2.7.09

Revancha



Poto es un tío raro, un tío que se pone nervioso con facilidad. Poto conoció a Jostar en una movida que hubo por las Casas Baratas hace ya tiempo. Fue una noche problemática. Armas blancas, disparos. Mal asunto. Poto ha oído que alguien se cargó a Jostar en el metro, pero seguro que sólo es un rumor. Nadie puede matar a Jostar, al menos definitivamente. Todos tenemos un pedazo de Jostar en el interior de nuestros podridos corazones. Todos somos Jostar, aunque sólo sea en momentos puntuales, en momentos totalmente imprevistos e inspirados.

Claro que todo esto a Poto se la suda. Ha escuchado que algún hijo de puta se cargó a Jostar y ha decidido recorrer toda la red del suburbano para encontrar al culpable. Nadie se carga a un colega del Poto y vive para contarlo. Claro que también se rumorea que quien remató a Jostar fue una zorra. Joder, se dijo Poto al conocer ese dato, eso ya lo veo más posible. Ningún tío habría podido con Jostar, pero una zorrita de esas rompecojones... quizá, quizá.

Poto iba provisto con un Uzi de fabricación israelí. Se lo había pasado Manué, el de los cartones, que a su vez lo había aceptado como pago en especie por cierta cantidad de... analgésicos.

- Esta es un arma buena, dijo Manué.
- No sé, tío, dijo Poto. ¿Dices que es de fabricación israelí?
- Sí, sí, lo mejorcito desde la Luger.
- Joder, Manué, pero si la Luger P08 era la pistola que utilizaban los oficiales nazis.
- Pos eso, aseveró Manué.
- Vale, me la quedaré de todos modos.

Como en el metro podías entrar con un lanzagranadas sin que nadie te dijera nada, Poto no tuvo ningún problema en pasearse por ahí con el subfusil metido en sus vaqueros sucios. Ahora tengo dos cañones, se dijo Poto. El ametrallador judío y mi polla, jaja. Por suerte Manué le había explicado bastante bien cómo funcionaba el seguro de esa máquina.

El día era lunes, así que el metro estaba colapsado, como todos los lunes. Como todas las horas punta. Los ciudadanos eran tontos del culo o tenían una paciencia infinita. Como Poto no solía currar se sorprendió al ver cómo los curritos eran apilados sin dignidad alguna en vagones de ganado. Aquello apestaba, física y conceptualmente, pero nadie parecía demasiado indignado. La gente lo aceptaba con naturalidad. Poto sabía que a Jostar se lo habían cargado a esa hora, en alguno de esos vagones, seguramente el último del tren por aquello de la simbología. Así que repitió los pasos de su amigo sin tener ni idea de cuál era el objetivo a localizar y destruir.

Cuando sonó el pitido estridente que avisaba del cierre de puertas Poto empezó a sudar. Aquello era insoportable. No había espacio vital en aquel vagón de mierda. No se oía nada en medio de la multitud apiñada, sólo el rumor de los reproductores mp3 que algunos ponían a gran volumen para evadirse del infierno. Le pareció a Poto que alguien esta escuchando el Otoño de Vivaldi.
- ¿Jostar? dijo a media voz para inquietud de sus demasiado próximos compañeros de viaje. Pero no hubo respuesta.

Una tía se le quedó mirando fijamente. Estaba aprisionada contra una de las paredes del vagón. Guapa. Morena. Cara dulce aunque un fondo de ojos no exento de cierta violencia contenida. Poto no puedo evitar sostenerle la mirada. Poto no pudo evitar gritar, Qué, bonita. ¿Algún problema? A lo que ella respondió, no me jodas, baboso, ya me he cargado a más como tú. Entonces Poto lo tuvo claro. Tenía que ser ella, o quizá no, pero daba igual.
- Qué, hostias, qué, siguió gritando Poto. Qué, mecagondios, ¿qué hostias te pasa?
- Ven aquí, gilipollas, respondió ella. Ven aquí si tienes cojones. La gente empezó a intentar cambiar de posición para evitarse problemas. Aquello era imposible. La distancia entre los cuerpos era de centímetros. Imposible moverse sin aplastar, sin pisotear cráneos.

