20.6.09

Medieval



Ambos habíamos crecido en pueblos pequeños, quizá por eso conocíamos la importancia de las fiestas. Cuando llegaban esas fechas, solía ser en verano, todo el mundo andaba bastante excitado. Más que sexo, la Fiesta sugería flirtear con la noche y crear escenarios para cosas que el resto del año era imposible que ocurrieran. La Fiesta era la culminación de algún ciclo lunar, o algo relacionado con las cosechas, la llegada del calor, el eclosionar de los sexos... no estoy seguro pero aún siento el estremecimiento que me asaltaba cuando faltaba poco, muy poco para su celebración.

Luego pasaron los años y por diferentes razones acabamos viviendo en la ciudad más grande del país. Eso tenía algo de superación, al menos en lo espacial. Habíamos cambiado, habíamos tenido el valor de saltar de un medio a otro. La ciudad era bastante complicada, pero no carecía de interés. La ciudad te abría la mente. Había cosas buenas allí, y llevábamos un tiempo disfrutándolas. También había cosas apestosas, especialmente al salir del trabajo a las siete. Todos esos cuerpos apilados en el metro y el autobús. Todo ese sudor rancio. La ciudad podía inspirar una sonrisa o ganas de vomitar. Madrid podía oler a culo rancio mezclado con gasolina quemada, o a hierba fresca y tierra húmeda justo después de la más violenta de las tormentas.

La ciudad acortaba sus distancias mediante una misteriosa red de metro cuyas puertas podían ser como cuchillas. Y esos pasillos parecidos al laberinto del parque de atracciones. Hum, hacía la hostia de años que no iba al parque de atracciones. Al volver del trabajo lo veía desde el tramo exterior de la línea 10. Me gustaría regresar al parque de atracciones. A la Casa del Terror. A la monstruosa noria desde la que verlo todo un poco más claro. Luego estaban esas máquinas para desafiar la gravedad en las que aún no sé si tendría cojones para montar. El tiempo era una magnitud casi tan rara como la pasión.

Pero no había que tener miedo. Al fin y al cabo, la ciudad no era otra cosa que una acumulación más o menos afortunada de pueblos, por eso al llegar las noches de verano empezaban a sucederse las fiestas de los barrios. Uno no era de Madrid, sino de Carabanchel, Vallecas o Moratalaz. Uno no era de Madrid, sino de Aluche, Usera o Latina. Claro que los de Moratalaz eran medio vallecanos, jaja. Lo bueno es que la mayoría de la gente no había nacido en la ciudad. Eso era lo mejor de todo.

Y con las fiestas llegaban las nuevas modas. El retorno de lo medieval, por ejemplo. Raro era el sitio, barrio, ciudad o pueblo en donde no se escenificara una vez al año alguna de esas recreaciones de la Edad Media. A mí me gustaba aquello. Quizá alguien se hubiera dado cuenta de que el presente se parecía cada vez más al pasado remoto. Los puestos con todo tipo de adornos, comidas y bebidas. Los tés en la tetería, pues en el pasado aquí convivían sin problemas tres culturas totalmente enemistadas hoy. Y disfrutar viendo a los putos saltimbanquis con sus polladas, o fumando un poco de pipa de agua mientras el grupo de juglares interpretaba sus melodías ancestrales, muchachas danzando con panderetas y vestidos vaporosos, la carne y el espacio en perfecta armonía. Sí.

Pero en la Edad Media también había problemas. Por ejemplo, las calles olían como te he dicho antes que huele el metro a las siete. Todas las calles. A todas horas. También había epidemias. La Peste. La Gripe. La Viruela... ya, ya sé que ahora tenemos la gripe del puerco (hum, está bueno este jamón), la del pollo y el sida. Ahora también hay epidemias, y las ciudades siguen apestando a su manera. Ahora también hay dragones, monstruos reales o inventados con los que mantener atemorizado al vulgo. Vivíamos ya en el siglo XXI pero muchas cosas no habían cambiado con el murmullo del tiempo acumulado. Seguían existiendo doncellas cautivas en castillos con foso o jardín. Seguía habiendo ventanas abiertas por las que intentar acceder en mitad de la noche para consumar la pasión de los locos. Seguía presente la sensación de riesgo inminente, el desafío a la norma, a la convención, a lo que se suponía que debía hacerse. También había inquisidores, religiosos como antaño, y bufones, hoy políticos. Los bufones y los inquisidores vivían mejor que tú o que yo. El pueblo siempre pagaba el pato, en eso tampoco había cambiado nada, porque seguimos peleando por el pan y por encontrar un sentido a todo esto.

