saludo.
genial!!!
no ser del montón es cada vez más atrevido
pero siempre encuentro refugio y reflejo en la peña skater/roller/biker...ahí nadie llama la atención, ni siquiera yo...ja
a mi sí que me gusta esta ciudad,
independientemente si lo que escribes es ficción o novela me justa
a veces no te comento porque cuando hablas de los rollos de oficina me gusta menos...odio los curros en oficinas y tal
la violencia me gusta mucho
soy violenta y he aprendido a controlarlo bastante
me gusta mucho que me pellizquen el pezón, hasta retorcer...mmm
tirones de pelo
azotes en el culo
sí de vez en cuando te daría una hostía...jaaa
beso violento
Está bien el cuentecillo. Lo que me pregunto es si bajo esa atmosfera venenosa siguen aquellos ojos persiguiendote...(más venenosos todavía)
O, te extrañaría mucho que te dijera que no sé de qué ojos me hablas?
Poem, hum, pareces bastante llena de adrenalina (y furia). A mí todo ese rollo me gusta y no me gusta. Depende del día y, por supuesto, de lo que me sugiera la otra persona.
Así que odias las oficinas, interesante. Yo también, por eso escribo sobre ellas.
Diáspora, he estado leyendo tu blog (casi me provoca un infarto la música que se dispara automáticamente) y creo que no tienes nada de bicho raro... o quizá sí y yo también lo soy, claro.
Aspirante, bien descrito. Son arrebatos escritos a vuela pluma, normalmente en el curro, y a veces tienen continuidad (parte II) y a veces se quedan en eso, en puntos.
Flor, jaja, no, realmente muy pocas creaciones ficticias tienen la fuerza de los muchachos de Kubrick.
Señalas 2 frases intensas. Dolorosas. Tienes gustos duros, como yo (por no hablar del insomnio).
Disidente, gracias, hombre. Quizá te haya faltado "precipitado" y tal, pero creo que la idea de fondo se acaba de desarrollar en la segunda parte ;)
Entiendo a lo que se refieren estas letras... quizás el Sol lo ilumine y nuestro cuerpo se tranquilice en nuestro cerebro, quien sabe ;)
Steam, sí, tío. Ojalá lluevan lágrimas de luz en los intersticios de nuestras ideas articuladas...
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