A la certeza del nuevo amanecer se une la seguridad de la noche que cegará todas nuestras aspiraciones. A la luz del día que comienza se contrapone la tristeza por la eterna oscuridad que acabará por diluirnos. A la lujuria de escribir sobre tu recuerdo se soslaya el resquemor por la tibieza que nos envuelve.
Hay una amenaza latente. Hay un color de implicaciones siniestras tintando cualquier proyecto. Hay un silencio mucho más largo de lo aceptable en partituras.
A la sonrisa descubriendo que el sueño fue intenso y el descanso suficiente se asocia la seguridad de futuras noches en vela. Al ritual del té matutino que inspira y acciona se pega esa pereza de volver a ser, de volver a repetir los pasos que quizá erramos. A la viciosa enfermedad de la vida se yuxtapone la triste lógica mortal que acabará por devorarnos cuando sea demasiado tarde.
Hay un deseo que germina. Hay una secreción de glándulas animales despejando cualquier duda. Hay un lamento que no sabe si es de placer o dolor. Hay un él o una ella perturbándonos el descanso.
A la relajación posterior a nuestro último encuentro se asocia la tensión por saber si volveremos a vernos. A la saciedad del mayor orgasmo se niega la más pequeña de las ausencias. A la lluvia de estrellas que esconde tu mirada le corresponde la devastación de mi planeta abrasado por el sol.
Hay un todo inconcluso. Hay una postergación del orgasmo que confunde entrega con plenitud. Hay una lluvia de piedras sobre tu cuerpo inmaculado mientras lloro las lágrimas que omito de puro dolor.
Al roce de los metales que atrapan pieles se sucede la liberación de las cerraduras reventadas. A la tensión de la atadura correosa se impone la necesidad del cuchillo. Al sepulcro en vida le corresponde la única resurrección posible.
Porque aún hay tiempo. Porque todavía no es demasiado tarde. Porque merecemos mejores merecidos.
Bésame.
______ Imagen: Tanya Chalkin Sonido: Quis et homo (Pergolesi)
El día se hizo noche y las gotas del rocío evaporaron su humedad por aquello del sol naciente. Los insectos murieron fumigados y los pájaros se quedaron sin comida. Los viejos siguieron yendo al cementerio porque era un buen paseo y el médico les había recomendado caminar. Tú volviste de lejos, de muy lejos. Y volviste sana y salva.
El paro se transformó en curro y el político en buitre carroñero. El dios de turno resultó ser una rata y sus sacerdotes sedientas sanguijuelas de sangre. Cualquier amanecer podía resumirse en la última gota de dorada meada en la punta de mi capullo. Toda esperanza no era sino engaño. No había ni alma, ni esperanza, ni deseo ni locura. Tan sólo la calma de los vertederos. La autocombustión de la basura.
El asfalto de la avenida se transformó en nuevas zanjas. La posibilidad de un otoño lluvioso resultó quedar en un par de tímidas e insuficientes borrascas atlánticas. El filo de la cuchilla se había oxidado, así que al afeitarme corrí cierto riesgo de infección. Tu puto culo no valía lo que pedían por él, quizá por eso decidí no entrar en la puja. Y los niños siguieron educándose en las escuelas del odio. Y los muertos siguieron pudriéndose en sus nichos.
Al año le quedaban un par de meses pero no habría novedades en la nueva ficción. La ciudad seguiría languideciendo hasta ahogarse. Los viajes volverían a ser ese desplazarse dentro de uno mismo sin llegar a ningún sitio nuevo. Hijos de puta. El planeta seguiría gobernado por ellos y quizá poblado por todos nosotros. Más allá de pandemias inventadas y profetas de la falsa catástrofe. Más allá de vergüenza y dignidad. Más allá de cualquier atisbo de cordura.
A nuestra vida le quedaba un tiempo indefinido, pura incógnita, y eso sí que era una suerte. Nada como no saber la cifra de días restantes. Nada como vivir en la más apacible ignorancia. Nada como no caer en las garras de terribles enfermedades o ser víctimas de la simple ansia de romanticismo en forma de bañera tibia y desangrada. Nada como estar vacunado contra el tétanos.
A veces todo resultaba tan sencillo como pararse un segundo a respirar hondo y cagarnos en cualquier potencial suerte. A veces las cosas se complicaban por puro masoquismo inercial, o por pura inercia masoquista, como más te guste. Hum, creo que la segunda opción es la menos ebria. A veces las mayores cimas del dolor se convertían en las más apaciguadas vaguadas de calma.