El caso es que una noche se me ocurrió que teníamos algo de inmortales, aunque sólo fuera por la eterna repetición de escenarios. Una noche, bebiendo vino tal y como se hacía hace diez siglos, tuve la revelación que marcaría el resto de mi vida, o el resto del verano. Ya sabes, la inspiración que devino en rueda, aeroplano o bomba nuclear. La chispa de inteligencia que nos hace infinitamente divinos y peligrosos. Vamos, que vi la luz en mitad de las tinieblas. Así, medio tirado contra el teclado de aluminio y el monitor de plasma lo vi tan claro como el campo en las noches de luna llena. Joder, me dije todo solemne y ligeramente empalmado, hostia, el hecho de que las ventanas estén abiertas no sólo implica que se pueda entrar, sino que también se puede... salir!

Luego me cagué en dios, sonreí y me masturbé con ferocidad y deleite para finalmente caer dormido en un plácido sueño de equilibrios realizados, sin red, sin trampa y sin medida. Quizá dentro de 10 siglos alguien volviera a tener revelaciones semejantes y todo cambiara de manera radical, como a lo mejor estuviera a punto de pasar en estos turbulentos albores de la Nueva Era Oscura.

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Imagen: Hugo van der Goes
Sonido: Histrionia (Ataraxia)

13 Comentarios:

Meryone dijo...

decía umberto eco que la edad media acaba de comenzar. y tiene toda la razón. claro que no se refiere a las ferias medievales (que yo como medievalista llevo bastante mal, porque están llenos de anacronismos como tarta de piña cuando la piña vino de américa), pero las ferias medievales y nuestra visión anacrónica y "en pack" (diez siglos y algunas cosas más todas en un montón de puestos y de disfraces) se parece mucho, mucho (en el fondo) a la que tenían los medievales de la época clásica

por lo demás, claro que se puede salir. incluso metafóricamente, como cuando te masturbas

besos

Anele dijo...

Último párrafo lo demás me importa un bledo.

Guiño.

Hécate dijo...

coincido con anele. Danos algo interesante que llevarnos a la boca.

POEM dijo...

los ultimos 2 parrafos

lo medieval no me gusta

para mi es muy popular

beso

maite dijo...

El domingo pusieron en la 1 el último kingkong. En una de las primeras si no recuerdo mal kingkong se pasea por una ciudad y pasa junto a un parque de atracciones que parece de juguete a su lado.

La bella y la bestia. Qué terrible me parece tener que ver el mundo por los ojos de una bestia. Observar como a la preciosa rubia que amas solo le inspiras miedo, pánico y ganas de huir. Creer que solo de haber estado encerrado en un jaula bien lejos ella se acercaria un poco, pero solo por curiosidad. Pero de tenerlo cerca como poco tendría que drogarse para poder controlar su miedo, tal vez su asco. Podría incluso probar con un repelente de bichos no fuera que su olor corporal lo atrajera y se desbocara el animal.

Mas triste que el romance de curro el palmo.

Se me ha ido la olla, un mal día, envidia que me dan las rubias será...

Javier Luján dijo...

Joder, amo lo medieval. Nací, más o menos, por aquella época. Si yo te contara...
South, un saludo.

Ariadna dijo...

A veces es necesario volver a ser un poco medieval. Que las mujeres anden con corsés que nos quitan el aire, con vestidos femeninos...que los hombres sientan que todo está por inventar. Hace poco leí sobre una fiesta medieval. Me atraen estas historias. Gracias por una lectura tan entretenida. Besos.

pau dijo...

No sé... yo que he vivido en la montaña y en la ciudad, nunca he sentido que ésta abra la mente, más bien la amputa.
Menos mal que todo terminó en una repentina cagada deística, porque lo de salir por la ventana en una de esas ciudades, puede ser algo rematadamente suicida.

