21.5.09

Violento y gratuito (y II)



Aquella mañana Jostar pisó la calle con los nervios de punta. Sentía irritados el interior del cerebro y la superficie de los ojos. Las gafas de sol paliaban un poco el efecto de los asquerosos rayos solares al amanecer. Otro puto día más, se dijo mientras le recorrían espasmos de frío y sueño sacudiendo su cuerpo dolorido. Los primeros autobuses pasaban llenos de gente apiñada como animales camino del matadero, o del trabajo, que venía a ser lo mismo. El semáforo cambió a verde y cruzó la calle mientras un impaciente motero daba gas a su motito como queriéndole meter prisa. Jostar no estaba para tonterías a esa hora de la mañana, así que tuvo que reaccionar.

- Podrías dejar de tocar los cojones.
- ¿Qué?, ¿qué? aulló el anormal de la moto levantando la viserita de su casco para oír mejor.
- Que no me toques los cojones, payaso, afirmó entre dientes Jostar.
Entonces el nene motorista cometió el error de abandonar su máquina, aunque no tardó en caer al suelo como fulminado por un rayo milagroso. En cuestión de milisegundos Jostar había sacado su litrona del almuerzo de la bolsa del chino y le había metido con ella. Por suerte el nene llevaba casco, así que sólo tendría media conmoción. Nada roto, ni siquiera la litrona.
- Y ahora cállate, basura, murmuró Jostar. La próxima vez te rociaré con gasolina y arderás, hijoputa.

Es importante aclarar que ninguno de los testigos salió en ayuda del infortunado motorista. En Madrid había mucho héroe de ocasión pero también una gran mayoría de gente con sentido común que no quería morir antes de tiempo por meterse en cuestiones ajenas, quizá llenas de justicia divina.

Jostar se metió por el Callejón de los Meados, que era un atajo peatonal para llegar antes al metro. Por suerte, ese día no había ningún perroflauta con ganas de tocar los cojones con los cigarritos prestados y los 10 céntimos para el autobús que tenían que pillar para ir a visitar a su puta madre. Tampoco había rapados de diversos colores ni vejetes meando en su tapia favorita. Todos ellos tuvieron mucha suerte aquella mañana. Bueno, un gilipollas que estaba paseando a su perrito de lanas cometió el error de dejar que éste se acercara demasiado a Jostar. El animalillo salió volando por encima de la valla de la autopista de un certero puntapié. Su dueño, mirada cruzada con las gafas oscuras de Jostar, llegó a la conclusión de que lo más inteligente era vivir un día más.

Y así llegó al metro, como cada puto día, como cada puta mañana, como cada puto amanecer de los últimos meses, aunque en algo menos de los 10 minutos habituales. Cuando estaba de mala hostia, Jostar caminaba más rápido. No era buena idea cruzarse en su camino. El exceso de adrenalina aderezado con un poco de paranoia esquizoide podía resultar muy peligroso. Jostar atravesó las puertas del suburbano sin despeinarse. Pulsaciones aceleradas, una fina capa de sudor en la frente, fruto de la puta humedad de los putos amaneceres. En fin, el día empezaba como tantos otros, con la diferencia de que el puto metro llegó relativamente pronto por una vez en su puta vida.

Jostar se sentó apartando de un codazo a un niñato de instituto que pretendía arrebatarle el sitio. El chaval empezó a decir algo, pero de nuevo la mirada de Jostar, ya sin gafas de sol, bastó para mantener la sagrada paz en el recinto cargado de estudiantes, currantes, viejos y putas. Hablando de putas, una especialmente agraciada estaba sentada justo enfrente de él.