Ella no se fue porque decidió participar en el juego que Alberto le proponía. En toda relación hay momentos duros donde una de las dos partes acaba cediendo consciente o inconscientemente. Quizá ella pertenecía al segundo grupo. Así fue como entró en la trampa de la privación sensorial. En el laberinto de la inmovilidad.
Ella está muy quieta. Influye el hecho de que alguien ha atado sus tobillos a sus muñecas. Piénsalo. Hay varias posibilidades a la hora de escoger esa forma de inmovilización, pero todas tienen en común el total ofrecimiento de la víctima. Piénsalo un poco más. Tobillos y muñecas. Un buen nudo coronando la más sinuosa de las ataduras. Nunca me gustó el bondage, y quizá a ti tampoco, pero vuelve a pensarlo. Imagínate el cuerpo de Nora congelado de ese modo. En una poética pausa de alta definición.
Ella había agotado la paciencia de Alberto. Si a un hombre lo bombardeas con demasiada socialización acaba por enloquecer. Si a un hombre le haces acudir a todas las citas culturales recomendadas por las publicaciones especializadas acaba por estallar. Sí, ya sé que hay hombres que acceden gustosos a ese ritual. Desengáñate. No son hombres. Quizá no sean ni seres humanos. Nadie soporta una sobredosis de vida urbana cultureta. Nadie por mucha pasta que lleve en sus gafas (las mías son de titanio, tranquila) puede resistir la inacabable muestra de inanidades que se nos ofrecen a diario. Todo tiene sus límites, sus procesos selectivos. Lo que no puedes hacer es obligar a saltar la sagrada frontera entre interés y simple asistencia.
Ella suda levemente, pero en la habitación no hace calor. Unos 20 grados, adecuados para ropa suave pero escasos para la total desnudez. Digamos que ella suda frío porque el juego se ha ido de las manos. Porque quizá no quería jugar aunque al final haya accedido... Ahora está sintiendo lo que Alberto tras la maratón de monográficos, actuaciones por la solidaridad, por el mestizaje, por el maltrato, por la muerte negra. Ahora ella asiste a la representación que podrían haberse evitado a cambio de unas agradables cañas con charla en 2 bares y medio. El medio se llamaba casa. Y en casa había más actividad cultural y mejor calidad alcohólica que en 2 Madrides con sus 12 millones de no existentes habitantes.
Ella sabe que Alberto no está del todo pirado aunque a veces le den sus puntos. Todos tenemos una vena sensible en la sien. La vena. La vena que puede inflamarse cuando alguien te bloquea en el tráfico poniendo en peligro la integridad de carrocería y alma. La vena que puede saltar en la cola del paro cuando el funcionario resulta ser un tipo sobradete al que se la sudas más de lo que recomienda el manual. La vena que revienta en las colas del cine, cuando íbamos al cine, en la cola del mercado, cuando íbamos al mercado, en la cola del hospital, hasta que decidimos cosernos las heridas para ahorrarnos la siempre estúpida y paranoide charla del medicucho de turno.
Ella escucha la voz de su ¿amado? como si estuviera a mucha distancia. La voz de Alberto es dura aunque con ese matiz morboso que tanto llegó a excitarla. Claro que, joder, hacía tiempo que no follaban como ANTES. Y el antes quizá empezase ayer, o hace una semana. ¿Cuándo empiezan los antes que nos joden la vida convirtiéndola en algo previsible y peor? ¿Cuándo se agota la paciencia y esa vena de la sien empieza a hincharse? ¿Cuándo es ya imposible dar marcha atrás?
Ella tiene miedo, siente el miedo. No es lo mismo tenerlo que metérselo dentro. No es lo mismo un dedo que una polla. No es lo mismo una polla que dos coños y dos lenguas. Si añadiésemos pieles y ojetes a la ecuación esto no acabaría nunca. Odio empezar progresiones finitas en apariencia pero infinitas en esencia. Ella siente la respiración de Alberto recorriéndole la espalda. Bajando desde nuca hacia coxis. Esto sí que es una road movie de puta madre. Sin pantalla. Sin altavoces reverberantes. Sin sonido envolvente ni comedores de maíz. La respiración del verdugo calentándote, oliéndote cuesta abajo. Ambos sienten el aire cargado de excitación porque al final del acantilado está el pantano con sus troncos flotantes, algunos de los cuales son cocodrilos capaces de arrancarte un brazo. Ambos son conscientes del peligro potencial que se esconde tras cualquier privación sensorial.