Pronto aparecieron un par de héroes vocacionales, ya sabes, siempre hay alguien que ha visto demasiadas películas americanas de acción. Alguien que quiere ser como Rambo y que luego le pongan una medalla en la punta de la polla al conseguir la ansiada tetraplejia en acto de servicio.
- Tranquilo, le dijo a Poto un imbécil con toda la chulería del mundo.
- ¿Tranquilo? Respondió Poto. Tú sí que deberías quedarte tranquilito.
Entonces el tipo enrojeció e hizo amago de avanzar hacia Poto con intenciones no claras. La zorra se reía. Vaya, dijo, parece que hoy vamos a tener otro macarra muerto en el mismo sitio que hace un par de semanas.

El movimiento de ira se extendió por el vagón. La ira era como el miedo y la gripe. Se contagiaban con facilidad. Poto era un elemento discordante en la humillación cotidiana. Poto era molesto, no estaba de acuerdo con la vejación de los transportes saturados de gente sin cojones.
- ¿Qué le pasa a este?, se oyó desde el fondo.
- Otro gilipollas, dijo una vieja.
- Las drogas son malas, aulló un crío de 20 años.
Una mano desconocida atenazó la garganta de Poto. La vista empezó a nublársele. Ahora entendía lo que había pasado con Jostar. Aquellas masas eran tan imbéciles que con tal de no asumir su decadencia estaba dispuestas a eliminar a los elementos que las cuestionasen.

Pero por suerte Poto iba armado. Fue un poco complicado sacarse el Uzi de sus vaqueros mugrientos. Fue casi un milagro lograr quitar el seguro cuando la mano que intentaba estrangularle ya cerraba peligrosamente el flujo de la carótida. Pero lo consiguió. Sintió el click en su índice y justo en el límite de la inconsciencia consiguió apretar a fondo el gatillo. Un sonido seco y rítmico inundó el vagón. El Uzi estaba vomitando a un ritmo de 600 disparos por minuto. Por suerte Manué le había pasado un par de cargadores extra por el mismo precio.

Poto experimentó entonces el poder de convicción. La dialéctica de la balística. Los cuerpos más próximos fueron los primeros en caer literalmente atravesados por la munición caliente. El pánico se apoderó del lugar. Ya no eran la masa linchadora, sino el rebaño asustado. El enemigo era más fuerte de lo previsto. El linchamiento era imposible, la situación se había invertido. Poto no dejó de mantener la mirada a la chica mientras una creciente alfombra de cadáveres mejoraba su radio de disparo. En pocos minutos el vagón se redujo a un dantesco escenario de sangre y cuerpos estertorando. Poto evitó apuntar directamente a la zorra hasta que sólo quedaron los dos, cara a cara, separados por una pila de cuerpos humeantes.

- Así que tú mataste a mi amigo, dijo Poto.
- Bueno, en realidad me limité a acabar lo empezado, pero podemos negociar esto. Podemos ser amigos. Me gustan los tíos con cojones. Podría chuparte la polla en medio de este mar de muerte y destrucción. No creo que puedas escapar con vida de la policía.
- Chupa mejor esto, respondió Poto accionando el gatillo de su Uzi, taladrando por completo el bello cuerpo de la asesina de Jostar.

Luego Poto tuvo una inspiración. Accionó el freno de emergencia y el metro quedó parado en medio del túnel. Abrió una de las puertas utilizando la fuerza bruta y huyó en dirección contraria a la estación de destino. Por el camino limpió de huellas su arma, arrojándola a un alcantarillado próximo. Por el túnel reverberaban las sirenas y el ruido de pasos acercándose, acercándose cada vez más. Pero a él no iban a pillarle. No, joder, el no era inmortal como Jostar. El no merecería ser vengado, así que más le valía salir entero de todo aquello.

Por ahí dicen que Poto tuvo suerte, claro que los rumores sólo son eso, voces llevadas por el viento. También han visto a Jostar por Vista Alegre. Dicen que cojeaba un poco, que una horrible cicatriz le atravesaba el rostro verticalmente. Se dicen tantas cosas...

______
Imagen: el único taxista con verdaderos cojones que ha habido ;)
Sonido: Demon eyes - One kill wonder - (The Haunted)

17 Comentarios:

Folken dijo...

Al tal Poto le metía su fuerza ferroviaria y su arma limpia por el orto, por la mierda de nombre que se eligió.

Southmac dijo...

Folken, joder, todo tiene su explicación. Hubo un tiempo en que conocí al Poto, al Pocho y al Moto. Es así. La vida nos marca y luego todo es vomitar fragmentos y hacerse pajas mentales. Ah, además tengo un poto en la cocina, jajaja

Toy folloso dijo...