- Tienes cara de vicio, dijo Jostar con un tono de voz que podía considerarse alto. Ella fingió no oír. Claro que quizá no lo hubiese escuchado realmente, ya que tenía puestos unos pequeños auriculares de la marca de la manzana. Así que Jostar tuvo que repetirlo un poco má alto, aunque, ya de paso, optó por una leve variación semántica. Aquella mañana estaba inspirado.
- Digo que tienes cara de ser una viciosa chupapollas de la hostia, joder. En el vagón se hizo un gran silencio. La chica se quitó los cascos y le lanzó una mirada de odio total. Estaba un poco congestionada. Sonrojada. Claramente enfurecida.
- Y tú tienes cara de salido anormal, respondió.
Así que Jostar se levantó muy despacio de su asiento, se aproximó a la chica y, agarrándole la cabeza con ambas manos, le dio un beso con lengua que más bien pareció una jodida violación. Ella se resistió, dándole una patada en los cojones mientras le mordía los labios con intensidad zorruna.
- Jodida puta, gritó Jostar, justo antes de darle un guantazo con fuerza considerable. ¡Creo que me he enamorado de ti! Ella empezó a lloriquear un poco, aunque lo que nadie sabía era que sus bragas estaban ya húmedas.
- Bueno, bueno, se oyó una nueva voz procedente del fondo del vagón. Esto ya es demasiado. Era un tío de mediana edad. Alto. Trajeado. Canoso. Cara de hijo de puta integral. Te vas a quedar aquí quieto y vamos a llamar a la policía.
- ¿Cómo?, dijo Jostar. No oigo muy bien de este lado. ¿Podrías repetirlo? Entonces el pijotero del traje empezó a expresar su mensaje de otra forma, pero esta vez no pudo acabar. La litrona justiciera de Jostar había salido de nuevo de la bolsa de plástivo verde del chino. Tampoco se había roto con ese segundo impacto. Las litronas estaban hechas de un cristal durísimo. El crujido que sonó probablemente fuera el cráneo del justiciero jodiéndose un poco por algún lado.
- Está bien, dijo Jostar, ¿alguien quiere añadir algo más? Nadie tenía nada que añadir, así que el viaje continuó en el más absoluto silencio. El tipo del litronazo resultó no estar muerto. Incluso logró incorporarse un poco para apoyar su traje, ya sucio de polvo, contra una de las puertas del vagón. Sólo se escuchaba a la chica sollozando bajito, casi como si gimiera. Aquello puso tremendamente cachondo a Jostar. Sus miradas volvieron a coincidir y una chispa de odio y deseo los unió casi para siempre.

La placidez del viaje se jodió al llegar a Príncipe Pío, como ocurría todas las mañanas. Una avalancha de gente intentó tomar el vagón al asalto. Era una vergüenza lo de la masificación del Metro de Madrid, aunque luego los habitantes de la ciudad estuvieran contentísimos con él. Que les jodieran a todos, desde luego lo tenían más que merecido. Imagina una estampida de ganado, vacas, ovejas, cabras. Perros pastores. Mugiendo, bramando, ladrando, apestando. Imagina toda esa carne animal aplastándote contra las paredes de metal. Imagina ahora al pobre Jostar asistiendo atónito al espectáculo de toda esa gente pisando al herido del traje hasta aplastarlo convirtiéndolo en una pulpa sanguinolenta. Imagina los nervios desquiciados de Jostar. Imagínatelo gritando.

- Me cago en la puta. Sois como un puto rebaño, joder. Sois un puto rebaño de putos borregos.

Imagina también la reacción de esa masa borreguera. Una reacción en cadena. Los elementos más psicópatas tomando la iniciativa para luego ser secundados por los más dóciles, pero peligrosos. Imagina a las viejas disfrutando el sentir una muerte más próxima que la propia. Imagina a los niños divertidos por el espectáculo de la vida adulta convertida en baño de sangre. Y a las zorritas calientapollas desahogando su cachonda frustración a patada limpia. Y a los pajilleros de gimnasio, todos, todos ellos lo son, aprovechando el esteroide y la escasa masa cerebral para intentar reventar zonas vitales al tipo que les acababa de llamar borregos. Borregos ellos, que se limitaban a seguir al líder, a agachar la cabeza ante las órdenes. Borregos ellos, que viajaban como en un transporte de ganado sin quejarse jamás, asumiéndolo con docilidad borreguera. Borregos ellos, que tenían casa, coche e hipoteca, y hasta un equipo de fútbol al que seguir con tanto énfasis como a su partido político, uno de los dos grandes, no fuera que se volviera loco el mundo por escoger cualquier otra posibilidad.

En fin, cuando acabó la celebración de la violencia gratuita, y el rebaño huyó aterrorizado por la masacre que acababa de cometer, quedaron 3 cuerpos en el vagón. Uno de ellos era el del tipo trajeado. Nadie diría que eso había sido humano alguna vez. Estaba totalmente irreconocible. Pisoteado por cientos de zapatos ahora un poco impregnados en olor a sangre y mierda.
El otro, aún consciente, era el de nuestro amigo Jostar, al borde de la muerte, pero todavía vivo gracias al exceso de adrenalina y su función analgésica. Sin dientes, piernas y brazos rotos. Cráneo probablemente dañado. Varias hemorragias internas. Cojones y polla destrozados a patadas. Un ojo ciego y el otro con la mirada preocupantemente borrosa, como con cristales incrustados. Lágrimas de sangre. Lágrimas santas. Y entre brumas, el tercer cuerpo. La chica, la chica del beso. Intacta. De pie como a medio metro de él. Sonriendo levemente. Húmeda de excitación. Pezones erectos. Ganas. Muchas ganas.

- Vaya, al final la basura siempre acaba como basura.
- Chúpamela, amor mío, respondió como pudo Jostar.