Ella está húmeda en contra de su voluntad. Cuando las cosas se van de las manos hay que aparentar una calma que no se tiene. Hay que cortar el rollo a cualquier precio. Todo precedente podrá utilizarse en contra tuya si eres subnormal. Si no te van las sensaciones al límite. Alberto ha encendido un cigarro porque ella ha oído el chasquido del mechero. Ahora puede también oler su humo. Alberto fuma demasiado, pero que le jodan. Alberto es quien ha atado sus tobillos y muñecas. Alberto es su verdugo y que le jodan si fuma más de la cuenta. Ella se estremece. Ella esperaba caricias lúbricas. Lenguas horadando orificios secretos. Incluso alguna hostia controlada. Ella anhelaba una polla contundente a punto de iniciar bombeo compulsivo. Pero no. Alberto se está limitando a fumar. Alberto toma aire y susurra mucho más cerca de lo que sus oídos habían intuido: ¿sientes el calor?
Ella siente el calor. Es una sensación aguda, concentrada en la cara interna de su muslo derecho. - Sí, joder, grita. Claro que lo siento. Por favor, no me quemes, llora. - Entonces, repite Alberto, ¿sientes el calor? - Pues claro que sí, hijo de la gran puta. Fóllame, escúpeme, mátame, pero no me quemes, por favor, no me quemes jodido psicópata. - Nadie va a quemarte, zorra. Tan sólo quiero que sientas el calor. Algún día no habrá calor y lo echarás de menos. Yo ya lo echo de menos y me duele más que a ti, porque aún no he presionado la brasa contra tu carne. Tu problema es que no sentirías el calor aunque te estuviera abrasando. - Hijo de puta. - Realista más bien.
Quince minutos después ella se está corriendo. Se corre a gritos. Es el orgasmo más salvaje que ha tenido en toda su vida. Es un orgasmo que recuerda a la muerte, o al nacimiento. Ella se corre con todos los centros de energía abiertos. Incluso se mea un poco (orina, no eyaculación femenina). Incluso expulsa más metano de la cuenta por su ano sobreexcitado. Él también va a conseguirlo. Su polla acelera y frena errática entre coño y culo. Va en contra de las convenciones higiénicas, pero cuando todo está perdido a quién le importa la puta higiene. Él también está cerca del placer máximo, el placer único más allá de Sade y sus asesinatos. Todo tiene más mérito que cualquier literatura de mierda. Todo es más auténtico que cualquier relato para viejas pajilleras. No tardan en llegar con tan sólo un par de segundos de diferencia. Marcas de dientes. Lágrimas calcificadas. Contracciones musculares. Vecinos desesperados por la felicidad que intuyen más allá de sus muros hipotecados.
Ella quisiera permanecer atada por siempre. Él va a desatarla ahora mismo. El cigarro se ha consumido hasta el filtro, abandonado a su suerte en un cenicero.
Todo es nada, y viceversa.
______ Imagen: Southmac (Título: Arde conmigo) Sonido: Astronaut: A Short History Of Nearly Nothing (Amanda Palmer)
PD: a los que os guste cómo suena esto os recomiendo la desgarga del disco completo (Who killed Amanda Palmer?). La chica en solitario es un huracán más desatado que con Dresden Dolls (que ya es decir).
- ¿Te castigaban de pequeña? - Hum, claro. Ahora ya no se hace, pero me llevé unas cuantas zurras. - Yo también recibí alguna y no somos tan viejos. Ahora ya no se puede tocar a nadie con fines punitivos fuera del entorno sadomasoquista. - Bueno, la familia tradicional española es lo más sadomaso que conozco. - Estamos de acuerdo, pero no se lo digas a un juez. - Jajaja, no, mejor no. - Recuerdo con especial cariño aquello de "esto me duele más que a ti". - Sí, qué hijos de puta los padres, los maestros y los compañeros abusones. - Bueno, los matoncetes de recreo no lo usaban. Ni los profes. En ambos casos se trataba de puro sadismo. - Nunca me lo había planteado, pero sí. El sadismo de quien tiene un poquito más de poder y puede machacar al otro... aunque es la misma relación de autoridad que había en la familia, ¿no? - Sí y no. Es evidente que tus viejos tenían la sartén cogida por el mango. Y también es evidente que tenían el cerebro lavado según los paradigmas de la época. Supongo que habría padres sádicos, pero muchos no lo eran. Tan sólo creían educar. - ¿Y lo consiguieron? - Mírame. Mírate. - No, no lo consiguieron. - Jaja, para nada. Bueno, no con nosotros. Conozco contemporáneos que aprendieron bien la lección y hoy son responsables nuevos papis, votantes de ultracentro, competentes oficinistas y, en fin, a ellos también les duele más que a mí. - Mierderos. - Estrictamente.