Demencia dijo...

Llego tarde a este post... pero no creo que importe demasiado.

Adoro la Edad Media tanto como me repugna...pensar que follaban como conejos y debían tener costras genitaloides me resulta espeluznante... así como que de pronto te griten "agua va" y te encuentres con una masa marrón resbalando por tu sien...( ayer me dijeron que era demasiado escatológica, quizá tengan razón)

Sin embargo es una época que me llama mucho la atención...y sí, eso también quiere decir que los mercados medievales me pirran... y o que más me gusta de ello son los quesos xD eso y una pipa de agua, joder.... En el del año pasado del pueblo de al lado había unas morcillas tan grandes como pollas... xDDD ay... que ruda soy hablando... no tengo nada de señorita, sin duda me habrían quemado por bruja.

Me gusta el escrito, y Ataraxia también, hacía tiempo que no les escuchaba pero yo soy más de Vox Vulgaris... :D

Southmac dijo...

Demencia, sí, supongo que aquellos tiempos debieron ser bastante... mugrientos. Pero en medio de tanta asepsia como hay hoy no deja de resultar fascinante, jaja (al menos para un rato).
A mí también me gustan mucho los quesos fuertes, las morcillas como pollas no, no me gustan nada ;)
A ti te habrían quemado por bruja y a mí por hechicero. Bueno, ahora se limitan a ignorarnos, jajaja.
No conozco a Vox Vulgaris. Investigaré, gracias.

Pau, yo también he vivido en ambos mundos y son experiencias tan diferentes que todavía no tengo claro con qué quedarme. Son aperturas mentales diferentes. Y en los dos sitios puedes quedarte bastante colgado según el grado de proyección-ensimismamiento.
Un tema siempre interesante, ciudad vs resto, jaja

Ariadna, sí, un poco de épica nunca viene mal en estos tiempos de aglomeración y miedos ridículos. Es necesario, vamos.

Javier, entonces tú también formas parte del proyecto de turismo en el tiempo, hum. A ver si un día coincidimos en alguna época interesante. Tengo pensado matar a Cristo ANTES de tiempo, ya sabes, de adolescente :P

Maite, curiosas asociaciones de ideas. Siempre me ha fascinado ese precario equilibrio entre el asco y la fascinación. Bueno, no siempre, pero ya me entiendes.
Siempre me gustaron más las chicas morenas, aunque reconozco el encanto del otro sector.

Hécate, has probado a intentar la autofelación? Dicen que es muy interesante.

Poem, es curioso, a mí me da asco lo elitista.

Anele, a ti lo que te pasa es que eres sórdida ;)

Flor, es cierto. Las estaciones inversas en los hemisferios, jaja. En fin, lo curioso es que yo os envidio a vosotros. Prefiero el fresco del invierno a los bochornos veraniegos en la estepa madrileña, sinceramente.

Dispersa, asume tu "vallecanidad", juasjuas. Yo hace tiempo que asumí el rollo carabanchelero, ni punto de comparación con Aluche o Usera :P
Ah, a mí también me gusta esa parte tuya :)

Neuro, no lo dudes.

Meryone, nunca me ha importado demasiado el grado de verosimilitud de esas fiestas. Es más el ambiente nostálgico, la posibilidad de un poco de vida sin tecnología ni paranoias sobre la salud pública. Suena bonito eso de ser medievalista. Ah, odio a Eco desde que que se sacó de la manga esa gilipollez suprema sobre apocalipsis e integración.

POEM dijo...

no
no creo que sea elitista

pero no me gustan las masas, ni olor a comida

a mi me gusta más la soledad, lo salvaje

tus tormentas
y tus pasiones

muy elitista tu forma de escribir, por cierto, ja

beso

Southmac dijo...

Poem, ¿te parece elitista mi forma de escribir? No jodamos, jajaja
Además es muy diferente el olor popular en este tipo de movidas que el olor de la alienación y la tristeza que puedes percibir en los metros cuando la hora se vuelve punta. Ese olor a culo sin erotismo...

dispersa dijo...
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