Y así fue como ella le cerro boca y experiencia vital dándole una patada que le introdujo la punta de su fino zapato de zorra hasta el fondo de la garganta, desencajándole la mandíbula y rompiéndole el cuello casi al mismo tiempo.

Cuando Jostar sintió el chasquido fatídico justo en la nuca dedujo que aquella puta le había asesinado de puro amor no satisfecho. Game over, se dijo en los estertores de la agonía. Game Over, mundo de mierda. Putas de mierda. Borregos. Borregos de mierda. Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, sonó el timbre de aviso de las puertas cerrándose. Más tarde llegaron los de la brigada de limpieza, quienes se cagaron en la puta madre de todos los que habían llenado de basura, sangre y heces aquel precioso vagón de la línea 10.

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Sonido: Aphrodite's winter (Cathedral)

10 Comentarios:

O dijo...

Bien hecho, con lo fácil que hubiera sido decirle algo que ella pudiera valorar, la estupidez se paga en la granja!

Ye. dijo...

graciaaaaaas x tu coment

POEM dijo...

ja

en plan Tarrantino

reflexionas paralelo a mi sobre la masa borrega...

me suelo controlar porque al no hacerlo tengo todas las que perder...
pero si que he tenido trifulcas de este estilo con seguratas de mierda y me han torcido la muñeca...ja
y una agente me sacudió el cuerpo por atacarla

y en el aeropuerto me metieron en el calabozo por morder un guardia civil...ja

te vas a reír...jaaa

la peor experiencia de mi vida fue defenderme del ataque psicotico de un amante mío.
acabé en urgencias con el pelo arrancado, la espalda torcida, el cuello con mil hematomas...

y también ataqué a un biker en CLN quien me atropelló con su bici, gané yo...

otro amante psicotico me hizo 33 quemaduras con ceniza en mi culo perfectos círculos que surpuraron durante días...
la sensación de la ceniza quemando sobre mi piel me hizo correr mil veces...
no repito porque aun se ven las cicatrices...como ganado...ji

otro amante psicótico casí me estranguló sobre la cama y otro casí me estampa un cenicero de cristal en la cabeza...

ya ves

y aún así no sentí miedo...

extraordinario pulp fiction este

Southmac dijo...

Poem, estas agradables anécdotas que cuentas demuestran que la realidad siempre se pasa algunos pueblos más que la ficción. Es curioso, no te hacía tan, tan extrema. Tuviste suerte con las quemaduras de cigarrillo. El tipo no debió apretar demasiado.
En fin, cuídate.

Ye., de nada. Me gusta mucho tu criterio a la hora de seleccionar fotografías eróticas. Siempre que entro en tu blog acabo excitado de un modo sutil, embriagador.

O., dios, si eres quien creo que eres debería censurarte todo el tiempo, pero con estos calores me da pereza hasta eso.

Neuras, es que las alteraciones del sueño alteran bastante los comportamientos. Pero el relato, como todos, es una exageración. Siempre hay una suma de factores que dispara los mecanismos de violencia. Jamás uno solo.

Funiculí, joder, he visto tu link... hablando de linchamientos. Y de quemar viva a la gente. Buena ilustración de lo peligrosas que son las masas borregueras descontroladas.
No te preocupes por la muerte de Jostar. Es una muerte simbólica. Algo así como lo que ocurrió con Marla, cuya cabeza sigue viva en algún congelador. Es difícil (y me niego) enterrar al lado oscuro de South. Claro que, joder, y si todo fuera mentira y Jostar fuera LA PARTE BUENA de South?

Carencia de Ser dijo...

Me ha encantado, acabo de llegar por aqui, pero ...madre mia! esto es brutal!

mis más sinceras felicitaciones.

aLba (*) dijo...

pobre jostar...
habra que pensar antes la proxima vez:p

Locadelto dijo...

eres muy bueno. Acabo de mandarte un correo con una proposición que no podrás rechazar :)

Maldita inocencia dijo...

Pues me alegro. Que le den. Un hijo puta menos dando por saco.

Ays creo que me he contagiado del espítu Jostar… (esto es de borregos no?)Un besazo

ydijouncuervo... dijo...

SOLO¡¡ Publicas a los que te idolatran.. ehh jostar

Southmac dijo...

Maldita inocencia, no sabía que fueras tan sanguinaria, jaja. Hum, yo habría preferido la desaparición del rebaño, no la del héroe loco.

ydijouncuervo, no soy Jostar, y tu afirmación simplemente es falsa.

Locadelto, estoy en ello y, joder, no, no creo que pueda rechazarla ;)

Alba, sí, resulta aconsejable pensar antes de actuar en ciertos términos, ejem...

Carencia de ser, me alegra que te guste. Espero seguir viéndote por aquí (y seguir sorprendiéndote).

Funiculí, buena reflexión, pero shhhhh, que no lo oiga nadie!