- El caso es que llevo un tiempo preocupado por ti, mi amor. - ¿Ein? - Sí, sí, pequeña bastarda. Estás tocándome los cojones más de lo tolerable. - Estás jugando, ¿verdad? - Sí, joder, pero en parte no. En parte estoy cabreado. - A ver, explícate. - Es fácil. Todo ese empeño con que salga de mi cueva, con que me relacione. Todas esas polladas sociales con tus amigas, los que se follan a tus amigas, los artistas de medio pelo que exponen en Madrid, en fin, toda esa mierda de eventos, actuaciones y masturbaciones para mayor gloria del analfabetismo manchego. - No deberías generalizar tanto, a lo mejor se pica algún manchego auténtico. - Que les den. Yo soy como ellos pero me doy cuenta. - Tú no eres manchego. - No, joder, pero sí de corazón. - Jajaja.
- ¿Tanto te jode que intente hacer de ti un ser humano normal? - Es que para mí la normalidad no es precisamente hacer maratones culturales todo el puto tiempo. - Ya, tú eres feliz con tu red, tu música y tus pelis. Con los relatos pajilleros y ese puesto de control que te has montado en pleno puticlub carabanchelí. - Es que eso da la felicidad. Andar oliendo pedos por el mundillo cultural del páramo a mí me causa escozor y depresión. - Quizá seas más inadaptado de lo que creía. - Al contrario, a lo mejor me he adaptado demasiado... pero ¿ves? Esa es la actitud que me revienta los cojones. Ese creerte en el ojete de las cosas por ver cuatro conciertos de artistas menores y dos exposiciones del sobrino de turno. - ¿Quién te dice que no lo consigan, que no sean los héroes del mañana? - Mis cojones me lo dicen. A día de hoy en este país sólo queda Corcobado, y su último disco es una puta mierda en comparación con lo que hizo. Ah, no, perdona, también está Albert Plá. Su último disco es brillante. No todo está perdido. Por el extranjero hay cientos de grandes talentos. La pintura me la suda bastante si me sacas de los clásicos y el hiperrealismo. El teatro es un mal menor. De cine controlo, pero nunca vamos al cine porque me lo bajo TODO. - Eres un radical. - Sí. Un radical cabreado con una zorra. - Eh, no insultes. - Cariño, si ningún amante te llamó zorra es que jamás fuiste querida. - Eres un puto nazi. - Quizá lo sea, pero no de esos rapaditos cutres y homicidas. Lo mío sería más a lo grande. - ¿En plan genocidio? - Quizá. Empezaría por los que todavía ven la tele. - Jajajjaja, buena idea. - ¿A que sí?
- Entonces te castigaban de pequeña. - Sí, ya te he dicho que sí. - Te azotaban el culo, te daban bofetadas... - Joder, dicho así parece que abusaban de mí. Sí, algún cachete, alguna zurra, nada serio. No sé lo que es una paliza. - No, a mí tampoco me pateaban en el suelo del comedor. - Eso está bien. - Nunca se sabe, pero supongo que sí, que está bien. - Te noto raro. - Soy raro. Creo que tengo que castigarte por el asedio cultural al que me estás sometiendo. - Venga, hombre. - Sí, sí Es necesario, y me va a doler más que a ti. - A veces me das miedo. - El miedo es el motor de todas las cosas. - Venga, Alberto, déjalo ya. - Niña, esto acaba de empezar. - Entonces me voy. - Los cojones te vas a ir.
______ Imagen: Southmac: las alfombras tienden al infinito mientras perdemos el tiempo Sonido: Lunatic Asylum (Annihilator)
Bueno, érase una vez dos almas sensibles, un chico y una chica, que charlaban sobre la vida y el sinsentido a la sombra de un árbol muerto. Érase una vez la historia de dos almas no demasiado gemelas en lo esencial pese a las apariencias. Érase una vez cualquier tarde festiva a medio camino entre una puta semana laboral y otra, y otra más.
- Pixies tenían sentido en los 90. - Sí, joder, pero ahora su material suena a viejo. - No todo. - No, la verdad es que no todo. Se salvan unos 14 temas. Bossanova es una jodida obra maestra de principio a fin. - Es más de lo que pueden decir los Beatles desde sus tumbas. - Por supuesto. - Me gusta coincidir contigo musicalmente. Es raro encontrar a gente que sepa disfrutar del sonido, de cualquier sonido. - Es que soy un bastardo musical, literario y quizá existencial. - Estoy segura de que lo eres. - Gracias, mi amor. - Bésame.
Él la agarra del cuello con cierta violencia contenida. Ella parece sorprendida, pero cuando sus labios entran en contacto la duda se convierte en placer. Porque él es perverso cuando besa. Porque a ella le gusta esa intensidad pornográfica.
