14.7.09

La cobardía de la fatalidad



Nubes inexistentes se ciernen sobre la ciudad, que es fuego, que es calor en estado puro. La tristeza no entiende de estaciones. La oscuridad puede imponerse en mitad del más resplandeciente sol. Hay fuerzas negativas que son las que mueven el mundo. La naturaleza considerada en el más amplio sentido es una sucesión de catástrofes, de ciclos de creación y destrucción. Quizá la mayoría de las religiones se inspiraron en la contemplación de esa dinámica estacional para vendernos la idea de bien y mal. Pero lo cierto es que la supremacía de lo oscuro, no necesariamente maligno, resulta inevitable y muchas veces no queda otro remedio que convivir con ello. La ciudad se convierte así, en mitad del verano, en una tela de araña de la que nada ni nadie puede escapar. Y la araña es enorme, apestosa y dispuesta a morir matando. La agilidad de sus potenciales víctimas será crucial para escapar a una suerte siniestra. Será necesario cortar los puntos de apoyo que sustentan la peligrosa red. Será inevitable fumigar los criaderos desde los que la araña esparce su ponzoña.

Más allá de abstracciones, estaríamos hablando de la eterna oposición entre vida y muerte, entre eros y tánatos. El verano no es la estación de la vida, sino todo lo contrario. Campos agostándose, muriendo literalmente abrasados por la fuerza del sol que es el mayor aliado de la araña. Aires calientes y contaminados arrastrando mierda en todas direcciones. Oxígeno escaseando cuando el termómetro se acerca a los 40 grados, cuando el termómetro los sobrepasa sin dejar tregua ni para el sueño. Sin duda el verano es la estación de la araña, y es cuando ésta aprovecha para morder nuestros cuerpos desnudos amparándose en la locura y el anonimato, en la oscuridad de la noche bochornosa. Lo lleva escrito en su código genético. La necesidad de herir por el mero placer de hacerlo. El modo de atacar, oculta en los recovecos más inaccesibles. Su naturaleza mezquina, siempre atenta a un descuido, a un momento de creatividad o placer que nos abstraiga de su constante vigilancia.

Claro que quizá en un movimiento involuntario aplastemos a la araña mucho antes de tener que huir de sus redes. Porque la araña del verano es cobarde, como todo mal imprevisto, como cualquier desgracia, cataclismo o contratiempo. Tanto tú como yo sabemos que la felicidad sólo existe como ideal, porque es imposible semejante despliegue de armonía de manera continuada. Es lógico asumir que tarde o temprano caerá el rayo vengador, que no justiciero, que devastará toda construcción de naturaleza saludable, creativa o simplemente intensa. No somos ingenuos pringados que nacieron ayer. Hemos ido aprendiendo en qué consiste este juego y conocemos los riesgos y las amenazas que implica. La araña puede tomar muchas formas. Ese empresario de medio pelo que quiere joderte, ese funcionario chulesco al que se la suda tu salud física o económica. Ese retrasado mental al volante intentando echarte de la carretera, esa pareja ideal cuyo único objetivo es joderte la vida. Hay tanto odio, tanta frustración, tanta locura, tantos enanos mentales sueltos por las sucias calles que resultaría imposible erradicarlos por completo sin perpetrar una masacre. Pero la fuerza de la araña es precisamente su punto débil, porque la fuerza del insecto no es otra cosa que la manifestación de una debilidad, de una carencia de humanidad que lo convierte en algo tan detestable como insignificante.

Nubes inexistentes de mierda pura anegan los cielos de la ciudad mientras el mes de julio llega a su justo centro. La rabia no entiende de estaciones, ni de temperaturas. La luz de estos días inacabables tan sólo es el foco para iluminar la tragedia repetida que es la lucha por la supervivencia en un entorno hostil. Porque vivimos en un planeta duro, porque nuestro propio cuerpo libra batallas ciclópeas para mantenernos vivos bajo el sol. Porque estamos dotados de la intensidad de los iluminados, de la sabiduría de los que nos precedieron, no toleraremos ni un solo ataque más. No admitiremos que la araña del verano nos roce con sus repugnantes patas peludas. No permitiremos que insinúe su predecible movimiento de ataque pues ya hemos aguantado demasiado. Ya hemos soportado demasiado tiempo. Y nuestra respuesta será dura y sin paliativos. No habrá piedad para la triste y enloquecida amenaza venenosa. Tan sólo será aplastada por nuestra inmaculada suela en un movimiento duro y contundente. Después continuaremos la ruta que nos lleve hacia tierras más frescas y menos plagadas de putos psicópatas de los que pronto darán buena cuenta la justicia de los hombres y su propia autoaniquilación.

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Sonido: Divine punishment (Diamanda Galás)

15 Comentarios:

Anele dijo...

La araña en si no es peligrosa. Es la puta tela de araña lo que corrompe.

Filamentos impregnados de vulgaridad y lo peor vulgaridad neutra.


Guiño.

Mantis dijo...

Joder, no has pensado en liberar tensiones? un buen polvo, qué tal?
( lo que te salga de los cojones?... uhm.. bueno.. )

Funiculí Funiculá dijo...

M e gustaba el verano...pero sin lluvia ..desde hace cuatro años no esta resultando tan lindo...
Me gustan las arañas... mucho

Ignea & Josune dijo...