Ambientado con la jeta del jovencísimo DeNiro haciendo de taxista loco.
Y es que Poto da lugar a ese socorrido verbo, sinónimo de limpieza, como se puede intuir al hilo de la lectura.
Sí, sobra gente.
Sobran, mejor.

Elisa dijo...

Eyyy....soberbio amigo.
Me gusta lo de los héroes vocacionales, y la tipa con unos cojones de acero.
Gran relato,
mola poto
me alegro de que haya salido ileso

Southmac dijo...

Elisa, bueno, en realidad es una especie de "duelo al sol" versión metro madrileño, jajaja. Un duelo de cojones, los de ella y los de Poto, aunque mucha gente, especialmente por las redes, más que tener cojones lo que les pasa es que son psicópatas (ya sabes a quién me refiero ;))
Yo me alegro por partida doble. Por un lado no nos matan a Poto, o eso me han contado los chavales, y por otro es probable que Jostar siga vivo, pese a las horas de muerte clínica y la milagrosa recuperación posterior...

Demencia dijo...

Con dos huevos...masacre en el metro de Madrid... acallando rebaños...me gusta, no, mejor, me encanta.

Ha sido muy visual, como una jodida película de palabras. Quizá me recuerde a algo...solo que, normalmente la gente tiende a callar antes que a defender. Arriesgar tu jeta por la de otro ya no se estila.

mí misma dijo...

Me encanta este puto sitio.

Gat cabut dijo...

Joder! todos querriamos tener un amigo POTO

dispersa dijo...
El autor ha eliminado esta entrada.
C dijo...

Esta historia da pa una canción, o pa un cantar del mio poto", en realidad, los hechos, lo que sucedio y se podría haber visto si una de las viejas presentes grabara con su movil, es que el colega vino buscando a la superhembra y ella dio buena cuenta de él!

Anele dijo...

Primero comento, luego leere los comentarios.
Este relato "call of duty" callejero...ejem, ejem....

Ahora a ver que dice la peña...

Escuchar la música..tenía que leer con la música es el "toque"

POEM dijo...

jaja

super bueno!!!

a mi me ha pasado algo parecido
pero no lo puedo contar aquí
es muy heavy y prefiero olvidarlo...

beso que te reta

Anónimo dijo...

jajaja, no me creo que tengas uno en la cocina, pero seguro que tienes uno muy digno para dar unas cuantas palmaditas cariñosa en él... ¿o es en ellas?
¿Asi que tienes un sutil vena de humor?
¡Que sorpresa! Este reto comienza a ponerse interesante.

Eau

Misaoshi dijo...

Poto. Qué personaje tan grande, joder.

Míriam dijo...

¿Y dónde andará Poto ahora?

Javier Luján dijo...

Sí, no hay nada como una apacible viajecito en metro, rodeado de psicópatas y subnormales perdidos. Lo añoro.

Southmac dijo...

Javier, la verdad es que es entrañable. A mí me gustaba hasta no hace demasiado. Luego empecé a plantearme pillar una bici o algo así para no volver a rozar esos podridos túneles.

Miriam, pues esta tarde hemos estado tomando unas cañas por el barrio. Un gran chaval, joder.

Misaoshi, grande y con grandes cojones. La ley de los barrios, ese mundo...

Eau, no sé quién eres ni de qué reto me hablas. De hecho, me mosqueas. No me mosquees.

Poem, a mí sólo se me reta con los puños o las palabras. Los besos son para disfrutarlos.

Anele, me quedo con el Wolfenstein ET, pero más que nada porque puedes cargarte a nazis en plena Segunda Guerra, jajaja. Es curioso lo de los comentarios. Desde que los principales medios se han apuntado a la moda he llegado a la conclusión de que tengo un público privilegiado, ah, y de que la mayoría de la gente que hay por la calle está mal de la cabeza.

C. no es un nick. Identifícate, y luego hablamos. Un cordial saludo lleno de babas.

Dispersa, creo que las masas pasarían de alguien como yo. Por otra parte comparto eso de la soledad existencial del metro. Esos silencios en plena hora punta... esas toses y la peña poniéndose morada por miedo a respirar algún virus, esos codazos en el hígado...
Yo sí que te voy a retar a un intercambio de miradas (balas no tengo, sólo uso hacha).

Gat cabut, ya te digo.

Mí misma, a mí también. No por nada me dejo aquí neuronas y cojones con más frecuencia de la considerable como saludable...

Demencia, gracias, jaja. Tienes razón en lo de que ya no se lleva eso de sacar la cara por otro. Más bien nos estamos convirtiendo en rebaños asustados. En gallinas acojonadas.