- Cuanta brutalidad. - Sí, es que me pones mucho. Todo esto de las coincidencias místicas me excita como a los perros las perras en la época de celo. - Te gusta provocar. Te gusta exhibir tu polla en la misa del domingo. - La verdad es que no lo he hecho nunca, pero quizá me gustase, sí. - Al fin y al cabo todo es ritual y obsceno. - Y las ceremonias religiosas más que ninguna otra cosa. - Ahí está. - Hum, es tarde. Hoy ya no llegamos a la de 12. - Jaja, qué hijo de puta. - Hum, bastardo e hijo de puta. Reúno los requisitos para llegar lejos. - Me pones caliente en tus momentos psicóticos, querido. - Bueno, tú a mí me pones caliente especialmente cuando te callas. - Pero qué cabrón. - Nah, es broma. En realidad quería decir que me encanta disfrutar del silencio contigo, bajo este árbol muerto. - Es el otoño. El otoño lo ha matado. - Joder, y a mí. - Te veo bastante vivo. - Pura apariencia, créeme.
Repiten el beso, sabor a cerveza tibia en los paladares. Esta vez es ella quien proyecta su cuello para imprimir energía mientras él se limita a agarrar partes dispersas del cuerpo deseado. Aquí un pecho. Aquí una nalga. Puta ropa, puto otoño. Una armonía rara se apodera de la escena. El árbol sonríe desde su muerte mientras las hormigas desearían ser cigarras, y quizá viceversa.
- He oído que van a prohibir el tabaco en TODOS los lugares públicos. Estarás jodido, ¿no? - Pues la verdad es que me la suda. Entre otras cosas porque cada vez frecuento menos lugares públicos. - Has decidido aislarte del todo... - No, no, para nada. Me gusta la gente en dosis pequeñas. Lo que me pone malo es que cuando hay multitudes siempre acaba oliendo a mierda. Ya sabes, la gente no puede controlar sus esfínteres y todo ese gas acaba por impregnar nariz, ropa y alma. - No creo que haya tanto cerdo por ahí. - Quizá no lo haya. Basta con uno para llenar de olor a mierda un vagón entero de metro. En verano ocurre con el sudor podrido de los que no se lavan, o no lavan su ropa. - Eres tan delicado. - Sí, joder, con los años me estoy volviendo un ser exquisito y, por tanto, intolerante. - Poca gente presume de su intolerancia. - Es porque estamos agilipollados por lo políticamente correcto. Joder, la mayoría no tragamos a la mayoría, así que ¿para qué mentir? - Te quiero. - A veces también te quiero. - ¿A veces? - Claro, y tú a mí. Nadie quiere todo el tiempo, sería enfermizo. - Hum, eres raro. - De cojones.
El cielo se mueve a toda hostia sobre sus cabezas. Nubes y claros alternan ráfagas de luz deslumbrante y amagos de chubasco. El viento es cada vez más frío porque en las cumbres de la sierra ya han caído los primeros copos. Los ojetes de los amantes se contraen cuando sopla fuerte y cortante. Somos moléculas compuestas por átomos que en sí mismos son sistemas mucho más complejos de lo que nos enseñaron en el cole. Somos universos andantes. Cualquiera de nuestras evacuaciones tiene más sentido que toda la historia del siglo pasado.
- Me gustaría que socializases más. Que te relacionases con la gente. Deberías salir. Ir a conciertos, exposiciones, teatro, performances... - A mí me gustaría estar muerto tras haber conquistado y quemado el territorio enemigo. Tras haber violado a sus mujeres. - No te creo. En realidad eres un alma sensible. Dices barbaridades como forma de sarcasmo extremo. - Es posible. Ahora mismo creo que estás necesitando una buena ración de rabo y cinturón. - ¿Qué? - Ya sabes, te estás portando mal tocándome los cojones, así que voy a ponerte sobre mis rodillas y te voy a calentar el culo con mi cinturón de piel de cerdo. Luego quizá te folle o quizá te obligue a chupármela hasta correrme entre tus babas y tus vómitos. - Eres tan seductor... - Sí, joder, soy lo que se dice un alma sensible. - Tan arrogante en tu subnormalidad. - Si, niña, me vuelvo subnormal perdido pensando en tus lágrimas de dolorosa pasión. - Entonces hay poco que añadir. - Más bien nada.
Se levantan con calma mientras la nube de turno deja caer algunas gotas sobre la realidad. Cuando llevan unos 10 pasos se cogen de la mano rumbo al piso sur. Allí cada cual tendrá lo que se ha ganado a pulso. El otoño es la estación más romántica del año. Nada como encerrarse en las mazmorras del conocimiento mientras la temperatura exterior cae en picado. Nada como relacionarse con extraños más trastornados que uno mismo.