...me rechinan los dientes...pues a mi me parecen sugestivas las arañas...jajaja..en su forma animal, ya no en esa catarsis social donde tejemos nuestras vidas.
No se, la malignidad es algo tan aleatorio como nuestro pensamiento...y solo parido desde el raciocinio.Las cosas son lo que son...solo nuestra mente con su capacidad de valoracion dicta lo que es bueno o malo...lo que genera o lo que destruye.
La maldad es un termino humano....
Que mierda de alegato...jajajja...pero es que ..JOPETA!...que ha sido mi ultima musa tambien la jodia araña....jajaja...y que la siento un poco mia.

En fin tu texto...pues lleno de matices...de neuronas que ven mas alla de lo cordialmente establecido. Disfrute de tus pensamientos enmarcados....Me gusta leer textos que me activen.

Sin mas besos a quemaropa.

POEM dijo...

no tengo miedo de las arañas

ni si quiera de las tarantulas que andan siempre por la casa de mi madre, sobre todo cuando hace mucho calor...

pero la araña urde planes en un rincón oscuro...

es verdad que los subnormales de la carretera molestan...

pero me jode que estes triste o rabioso

no quiero!!!

beso de airco

Southmac dijo...

Poem, a mí las arañas tampoco me dan miedo. Sólo me inspiran repugnancia. Especialmente las arañas de la red, las arañas del verano. Las arañas taradas. No estoy triste. La rabia es uno de mis estados habituales.

Ignea, por supuesto que el concepto de mal es totalmente humano y que sin humanidad dejaría de tener sentido. Pero es que en muchas manifestaciones de lo humano, ni buenas ni malas, se aprecia esa destrucción gratuita que caracteriza a lo natural. Es entonces cuando, como humano y perteneciente a este planeta, no me queda otra salida que responder con igual dureza al movimiento aniquilador.

Funiculí, nunca soporté los veranos. Ni las arañas. Pero ya llegará el otoño y mis textos serán mucho más grises y relajados.

Mantis, no tengo problemas en ese sentido. Además las tensiones también se liberan escribiendo, tocando el piano...

Anele, sin duda. La vulgaridad, como forma de analfabetismo vital, es el terreno preferido, la red para esa araña que, ni buena ni mala, disfruto pisando con naturalidad.

Elisa dijo...

La rabia es uno de mis estados habituales...¿?
Se nota que no eres de ciudad..., es díficil hacerse con Madrid en verano. Pero...créeme que los aeropuertos de por ahí no están menos llenos de arañas.

Espero que estés bien

Southmac dijo...

Hola, Elisa :P Hombre, yo prefiero Madrid en verano básicamente porque hay menos gente. Otra cosa son las arañas, y el calorazo...
Estoy bien. ¿Tú nunca rabias?

flor. dijo...

South, el verano del lado de tu hemisferio sucks. Por eso los europeos odian el verano, el calor, la transparencia de humo que disuelve la ciudad elevándose desde el asfalto y uno que está en el coche que putea y transpira y piensa en matar a todos pero está tan agotado por el puto calor que usa sus pocas fuerzas para encender la radio y quedarse en esa pedorrada de tema que están pasando... En fin, sí, el verano es apocalíptico por esos pagos, de hecho el apocalipsis siempre es fuego y nada más plagado de fuego que esa bendita estación que yo, por el contrario, AMO y ESPERO desde el principio del otoño. Pero bueno, estoy a pasos de una playa paradisíaca, lo cual contribuye a pensar esa teoría de los opuestos, y el equilibrio, etc. No sé, me gusta eso de tu escritura de empezar con algo gigantesco para luego desarmarlo en algo cotidiano, que, finalmente, estalla en el fin de la humanidad, o un polvo en un subte, etc. En fin, permití explayarme un poco, hacía bastante que no pasaba. Beso y te mando un poco de frío porteño húmedo y semi polar.

flor.

Ignea & Josune dijo...

...pues si es basico el movimiento opuesto para el fraguil equilibrio.
¿Guerrero de la luz con traje de oscuridad...? Se intuye un corazon disconforme, una mente acusadora de la mierda con purpirina que decora la humanidad..
Bueno tras el verano el otoño...y el trasiego taera nuevos cambios...


Un beso and saludete mientras cambia la estacion.

Likuid dijo...

Buen escrito, buena foto. Malos modales en las consideraciones a los comentarios...

Laura dijo...

Yo, únicamente sé que el calor horrorizante del mar menor, me pone de mala leche. Y en madrid, mucho mejor en invierno, ¡claro! Ahora están todos aquí. ;)

Besi.

Southmac dijo...

Laura, es probable que gran parte de Madrid veranee por allí, pero no puedo incluirme en el pack por dos razones: no soy madrileño y, personalmente, prefiero el norte ;)

Likuid, hombre, para mí los malos modales son entrar en casa de alguien cuestionando sus normas internas... pero me alegra que te haya gustado la foto (no conozco autor, la pillé en google images) y el escrito.

Ignea, dices unas cosas rarísimas, pero sí, dame otoños y déjate de calores desérticos.

Flor, me gusta tu análisis. Sí, el verano apesta aquí y en todas partes, pero si tienes una playa paradisiaca al lado, y estás en otro hemisferio (o sea, en invierno), julio puede adquirir cierto sentido. Ya hablaremos cuando aquí sea octubre (y ya me contarás cómo son las navidades argentinas a 38 grados :P)

Ixtlapale dijo...

A veces la maldita sociedad en la que vivimos hace que se me desmorone el alma de corajes...

buen escrito.

Southmac dijo...

Ixtlapale, coincidimos plenamente. Gracias.