Mientras Flexo y Monitor luchan por la hegemonía de la luz que ilumina esta habitación yo sigo apalancado en la silla desde la que te escribo. El amanecer es complicado porque se mueve a una velocidad indefinida. Es imposible apreciarlo al madrugar rumbo al curro. No se puede comprender esa lenta desgana de luz cuando hay otras cosas que hacer, pero te aseguro que merece la pena disfrutar del sol naciente cuando se convierte en evidencia y derrota a partes iguales.
Desde el fondo del piso sur adivino la hora que será por las variaciones cromáticas del cielo que las ventanas me muestran. Podría estar enfermo. Podría haber pillado la gripe o estar indispuesto por un ataque de resaca. Sin embargo, lo único que ha ocurrido ha sido una sucesión ininterrumpida de música, vino y humo. Digamos que el arte justificará mi absentismo laboral. Digamos que perdí una noche recordándote y al que no le guste que se joda. Y el que no lo entienda que regrese al colegio o al sanatorio.
Flexo y Monitor están apagándose por culpa de la fuente lumínica que inunda el exterior con colores ajenos a mi horizonte de cemento y nada. Enciendo un nuevo Camel apurando el aire viciado mientras suenan los despertadores vecinos y las cañerías se estremecen por la sobrecarga fecal de primeras horas de la mañana. Agarro mis cojones un momento, sólo para asegurarme de que siguen ahí, y salto de la silla con la intención de capturar parte de esto para ti. Estaría bien regalarte una luz especial en estos días mortecinos. Estaría bien descubrir que la ciudad, pese a todo, tiene su punto sensible y homicida. El estabilizador de imagen hace su trabajo y ojalá todo fuera tan fácil como vampirizar orgías de luz en medio de este silencio matizado por autobuses saturados de tristeza.
Estamos de amanecida, como se decía en las novelas viejas, en las buenas películas que nunca más se hicieron. Estamos en plena amanecida, gritan Flexo y Monitor mientras Polla se pone un poco dura porque tendría que ir a mear, oh dulce furcia desaparecida por los accidentes del espacio-tiempo. Oh, jodida puta malcriada y culpable de mil suicidios. Me costará hectáreas de creatividad renunciar a estas horas intempestivas, pero cuando llegue el frío las facturas de gas y luz me recordarán que siempre estuve solo. Pero cuando llegue la oscuridad de la navidad mi mechero ardiente se elevará al viento como única estrella indicadora de esa nada absoluta sobre la que derramar mi semen masturbado.
Arde ya el sol de las 8 de la mañana mientras Flexo y Monitor me susurran que no. Que no es posible. Que es mentira. Que esta luz ya la vimos en agosto cuando esperábamos el retorno de Hada. Que aquella era exactamente la misma tonalidad entre leche y base de fuego. Que la imagen nos permitía predecir los 38 grados del mediodía.
Pero luego pasó el tiempo y el verano se fundió en otoño y el frío llegó tímido como sin llegar y ella ya nunca regresó del reino de su propia estupidez. Pero viendo esta luz no me importaría retornar 90 días en el tiempo para tener la ventana abierta, los mosquitos zumbando, la polla dura y el cuerpo desnudo. Quizá la mayor velocidad imaginable no sea la de la luz sino la del pensamiento.
Esto parece haber llegado a su fin, y tú ya no estás, y tú quizá no estuviste nunca aunque por suerte Flexo y Monitor son reales. Iluminan la estancia desde la que te odio y añoro. Son la quintaesencia de estas pajas mentales para celebrar la salida de un sol que jamás defrauda, que nunca tiene los cojones de quedarse dormido bajo la línea del horizonte. Desde el fondo del piso sur tengo la certeza de tu no existencia. Ahora sé que jamás fuiste real. La imaginación gasta bromas pesadas y la red las multiplica. El miedo y la estupidez se encargan del resto. Te amo porque nunca conoceré a nadie como tú. Porque nunca nada me invadirá de un modo tan brutal. Te odio porque ya no estás. Porque fuiste cobarde y estúpida. Porque no fuiste capaz de romper la piojosa cadena informática de la que siempre serás una esclava de serie B.
Sólo me quedan dos opciones, la añoranza y el desprecio. Supongo que me conoces. Estoy seguro de que ya adivinaste cuál fue mi decisión.
______ Imagen: Southmac (se titula "teclado iluminado por flexo en perspectiva extraña") Sonido: Black Seeds On Virgin Soil (Old Man's Child)
- El clima está cambiando, dijo Ramón a Lorena cuando la película acabó a eso de las 2 de la mañana de un 31 de octubre. - Nah, respondió ella. Todo es un montaje ecologista. - Pero niña, cómo puedes decir eso estando como estamos desnudos con la ventana abierta en la víspera del día de todos los muertos. Soy más viejo que tú y te aseguro que en 3 décadas jamás había hecho este calor. - Te equivocas. Hay un pueblo de León de esos que se usan como referente meteorológico donde en el 47 (del siglo pasado) hubo un octubre con temperaturas similares a estas. - Bueno, nos vamos más allá de 6 décadas y el clima es cíclico, desde luego, pero los polos, joder, los polos nunca habían estado tan deshelados como ahora. - Pero en el 47 hubo 24 grados un 31 de octubre en plena meseta-norte. - Supongo que ese es vuestro argumento. Recurrir a un pasado en el que vete a saber cómo se harían las mediciones. - No, perdona. Ese es tu argumento. Las columnas de mercurio miden la temperatura perfectamente desde hace siglos. - Sí, las columnas de mercurio son muy viejas, pero menos que las pequeñas divisiones en el cristal por el que se deslizan. - Eres un viejo hippy bastardo. - Joder, no soy ninguna de las tres cosas. - Ya, en realidad no lo eres pero me gusta joderte dialécticamente. - Siempre es un placer joder al que se ama. - No estoy tan segura.
Pausa para los cigarrillos y la simple contemplación de un cielo obscenamente raso.
- Mierda y joder, Lubitsch nunca decepciona. - Y más después de haber visto Ninotchka. - No importa la peli que sea. Siempre es posible encontrar esa poética en cada uno de sus planos. - A veces pienso que vivimos al margen de la realidad. - Bueno, no estamos pavimentando aceras para volverlas a destruir tras un par de meses. Creo que tenemos suerte. - Quizá tengas razón. Una buena película con su vino pueden ser casi como la felicidad más allá de paranoias. - Es más que probable. - A lo mejor nunca hubo dioses... - No suelo cuestionarme gilipolleces, pero comparto la duda contigo. - Hum, sí, sí, después de todo creo que veo por dónde vas. Algo así como tras los restos de sol atardecido de este Cariñena que nos acabamos de trincar durante la peli. - Algo así, mi niña. - Tanta felicidad puede ser una trampa, y ni soy de nadie ni soy niña, cabrón. - ¿A qué te refieres? - A todo. Al cine, al vino, al pique por el no cambio climático. A tu obsesión por joderme desde una perspectiva sadomasoquista. - Me gusta que seas de la estirpe de esos cretinos que seguirán creyendo en la estabilidad de las mareas pase lo que pase. Me gusta que te pongas en plan putita caliente polemista. - No me hieres. No me ofendes. No puedes hacerlo. - Pero sí puedo darte por el culo sin erotismo. - Eso sería violación. - Bueno, siempre que hubiera algo que violar. - Hijo de puta. - No, hija de puta la hija de tu madre. - Jajjajaja, eres bueno, cabrón. - Siempre he sido una excelente persona.
Pausa para los cigarrillos y la simple contemplación de un cielo todavía no amanecido.
- Mira, en esta habitación están los cadáveres de mis ex-amantes. - Es mentira. No hay nada. Sólo una vieja tele y una cama grande. En el armario empotrado sólo veo camisas y pantalones. - Bueno, sólo somos metáforas convertidas en palabra y gesto. Sólo somos la gráfica tridimensional de una idea. - A mí me ponían tus instintos homicidas. - Y quizá los tenga, pero no ahora. - Ya, ya. Vaya fraude el Impresentable. - No podemos fiarnos de nada en estos tiempos, jajaja. - Payaso. - ¿Cómo? - Tarado. - ¿Pero de qué vas? - Eunuco. - No, joder, todavía no. - Bastardo. - Eso nunca se sabe, pero creo que estás agotando mi paciencia. - Ohhhhh, no me digas. He colmado la paciencia del Impresentable. ¿Y qué vas a hacer ahora, pelele? - Tan sólo seguir la lógica de la vieja cadena acción-reacción.
Horas después amaneció en el oscuro piso orientado al norte. Los rayos del sol no podían ni atravesar las nubes ni vulnerar las pesadas cortinas que iluminaban nuestro escenario. Horas después ella despertó entre náuseas y frío, porque pese a las máximas anómalas las noches todavía se empeñaban en seguir la lógica estacional. La influencia del cloroformo era otro factor nada desdeñable.
Pausa para los cigarrillos y la simple contemplación de la locura haciéndonos más y más humanos.
- ¿Por qué me has atado a las cuatro patas de la cama? ¿Por qué me has narcotizado, cabrón? - Digamos que se trata de una forma de comunicación. - Pero ahora podría gritar. Podría alertar a tus vecinos y a la policía. - Sí, claro. Podrías intentarlo y entonces tendría que meterte esta vieja pelota de goma en la boca para silenciar el caos, aunque prefiero no hacerlo hasta que no sea estrictamente necesario. - Entonces era verdad lo que contaban por ahí. - ¿El qué? - Que estabas loco. Que eras un puto psicópata. - No, al contrario. Todo eso eran infundios y bastardías, pero a fuerza de releerlos acabé por tomar consciencia de nuevas posibilidades. - Me estás diciendo que estoy aquí por culpa de ¡Fulana! - Sí, claro. Y también por culpa de ¡Mengana!, y por culpa de nadie. No hay detonantes para el azar de los acontecimientos. - Eres tan cabrón... - Quizá lo sea. Pero ahora te toca mover. No quiero hacerte daño por muy solemne que me haya puesto la música y el contexto. No quiero joderte sin aquiescencia. - Déjate de gilipolleces. No puedo moverme. Estoy en tus manos, o mejor, bajo ellas. Si quieres joderme lo vas a hacer por mucho que me niegue. - La verdad es que podría hacerlo. Podría joderte bien. Podría beber tu sangre, morder tus músculos y penetrar tus cavidades, pero sería demasiado evidente, demasiado cinematográfico. - Oh, joder, estás peor de lo que imaginaba. Si no quieres machacarme al estilo narrativo tradicional, ¿qué cojones es lo que buscas? - ¿Quieres que sea sincero? - ¿Puedo escoger?
Pausa para los cigarrillos y la simple contemplación de la sangre tiñendo el nuevo día.
- En realidad no lo sé. No tengo ni puta idea. Siento cosas, claro, pero no puedo concretarlas. Estoy programado. Soy consciente de las consecuencias, aspecto nada psicopático, y a la vez tengo la impresión de que no quiero que sufras más de lo necesario. - Estoy condenada entonces... - No, para nada. Pero ya que ni voy a beber tu sangre ni voy a copularte con resistencia. Ya que ni voy a estrangular tu garganta ni voy a romper tu culo, al menos discúlpate. - ¿Que me disculpe? ¿Pero de qué? - ¿Recuerdas al payaso, tarado y eunuco? - Ehm, sip. Un poco... - Pues de eso tienes que disculparte, jodida zorra. - Hum, de acuerdo. Lo siento. Todo es relativo, como tú dices siempre, así que espero que admitas mi disculpa también relativa sobre las barbaridades relativas que te solté hace un rato. - Vale. Disculpas aceptadas. Click (correas cediendo, ataduras desatándose). Click. Click. Click.
Pausa para los cigarrillos y tomar aliento ante la carencia de drama dentro del drama.
Bar El Cuervo Castrado. 12:00 horas. Corre el vino y en algunos casos la cerveza. También hay licores limitados a 2 ó 3 contertulios. Es la crisis. Antes todo dios iba de aguardientes quizá rebajados con agua o refresco de cola y limón. Ahora la peña sólo bebe cosas por debajo de los 20 grados. Ramón y Lorena están en la barra. Había dos taburetes libres. La vieja que atiende les sonríe con satisfacción. Son jóvenes. Son atractivos. Probablemente estén disfrutando de las primeras satisfacciones copulares. Ramón tiene una gran polla, seguro. Lorena es una putita humedecida desde el seno materno, casi seguro. Vaya par de apuestas para el futuro de la gran nación manchega. Vaya par de fichajes de puta madre. Ambos sonríen. Ambos parecen sentirse cómodos en este vértigo otoñal de 2009.
- Al fin y al cabo todo es tan fácil que dan ganas de vomitar, dijo Ramón a Lorena cuando la vieja rellenó los vasos. - No, joder. En todo caso nos cagaríamos antes de pura indigestión. - Hum, cólones limpios para sexo anal sucio. - Jajaja, no necesariamente, pero quizá. - Somos putas incógnitas en movimiento y me encanta quererte de este modo. - Entonces bésame, pero no me ates ni narcotices fuera de contexto, jodido tarado. - Ok.
Y se besaron y no hubo más ataduras y estaban locos y los polos se fundieron y tú moriste pero no yo. Así de fácil. Así de cojonudo. Así de violento y climático.
______ Imagen: Thomask6883 Sonido: Veil of darkness (Nox Arcana)